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Garbanzos con calamares: un guiso breve que mejora con el paso de las horas

La combinación de legumbres y mariscos no exige largas horas de cocción: con garbanzos ya cocidos, calamares y un sofrito clásico se obtiene un plato de cuchara en alrededor de veinte minutos, cuya textura y sabor se consolidan al repetir el calentamiento.

GP
Gustavo PeraltaCampo y agroindustria · 10 DE SEPT DE 2026 · lectura 2 min

La convivencia de legumbres con mariscos arrastra una fama injustificada de preparación larga y técnicamente exigente. La realidad, en cambio, admite una versión doméstica y breve: con garbanzos ya cocidos en conserva, calamares limpios y un fondo de cebolla, ajo y tomate, el tiempo activo frente a la hornalla se reduce a unos veinte minutos, sin resignar profundidad aromática ni capacidad de saciedad.

Una construcción de pasos cortos

  • Sofreír cebolla picada y ajo en aceite a fuego medio hasta que transparenten, sumar tomate y cocinar hasta que el conjunto se concentre y pierda el agua vegetal.
  • Incorporar los calamares cortados en aros o en trozos y saltearlos apenas hasta que tomen color, sin excederse para evitar que se endurezcan.
  • Sumar los garbanzos escurridos y cubrir con caldo de pescado, que puede ser casero o adquirido en tetrabrik, dejando hervir el conjunto solo unos minutos hasta integrar los sabores.

El hervor final, de pocos minutos, cumple una función doble: amalgamar el caldo con la legumbre y terminar la cocción del cefalópodo, que por su textura corta no admite tiempos largos. El resultado se aleja del clásico guiso caldoso y se acerca a un salteado húmedo, con poco líquido y marcada presencia de los sólidos.

Una ventaja ligada al reposo

Como ocurre con varios platos de legumbres, la preparación mejora después de un período de reposo. Al recalentarse, los garbanzos absorben parte del caldo y los sabores del sofrito y del marisco se asientan, de modo que comerlo al día siguiente suele ofrecer un resultado más redondo que en el momento de cocción. En recipientes herméticos la conservación es estable y la textura no se deteriora al volver al fuego, una característica que lo convierte en candidato firme para llevar al trabajo como vianda.

Variantes con otros cefalópodos

El calamar no es la única opción disponible para esta fórmula. La sepia, de carne más firme y sabor ligeramente más intenso, admite la misma técnica y tolera tiempos de cocción algo mayores sin perder terneza. Los chipirones, por su tamaño reducido, se cocinan en menor tiempo y conviene retirarlos del fuego en cuanto cambian de color, ya que el exceso de calor los vuelve gomosos. Cualquiera de las tres variantes conduce a un plato de estructura equivalente, con cambios acotados a la textura y al matiz del sabor marino.

Desde el punto de vista nutricional, la combinación aporta proteína vegetal de la legumbre junto con proteína magra del marisco y un contenido graso bajo, siempre que se controle la cantidad de aceite del sofrito. Por esa composición se ubica entre las preparaciones más equilibradas del repertorio de cocina mediterránea, con la ventaja adicional de no requerir habilidades culinarias avanzadas ni equipamiento particular más allá de una sartén amplia o una olla baja.

GP
Gustavo PeraltaCampo y agroindustria

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