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MIÉ, 09 SEPT 2026
Vida

Aftas bucales: cuando una llaga en la boca es solo una molestia pasajera y cuando enciende una alerta

Las úlceras orales son frecuentes y, en la enorme mayoría de los casos, se curan solas en pocos días. Repetirlas sin pausa, agrandarlas o sumarle fiebre y decaimiento cambia el escenario: ahí conviene consultar, porque pueden ser la punta visible de algo más serio.

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Renata KowalskiSociedad · 9 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

A primera vista parece un tema menor. Una llaga en la boca, un poco de ardor al comer, la molestia cada vez que el diente roza justo ahí. La mayoría de las veces, en efecto, lo es. Pero hay un punto en el que esa pequeña úlcera deja de ser una nuisance pasajera y empieza a contar otra historia, y entonces conviene prestarle atención. Las aftas —esas lesiones con centro blanquecino o amarillento y borde enrojecido que aparecen en la cara interna de las mejillas, bajo la lengua, en las encías, en el paladar blando o en el interior de los labios— son muchísimo más comunes de lo que uno imagina, y mucho menos inocentes de lo que aparentan cuando se empecinan en volver.

Para dimensionarlo conviene distinguir tres formas. La afta menor, la más frecuente, es chica, redondeada y suele irse sola en una o dos semanas sin dejar marca. La afta mayor, más rara, es más profunda, más dolorosa y puede tardar hasta seis semanas en cicatrizar. Y está la variante herpetiforme, un nombre confuso porque nada tiene que ver con el herpes: son muchas ulceraciones chiquitas que tienden a agruparse. Ninguna se contagia, y a diferencia del herpes labial nunca aparece sobre la superficie externa del labio.

Las causas que están detrás

El menú de desencadenantes es más amplio de lo que uno suele imaginar. Los traumatismos locales —morderse la mejilla, un cepillado demasiado enérgico, el roce con un bracket o con una prótesis mal calibrada, una quemadura con el café recién servido— son los disparadores clásicos. El estrés, el cansancio y los cambios hormonales asociados al ciclo menstrual o al embarazo también aparecen en la lista negra de quienes las sufren en forma recurrente.

Del lado de la alimentación, la literatura viene acumulando evidencia sobre un puñado de carencias que se repiten en los pacientes con aftas que no dan tregua. Hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D. Un metaanálisis publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health encontró que las personas con aftas recurrentes registraban con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro medidas por ferritina y niveles reducidos de hemoglobina. Los propios autores aclararon que esa asociación estadística no prueba una relación causa-efecto y que, para varios indicadores, la evidencia disponible sigue siendo limitada.

Cuando la afta es la punta del iceberg

Hasta acá, una molestia. El escenario cambia cuando las lesiones son múltiples, no se van o reaparecen cada pocas semanas. Ahí la afta puede ser la cara visible de algo que está pasando más adentro: celiaquía, enfermedad de Crohn, lupus, enfermedad de Behçet, artritis reactiva, infecciones virales, bacterianas o fúngicas y cuadros de inmunidad debilitada, incluido el VIH/sida. La lista no es para asustar —la gran mayoría de las aftas no anuncia nada de esto— sino para entender por qué la repetición importa y por qué el cuerpo a veces termina hablando por la boca.

Señales para no dejarlo pasar

  • Una llaga que persiste más de dos o tres semanas sin mejorar.
  • Lesiones que reaparecen con frecuencia o que aparecen en cantidad inusual.
  • Aumento del tamaño o profundidad de la úlcera respecto de episodios previos.
  • Dolor intenso que impide comer, beber o hablar con normalidad.
  • Fiebre, decaimiento marcado o aparición simultánea de lesiones en otras partes del cuerpo.

Volviendo a la primera imagen, la de esa llaga que uno mira con fastidio mientras come, la regla práctica termina siendo bastante simple: si es chica, única y se va en una o dos semanas, alcanza con tener paciencia, evitar los alimentos muy ácidos o picantes y cuidar la higiene bucal sin sobreactuar. Si en cambio se queda, vuelve a aparecer o viene acompañada de síntomas generales, la consulta con un profesional deja de ser optativa. En esa decisión temprana suele estar la diferencia entre un trámite y un problema. La boca, después de todo, también habla de lo que pasa más adentro.

RK

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