Siete cenas, un solo cerebro en llamas: el menú semanal que nadie pidió pero todos necesitamos
Tortilla, arroz con pollo, bifes a la criolla y una galette que no necesita molde. Una recorrida sin vueltas por el planning del 5 al 11 de octubre, con consejos que sí sirven y alguno que otro suspiro.
Aceptémoslo: planificar qué se come toda la semana es el equivalente gastronómico de armar el placard un domingo a las once de la noche. Nadie quiere, pero alguien tiene que hacerlo. Y este menú del 5 al 11 de octubre viene a salvarnos la vida, o al menos a evitarnos esa cara de pánico frente a la heladera abierta a las nueve de la noche, cuando ya comiste tres tapas de queso crema y seguís sin tener idea de qué cenar.
La propuesta es bastante sensata: alterna carnes, verduras, huevos y pastas, y deja para el final un postre rústico, sin moldes ni ceremonias. Traducido: se puede cocinar sin pedirle nada raro al almacenero del barrio ni hipotecar la tarjeta en el chino de la esquina.
El reparto de la semana, plato por plato
- Huevos revueltos con tomate: el comodín de cualquier horario, sirven para el desayuno, el almuerzo o esa cena en la que no pensaste en nadie.
- Bifes a la criolla: la opción noble, en una sola cacerola o con la carne a la plancha si te sentís fashions.
- Tarta de brócoli: con masa casera, comprada, criolla o de hojaldre, que para eso están los atajos.
- Arroz con pollo: clásico de domingo, con la orden tajante de dejarlo reposar unos minutos antes de servir.
- Tortilla de papa con chorizo colorado: el plato fuerte de la semana, y el que más exige estar parado en la cocina.
- Pastas con salsa scarparo: para el día que llegás reventado y solo querés algo rendidor.
- Entraña a la parrilla: corte delgado, cocción corta, membrana a gusto del consumidor.
Vamos por partes, como diría un cirujano (o mi tía cuando le preguntan por la receta). Los huevos revueltos con tomate son el típico plato que parece una pavada y termina salvándote la jornada: llevan arroz al lado, una tostada integral si te hiciste la revolución healthy, y listo. La tarta de brócoli, en tanto, admite cualquier masa que tengas a mano, que es básicamente la ley de la tarta argentina: lo que haya, vale.
La tortilla: una clase de paciencia
Acá es donde el menú se pone serio. La tortilla de papa con chorizo colorado exige, ojo, cortar las papas parejas (cubos, láminas o bastones, lo que te dé el humor), cocinarlas antes y, si va con cebolla, también pasarla por la sartén antes de sumarla. Los huevos se baten hasta que claras y yemas se hagan amigas, y para dar vuelta la preparación hacen falta dos cosas: una sartén antiadherente y un plato o fuente más grande que la sartén. Si no tenés lo segundo, pedíselo al vecino o aprendé a comer tortilla rota. Con chorizo colorado, la cosa escala: queda bien como plato principal o en porciones para compartir, que es la forma elegante de decir "no cocino dos veces".
Los bifes a la criolla van en una cacerola con las verduras o, si uno está con el ego arriba, la carne a la plancha. El arroz con pollo pide a gritos que se respete el reposo: dejalo unos minutos después de cocinarlo, así el arroz toma el caldo y se transforma en comida y no en unaración de arroz triste. La entraña, mientras tanto, se cocina rápido y la membrana queda a criterio (yo la saco, pero cada quien cocina su drama). Y las pastas con salsa scarparo, para los que no la ubican: lleva ajo, perejil y un poco de crema. Simple, como debe ser.
El postre sin moldes ni paciencia
Para el cierre dulce, la galette de arándanos y almendras llega como una tarta rústica cocinada sobre una placa con papel manteca. La masa lleva harina integral, el relleno mezcla arándanos con almendras, y el resultado es esa cosa desprolija y hermosa que parece sacada de una cafetería de Palermo pero se hace en casa, con las manos y un poco de harina en la mesada.
Mi recomendación, si es que me dejan darla: arrancar el lunes con los huevos revueltos para entrar liviano, guardar la tortilla para el día que tengas más energía (o más hambre) y cerrar la semana con la entraña y la galette. El domingo, si sobra algo, se repite. Así funciona esto, nos guste o no. Y ahora sí: a comprar lo que falte antes de que el súper se llene.
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