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VIE, 04 SEPT 2026
Turismo

Cazar al puma con la vista: una aventura de tres días en la estepa santacruceña

Salir antes del amanecer, leer huellas en la nieve y quedarse quieto hasta que aparezca el felino más grande de la Patagonia. Desde Perito Moreno, un puñado de guías locales ofrece expediciones de rastreo en pleno invierno. Te contamos cómo se viven, qué señales buscan y qué otros animales te pueden cruzar en el camino.

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Tomás Aguirre CornejoTecnología · 4 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

¿Te imaginas pasar tres días persiguiendo con la vista a un puma por la estepa patagónica, con el termómetro bajo cero y la nieve hasta las rodillas? Eso es exactamente lo que ofrecen desde hace un tiempo las excursiones que salen de Perito Moreno, una ciudad chica de Santa Cruz parada en el cruce de la ruta nacional 40 y la provincial 43, en el departamento Lago Buenos Aires. Es el punto de partida para una experiencia que no es un safari africano ni un zoológico a cielo abierto: es, sobre todo, una clase de paciencia y lectura del terreno.

Cómo arranca la búsqueda

Las salidas son de tres días y empiezan de madrugada, antes de que salga el sol. El objetivo: recorrer sectores cercanos a campos privados y al Parque Patagonia Argentina, una reserva que funciona como una gran caja de sorpresas para la fauna. ¿Por qué en invierno? Porque el clima, que parece una excusa para quedarse en casa, termina siendo el mejor aliado del rastreador. La nieve deja las huellas marcadas como si fueran dibujadas con fibrón, y eso simplifica mucho el trabajo.

El puma, aclaremos, no es un gato cualquiera. Es el felino más grande de la región y, a diferencia de los grandes felinos de África o Asia, no ruge: se comunica con ronroneos, gruñidos y silbidos, casi como el minino de tu casa pero en versión estepa. Un macho adulto pesa entre 55 y 80 kilos; una hembra, entre 30 y 60. Puede saltar hasta cinco metros en vertical y más de diez en horizontal, una locura si lo pensás como si fuera un atleta olímpico con garras retráctiles. Es solitario, territorial y, sobre todo, de hábitos crepusculares y nocturnos: de día prefiere descansar y evitar a los visitantes.

Las cuatro señales que leen los guías

  • Agitación de guanacos y choiques: cuando los herbívoros se ponen nerviosos y se mueven de golpe, algo grande anda cerca.
  • Huellas en la nieve: la marca es redondeada, con una almohadilla en forma de pentágono y sin marcas de uñas, porque el puma las retrae al caminar, como un buen gato doméstico.
  • Vuelo de caranchos o cóndores que bajan a un punto puntual: muchas veces marcan dónde quedó una presa.
  • Restos de presas, generalmente guanacos o liebres tapados con tierra o vegetación, señal de que el puma volvió a comer.

Cuando aparece alguna de esas pistas, el grupo se detiene y trabaja con binoculares desde posiciones elevadas, sin acercarse. La idea es mirar sin molestar. El avistaje, aclaran los operadores locales, no está garantizado: podés volver con tres días de caminata bajo cero y haber visto solo guanacos y zorros. Pero el proceso, dicen, vale por sí mismo.

No todo es el puma: la fauna que te puede cruzar

En el recorrido la estepa regala otros encuentros. Vas a ver guanacos en manada, zorros colorado y gris, piche patagónico, zorrino, y arriba, en el cielo, cóndores andinos, choiques y hasta flamencos en las lagunas cercanas. En toda el área se registran más de 120 especies de aves, un número que sorprende para un paisaje que, a primera vista, parece vacío. El puma cumple un rol clave en ese ecosistema: es el depredador tope que regula las poblaciones de herbívoros. Sin él, los guanacos y las liebres se multiplicarían hasta colapsar el pastizal.

Qué cambia para el visitante

Para el que vive en Buenos Aires, Rosario o cualquier ciudad grande, la experiencia implica un cambio de chip total. El paisaje es otra cosa: nieve hasta las rodillas, hielo en el asfalto y temperaturas bajo cero que te obligan a vestirte por capas, como una cebolla patagónica. Desde Perito Moreno, además, se pueden combinar excursiones a otros atractivos cercanos: el pueblo de Los Antiguos, a pocos kilómetros, famoso por sus cerezas y frutillas gracias a un microclima de valle, y al sur el Parque Provincial Cueva de las Manos, patrimonio arqueológico con pinturas de más de nueve mil años. Es decir, la base sirve para armar una semana entera de turismo de naturaleza en el noroeste de Santa Cruz, con el puma como plato principal pero no único.

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