Humboldt, el basset hound que se ganó un lugar en los bosques de la Patagonia rastreando fauna invisible
Junto a Alex Tersoglio y su hija Kenia, el perro colabora de manera voluntaria con científicos y guardaparques de varios parques nacionales. Su olfato detecta rastros de huillín, huemul, puma y hasta especies invasoras como el visón.
En medio del bosque patagónico, Humboldt puede detenerse de golpe, clavar la nariz en un punto donde a simple vista no parece haber nada y después buscar con la mirada a Alex Tersoglio. Esa señal silenciosa es más que suficiente: el basset hound de dos años acaba de encontrar lo que todo el equipo estaba buscando. Lo que a una persona se le escaparía sin remedio, a él le llega en forma de pequeñas moléculas de olor suspendidas en el aire o pegadas a una rama, a una piedra, a un charco. Humboldt vive en Villa La Angostura, pero su trabajo lo lleva cada vez más lejos, a rincones del Nahuel Huapi, del Lanín y, si todo sale como esperan, también del Alerces.
Un equipo chico, un trabajo enorme
Yo llegué hasta esta historia de la manera más inesperada: me crucé con el nombre del perro en una conversación sobre conservación y, antes de darme cuenta, ya estaba pidiéndole a Alex que me contara cómo era, en la práctica, salir al campo con un basset hound criado para cazar liebres y terminar usándolo para encontrar fauna silvestre. Alex tiene 52 años y habla del animal con una mezcla de orgullo y paciencia muy cuidada. Me insiste en que nada de esto sería posible sin Kenia, su hija, que es quien sostiene el vínculo cotidiano con Humboldt, lo entrena, lo cuida y lo acompaña en cada salida.
Los tres forman un equipo que trabaja de manera totalmente voluntaria con investigadores, científicos y guardaparques de distintos parques nacionales de la Patagonia. No cobran por hacerlo, no responden a una institución específica y, aun así, sus recorridas se convirtieron en una herramienta concreta para los proyectos de conservación que monitorean especies que, en muchos casos, están en peligro o directamente desapareciendo del paisaje.
Qué hace un perro detector en el bosque
La clave está en el olfato y en cómo Humboldt lo traduce en una señal que su compañero humano pueda leer sin ambigüedad. Alex me lo explicó así, con la calma de quien repite la lección hasta que queda clara: el animal está entrenado para detectar rastros de fauna silvestre sin necesidad de ver al animal. Reconoce pequeñas moléculas de olor provenientes de materia fecal que pasarían inadvertidas para cualquier persona, lo que convierte cada recorrida de campo en una búsqueda mucho más rápida y precisa. Entre las especies que rastrea figuran el huillín, el huemul, el gato huiña, el gato montés y el puma. También colabora en la detección de especies invasoras como el visón.
- La marcación de Humboldt es pasiva: cuando encuentra lo que busca, se sienta, apunta con la nariz y sostiene contacto visual con Alex.
- Si el punto exacto es difícil de identificar, recibe la orden "show me" y vuelve a acercar el hocico al lugar preciso.
- En terrenos con piedras o espinas donde no puede sentarse, permanece parado e inmóvil y repite el gesto visual.
- El objetivo de cada gesto es siempre el mismo: que el guía humano entienda dónde está el hallazgo sin tener que adivinar.
Parques, proyectos y un desafío inesperado
El trabajo actual del equipo incluye proyectos del Parque Nacional Nahuel Huapi para proteger al huillín, investigaciones sobre carnívoros como el gato huiña, el gato montés y el puma, y tareas vinculadas al Parque Nacional Lanín. También hay contactos avanzados con el Parque Nacional Los Alerces, donde existe interés en sumar a Humboldt a trabajos sobre huemul y huillín. Pero el desafío más reciente es, paradojalmente, el más pequeño de todos. Alex me contó que Humboldt está siendo entrenado para detectar un parásito que afecta a peces nativos de la región. La idea es comprobar primero si puede reconocer su presencia en el agua y, más adelante, si logra identificarlo dentro del propio caracol que lo aloja. Si lo consigue, su olfato podría ahorrarles a los investigadores horas y horas de trabajo de laboratorio.
Cuando le pregunté a Alex qué siente cada vez que ve a Humboldt sentarse en medio del bosque y mirarlo fijo, se tomó un segundo antes de contestar. Me dijo que es un momento raro, íntimo, en el que uno se da cuenta de que está compartiendo algo con un animal que la mayoría de la gente nunca va a entender. Después agregó algo que me quedó dando vueltas: este trabajo es, en parte, la continuidad de una historia que empezó con Darwin, un perro anterior de la misma familia que participó en investigaciones similares hasta su muerte. Humboldt no reemplazó a Darwin; más bien parece haber tomado la posta en una tarea que, a esta altura, ya tiene nombre propio dentro de los parques de la Patagonia.
Me fui del encuentro con la sensación de haberme cruzado con un equipo chico en tamaño pero enorme en lo que hace. Humboldt, Alex y Kenia siguen saliendo al bosque con su olfato afinado, sus señales silenciosas y su compromiso a pura voluntad, mientras los científicos aprovechan un dato que ningún instrumento convencional les puede dar con tanta facilidad. En la próxima recorrida, seguramente, alguien va a ver a un basset hound detenerse en medio del sendero, fijar la mirada en su guía y señalar, sin ladrar, que hay algo importante escondido ahí. Y ahí va a estar la noticia.
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