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LUN, 07 SEPT 2026
Economía

El turismo receptivo alcanza en el primer semestre su marca más alta en un cuarto de siglo, con un perfil de viajero de mayor gasto y procedencia lejana

En los primeros siete meses del año ingresaron 3,4 millones de visitantes del exterior, un 8% más que en igual período de 2025. El segmento no limítrofe marcó un récord de 25 años, mientras la vía aérea creció 19% y los ingresos terrestres retrocedieron 4%.

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Verónica IribarrenEconomía · 7 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

El turismo internacional receptivo de la Argentina acumuló en los primeros siete meses del año un total de 3,4 millones de visitantes extranjeros, lo que representa un incremento del 8% respecto del mismo período de 2025 y confirma una tendencia que los operadores del sector venían observando desde principios de año. En julio, el ingreso de viajeros no residentes creció 9% en la comparación interanual, de acuerdo con las cifras que manejan la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), a través de su Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas, y los registros oficiales que relevan Aeropuertos Argentina 2000 y la Dirección Nacional de Migraciones.

El segmento no limítrofe, en niveles récords

Vamos a los números. El dato más relevante del semestre corresponde a los turistas provenientes de países no limítrofes: 1.434.001 personas ingresaron entre enero y junio, una cifra que supera el registro de 2019 y que constituye el valor más alto de los últimos 25 años. Se trata de un punto de inflexión relevante, porque hasta ahora el crecimiento del turismo receptivo se explicaba principalmente por el flujo de visitantes regionales que aprovechaban la diferencia cambiaria con el peso.

La composición del flujo cambió de manera significativa. Los ingresos por vía aérea subieron 19% interanual en los primeros siete meses, mientras que los viajes terrestres cayeron 4% en el mismo período. Esta reconfiguración del perfil del visitante se asocia con dos factores: por un lado, un tipo de cambio real relativamente bajo que reduce el atractivo de la Argentina como destino de compras para los turistas de países vecinos; por el otro, una mayor oferta de conectividad aérea internacional, con nuevas rutas, frecuencias y aerolíneas que facilitan el arribo de viajeros desde mercados de larga distancia.

“El tipo de cambio, relativamente bajo, hace que el turismo que venía esencialmente por una ventaja de precios se contraiga. Lo que vemos es un recambio: cae el visitante regional de gasto medio y crece el turista internacional con mayor estadía y mayor capacidad de consumo.”Marcos Cohen Arazi, investigador del Ieral

La presidente de la Asociación de Hoteles de Turismo (AHT), Gabriela Ferucci, identificó dos factores adicionales que motorizaron el crecimiento: el aumento de la oferta de asientos en vuelos internacionales hacia el país y la devaluación del real brasileño, que volvió más accesible el destino para los viajeros del principal mercado emisor regional. Por su parte, la gerenta general de Despegar, Paula Cristi, destacó que la mayor conectividad aérea internacional, con nuevas rutas y aerolíneas y el incremento de frecuencias, amplió las alternativas para viajar desde Europa, Estados Unidos y otros mercados de larga distancia. La ejecutiva añadió que el país reúne atributos muy valorados a nivel global, como su diversidad de paisajes, la gastronomía, el enoturismo y las propuestas de naturaleza y aventura.

El saldo con el exterior: turismo emisivo todavía supera al receptivo

El fenómeno, de todos modos, convive con un flujo todavía elevado de argentinos que viajan al exterior. Por cada turista extranjero que ingresó al país en el período, 2,1 residentes viajaron afuera, una proporción similar a la de 2018 y una mejora respecto de 2025, cuando ese cociente había llegado a 2,6. En términos absolutos, el déficit de la balanza turística se ubica en torno a los 5.700 millones de dólares en lo que va del año, una cifra elevada en términos históricos, pero menor que la del ciclo previo.

Qué mirar en el próximo dato

Los analistas del sector coinciden en que la atención estará puesta en tres indicadores hacia adelante: la evolución del tipo de cambio real, que define la competitividad del destino; la oferta de asientos internacionales para la temporada de verano 2027, que se está negociando con las aerolíneas; y el comportamiento del turismo emisivo, especialmente en los picos de vacaciones. Si el recambio de perfil de visitante se consolida —menos turistas regionales de bajo gasto y más viajeros de larga distancia con mayor permanencia—, el impacto sobre el ingreso de divisas podría ser más favorable de lo que sugiere el número bruto de arribos. El próximo dato clave será el cierre del tercer trimestre, cuando se termine de consolidar la temporada alta de invierno y se conozca el desempeño de los destinos de Patagonia y Cuyo frente a la competencia de Chile y Brasil.

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