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MIÉ, 16 SEPT 2026
Vida

Cuando la rodilla no deja dormir: claves para distinguir una molestia pasajera de una señal de alarma

Un médico deportivo repasó los motivos por los que el dolor se intensifica al caer la noche, qué hacer en casa mientras se espera la consulta y por qué conviene revisar la medicación habitual antes de sumar un analgésico.

RK
Renata KowalskiSociedad · 16 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Eran cerca de las once de la noche cuando me llegó el audio. Del otro lado, una mujer de 53 años me describía una escena que conozco bien: ya acostada, con la luz apagada, la rodilla derecha empezaba a pulsar como si tuviera vida propia. No era la primera vez. Hacía semanas que le robaba el sueño y, según me contaba, empezaba a modificar la rutina entera de la casa, porque al día siguiente no podía ni bajar bien las escaleras. La pregunta era la de siempre: ¿aguanto hasta el turno con el traumatólogo o esto ya merece una consulta urgente?

Lo que me encontré al investigar es que la escena se repite más de lo que uno imagina. El especialista en medicina deportiva Wesley Baker lo resume en pocas palabras: la rodilla duele más de noche porque, mientras uno se mueve durante el día, la articulación se mantiene lubricada. Al bajar la actividad, cae esa lubricación y el dolor acumulado se hace más evidente. La posición sostenida y la presión sobre una zona ya desgastada hacen el resto. Lo que empieza como una molestia leve puede terminar cortando el sueño o cambiando la rutina sin que el paciente lo registre como una señal de alarma.

Por qué el dolor se vuelve más intenso al acostarse

El movimiento diario funciona como un mecanismo de protección. Caminar, flexionar, apoyar el peso: cada gesto ayuda a que la articulación reparta líquido sinovial, esa especie de aceite natural que reduce el roce. Cuando el cuerpo se queda quieto durante horas, esa película se agota y los nervios que estaban "distraídos" con el movimiento empiezan a hacerse notar. Si encima hay una postura sostenida que recarga la rodilla, el cuadro se potencia, tanto en una como en ambas. Y no hace falta estar lesionado: el médico recordó que algo tan cotidiano como correr sobre pavimento puede dejar una carga que recién se siente cuando el cuerpo se detiene.

Qué se puede hacer en casa mientras se espera la consulta

Cuándo la consulta no puede esperar

Baker fue claro en un punto: acomodarse mejor y aplicar frío o calor ayuda, pero no resuelve. El dolor merece una evaluación cuando persiste, cuando corta el sueño o cuando empieza a modificar las actividades habituales, algo tan simple como subir al colectivo, jugar con un nieto o hacer las compras. Esperar a que se pase solo tiene un costo: mientras tanto, la articulación se desgasta, la inflamación se cronifica y el descanso se deteriora, con todo lo que eso arrastra.

“"El movimiento ayuda a mantener lubricada la articulación. Al bajar la actividad durante el reposo, disminuye esa lubricación y puede percibirse más el dolor acumulado. La presión y una posición sostenida también pueden acentuar un problema previo, tanto en una rodilla como en ambas"”Wesley Baker, especialista en medicina deportiva y atención primaria

Antes de cerrar la nota volví a llamar a la mujer del audio. Me dijo que había probado con una almohada entre las piernas y que, por primera vez en semanas, había logrado dormir cuatro horas corridas. No era una solución definitiva, pero le había cambiado la noche. Al día siguiente tenía turno con su médico. Es un detalle menor, pero me quedé pensando en esto. A veces la diferencia entre una noche cualquiera y una mala noche es apenas una almohada bien puesta. La diferencia entre una molestia pasajera y un problema serio, en cambio, la marca un profesional que mira la rodilla con tiempo y, sobre todo, con los estudios que el caso pide. Si el dolor ya se metió en la cama con uno, no hay que dejarlo ganar.

RK

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