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SÁB, 05 SEPT 2026
Vida

Asma con rostro femenino: cuando las hormonas complican la respiración después de la pubertad

Después de la adolescencia, las mujeres concentran más casos graves, más internaciones y más visitas a guardias que los varones. La ciencia empieza a entender por qué el estrógeno y la progesterona cambian las reglas del juego, y por qué los médicos piden mirar el asma con lentes de género.

RK
Renata KowalskiSociedad · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 5 min

Lo vi con mis propios ojos una tarde de guardia en un hospital público del conurbano bonaerense. Mientras esperaba para una entrevista sobre enfermedades respiratorias, una mujer de unos cuarenta y tantos, a quien después llamaron Mariana, salió del consultorio de neumonología con la bronquiolitis todavía pegada en el pecho y una mirada mezcla de fastidio y resignación. Me contó, mientras se acomodaba el barbijo, que toda su vida había tenido asma, pero que desde que dejó de tomar la pastilla anticonceptiva los ataques se habían vuelto una pesadilla que reaparecía cada mes, como un relojito que nadie le había explicado bien. Esa escena, que en principio parecía una anécdota, terminó siendo la puerta de entrada a una historia mucho más grande que afecta a millones de mujeres en la Argentina y en el mundo: la del asma hormonalmente condicionada, una variante de la enfermedad que la medicina durante décadas miró de reojo y que hoy empieza a ocupar el centro de la escena.

Para llegar a esta nota tuve que cruzar medio barrio hasta el hospital, anotar nombres en una servilleta y revisar trabajos publicados en revistas especializadas de Estados Unidos y Europa. La pregunta que me llevó hasta acá fue simple, pero incómodo: por qué tantas mujeres adultas viven peor su asma que los varones de la misma edad, incluso cuando toman la misma medicación y van al mismo médico.

Una diferencia que empieza en la pubertad

Hasta la adolescencia, el asma es más frecuente en varones. A partir de la primera menstruación, la tendencia se da vuelta como una media: en la adultez, las mujeres concentran mayor prevalencia, más consultas en guardia y más internaciones. Un análisis publicado en 2025 en la revista BMC Pulmonary Medicine, basado en datos del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que 260 millones de personas tenían asma en el mundo ese año, y puso el foco en cómo la brecha entre sexos se ensancha después de la pubertad.

La diferencia no tiene una causa única. Un trabajo publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, encabezado por Dawn C. Newcomb, de la Universidad Vanderbilt, revisó células inmunitarias de pacientes con asma grave y concluyó que el estradiol y la progesterona pueden aumentar la producción de IL-17A, una proteína ligada a procesos inflamatorios. También registró mayor actividad de células llamadas TH17 en mujeres con asma grave en comparación con varones con el mismo diagnóstico. Los autores aclararon que el hallazgo no prueba causalidad directa ni se aplica a todos los casos: la muestra fue reducida y parte del análisis se hizo en modelos animales, lo que obliga a tomar los resultados como una pista sólida y no como una sentencia.

Sobre esa pista se apoya lo que me dijo Patricia, 53, neumonóloga con tres décadas en el sistema público, cuando le pregunté por qué cuesta tanto estabilizar a sus pacientes mujeres. Me atendió con la verdad por delante: la ciencia todavía no termina de cerrar el círculo. Lo que se sabe es que un mismo gen puede comportarse de manera distinta según el sexo, en interacción con las hormonas y con el ambiente. Lo planteó Patricia Silveyra, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, y es una idea que cambia la manera de pensar el asma: no se trata de enfermedades distintas en cuerpos distintos, sino de la misma enfermedad con comportamientos diferentes según el contexto hormonal, genético y social de cada paciente.

Cuando el ciclo menstrual y el embarazo se vuelven parte del tratamiento

  • Ciclo menstrual: una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta el 40 por ciento de las pacientes podría notar variaciones ligadas al ciclo, aunque los estudios disponibles todavía no permiten hablar de una cifra definitiva. La hipótesis más fuerte apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona en los días previos a la menstruación, que pueden aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas.
  • Embarazo: la evolución no es predecible ni pareja. Un patrón clínico clásico describe que aproximadamente un tercio de las embarazadas con asma empeora, otro tercio se estabiliza y el tercio restante mejora, lo que obliga a un seguimiento personalizado y a ajustar medicación con criterio.
  • Menopausia: la caída de estrógenos agrega otro capítulo. Los cambios hormonales de esa etapa pueden modificar la respuesta inflamatoria y la respuesta a los tratamientos, lo que obliga a revisar los esquemas terapéuticos con la paciente ya instalada en esa nueva etapa.
  • Peso corporal y exposición ambiental: el sobrepeso, la contaminación del aire domiciliario y la exposición a alérgenos en el lugar de trabajo interactúan con las hormonas y empeoran el cuadro clínico en muchas mujeres adultas, según coincidieron las fuentes consultadas.

Volví al hospital unos días después para cerrar la nota y, otra vez, me crucé con Mariana en la puerta del consultorio. Esta vez la noté distinta: venía con un cuaderno donde anotaba los días del ciclo y los picos de tos, un plan acordado con su neumonóloga para anticipar los brotes. Me dijo, con una sonrisa que me confirmó que esta historia merecía ser contada, que por primera vez en años sentía que el asma dejaba de ser una enemiga silenciosa para convertirse en un problema con nombre, fecha y estrategia. Esa escena del principio me dejó una certeza que sobrevuela toda la nota: hablar de asma en mujeres no es un capricho médico, es una necesidad clínica que durante demasiado tiempo quedó relegada a la consulta de al lado.

RK

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