Ajo en Mendoza: el exceso de lluvia recorta los rindes y los precios no compensan los costos
En el Valle de Uco, tres semanas de precipitaciones intensas redujeron el calibre de las cabezas y dejaron una brecha negativa por hectárea que los productores deben afrontar con deudas de la campaña anterior.
La temporada de ajo en Mendoza comenzó con cifras adversas. El Valle de Uco, principal región productora del país, concentra unas 9.019 de las 17.057 hectáreas cultivadas con ajo en la provincia, según el Relevamiento Hortícola Invernal 2025 de Mendoza. Sobre esa superficie, las lluvias de las últimas semanas del ciclo golpearon directamente el rendimiento y el tamaño del producto.
Lluvias en la etapa de formación de bulbos
La zona acumuló 170 milímetros en apenas tres semanas, durante la etapa final del cultivo, cuando las plantas forman los bulbos. La nubosidad persistente, poco habitual para esa época, afectó el desarrollo de las cabezas y redujo su calibre. Las estimaciones iniciales hablan de una pérdida de entre 5.000 y 6.000 kilos por hectárea: un campo que normalmente rinde 35.000 kilos podría cosechar cerca de 30.000, es decir, una caída de entre el 14% y el 17%.
Precios que no cubren la inversión
A la merma climática se suma una situación de precios que no alcanza para cerrar las cuentas. El ajo en verde, que se comercializa directamente al salir de la cosecha, se paga entre $250 y $300 por kilo. Con una venta de 30.000 kilos a $300, una hectárea genera ingresos que no llegan a $9 millones, mientras que los costos superan los $16 millones. La diferencia negativa resultante es de unos $7 millones por hectárea.
La demanda también se encuentra frenada. Los intermediarios que compran en el campo para acondicionar y exportar prácticamente no están operando, por temor a que nuevas lluvias dañen la mercadería ya cosechada. Según el planteo del sector, cuando el ajo se moja y se mancha durante el secado, su valor puede caer a un tercio del precio normal.
Respuestas de los productores y calendario
Ante la falta de compradores, varios productores decidieron conservar el ajo en el campo y secarlo por su cuenta para venderlo más adelante, en febrero o marzo. Esa estrategia exige mano de obra y dinero en efectivo, dos recursos escasos en un sector que llega a esta campaña con deudas de la temporada anterior. Por otra parte, las lluvias alteraron el calendario: el ajo tiene una ventana acotada para ser levantado en condiciones óptimas. Si se adelanta la cosecha, los dientes no terminan de formarse; si se demora, las capas externas que protegen la cabeza se deterioran. Muchos productores anticiparon los trabajos para no correr riesgos ante nuevas precipitaciones.
- Pérdida estimada: entre 5.000 y 6.000 kilos por hectárea, con caída de entre el 14% y el 17%.
- Precio en verde: entre $250 y $300 por kilo.
- Ingreso por hectárea: menos de $9 millones frente a costos que superan los $16 millones.
- Destino principal: alrededor del 70% del ajo argentino se exporta a Brasil, mercado que influye en gran medida en los precios locales.
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