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SÁB, 03 OCT 2026
Vida

Veinticinco gramos de fibra al día: la cuenta que empieza en el desayuno

La Organización Mundial de la Salud marca un piso diario de fibra que no siempre se alcanza. Pequeñas modificaciones en la primera comida pueden acercar a ese objetivo sin trastocar toda la rutina.

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Renata KowalskiSociedad · · lectura 3 min
Veinticinco gramos de fibra al día: la cuenta que empieza en el desayuno

Eran cerca de las ocho de la mañana cuando entré a la cocina de casa y vi, como tantas veces, la misma escena: las tostadas blancas, el mate cocido, la banana cortada al costado. Nada raro, nada sospechoso. Pero la conversación que tuve el día anterior con una nutricionista me dejó dando vueltas con una idea bastante concreta: la Organización Mundial de la Salud recomienda consumir al menos 25 gramos de fibra por día en adultos, y la gran mayoría de los argentinos que desayunan como yo, con lo justo, está muy lejos de ese número.

La buena noticia es que no hace falta armar un menú revolucionario a las siete de la mañana. Con sumar una fruta entera, cambiar a un pan integral o agregar unas semillas a lo que ya se come, se puede empezar a cerrar la brecha sin mayores sobresaltos.

Pequeños cambios sobre lo que ya se come

La estrategia más razonable es avanzar de a poco. Un salto brusco en la ingesta de fibra puede provocar gases e hinchazón abdominal, sobre todo en personas que venían consumiendo poca. Por eso los especialistas insisten con una idea que Marta, 52, me repitió mientras revolvía un yogur en su casa de San Telmo: mejor sumar de a poco y ver cómo responde el cuerpo.

  • Si el desayuno es yogur natural, se le pueden agregar frutos rojos y una cucharada de chía o de lino molido.
  • Si la costumbre pasa por el pan con huevo, conviene elegir una versión integral y sumar palta y una fruta al plato.
  • La avena es otra base rendidora: se puede preparar con leche, bananas en rodajas y nueces.
  • Para los que prefieren algo salado a la mañana, un salteado de arroz integral, quinoa o batata con verduras funciona como una tortilla rápida y completa.

El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos, conocido por su sigla NIDDK, acompaña esa sugerencia con un recordatorio que parece obvio pero que muchos olvidan: el aumento de fibra tiene que ir de la mano con una buena hidratación. No hay una cifra universal de vasos de agua por día porque las necesidades cambian según el cuerpo, la actividad física, la salud general y hasta el lugar donde uno vive.

Fruta entera, no jugo

Otro punto que vale la pena tener presente es la diferencia entre comerse una manzana y tomarse su jugo. La Asociación Estadounidense del Corazón lo dice con claridad: siempre que se pueda, conviene priorizar la fruta entera, porque al procesarla para obtener jugo se pierde buena parte de la fibra que la naturaleza le puso. Verduras, cereales integrales, porotos, nueces y semillas completan el listado de fuentes recomendadas.

La referencia de la OMS para adultos es un mínimo diario de 25 gramos de fibra presente de manera natural en los alimentos, una cifra que corresponde al total del día y no a una comida en particular. El mismo organismo sugiere consumir al menos 400 gramos diarios de frutas y verduras combinadas, una meta ambiciosa pero que se puede ir alcanzando con sumas graduales.

Cuando el estómago pide paciencia

La respuesta del aparato digestivo, claro, no es la misma para todos. Hay personas con síndrome de intestino irritable, por ejemplo, que pueden tolerar mejor la fibra soluble y necesitan una evaluación profesional antes de cambiar la dieta. La orientación general pasa por incorporar variedad, probar y observar cómo reacciona cada uno. A veces el cuerpo avisa con señales que conviene no desatender.

Volví a la cocina esa mañana y miré la banana cortada al costado del pan blanco. No la tiré, faltaría más. Pero al día siguiente, en el mismo plato, había una tostada integral, unas semillas de chía espolvoreadas sobre el yogur y una pera entera esperando el primer mordisco. No fue una revolución: fue apenas un primer paso para acercarse, sin prisa pero sin pausa, a esos 25 gramos que la OMS considera el piso para cuidar la salud digestiva.

RK

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