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LUN, 31 AGO 2026
Vida

Una taza de arándanos al día y el pulso vuelve a encontrar su ritmo

Nutricionistas y cardiólogos de Estados Unidos coinciden en que el consumo diario de esta fruta, fresca o congelada, ayuda a relajar las arterias, bajar la presión y cuidar el corazón sin grandes esfuerzos.

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Renata KowalskiSociedad · 31 DE AGO DE 2026 · lectura 3 min

Lo confieso de entrada: hasta hace un par de temporadas yo miraba los arándanos como una decoración carísima dentro de un pote de yogur. Los comía porque estaban ahí, sin más, sin pensar que esa cucharadita oscura y un poco agria escondía una especie de botica diminuta. Pero esta semana, mientras juntaba información para la nota, me topé con un dato que me ordenó todo de nuevo: una taza diaria de arándanos, ni más ni menos, puede moverle el amperímetro al sistema cardiovascular de una manera que, según los especialistas consultados, vale la pena repasar despacio.

La clave de la fruta está en un pigmento que le da ese color casi tinta, la antocianina. Esa molécula, según me explicó Ashlee Bobrick, nutricionista dietista registrada del Ohio State University Wexner Medical Center, estimula en el cuerpo la producción de óxido nítrico, una sustancia que cumple una tarea bastante silenciosa pero decisiva: relaja las paredes de los vasos sanguíneos y los ayuda a abrirse. Cuando las arterias ceden, la sangre circula con menos resistencia y la presión tiende a calmarse, como cuando destapás una canilla que venía medio estrangulada.

Fibra, glucosa y colesterol: tres frentes en una sola taza

Hay un segundo actor que también trabaja desde adentro: la fibra. Una taza de arándanos aporta alrededor de cuatro gramos, un número que, sin sonar heroico, pesa en el balance diario. Durante la digestión, esa fibra se fermenta en el intestino y genera ácidos grasos de cadena corta que después pasan al torrente sanguíneo y terminan participando en la regulación de la presión. Bobrick, a quien cito con nombre de pila y con sus años de experiencia en el consultorio, me remarció además que esa misma fibra ayuda a mantener más estable la glucosa en sangre y a empujar hacia abajo el colesterol LDL, el famoso "malo" que tanto aparece en los análisis de rutina.

“Cuando el endotelio funciona bien, el control de la presión arterial resulta mucho más eficiente, y ahí los arándanos parecen tener un papel interesante.”Parveen Garg, cardiólogo de Keck Medicine de la Universidad del Sur de California

A esa conversación se suma la mirada del cardiólogo Parveen Garg, de Keck Medicine de la Universidad del Sur de California, que me planteó un tercer mecanismo que muchas veces pasa inadvertido: la función endotelial. El endotelio es la capa finita de células que recubre el interior de las arterias, casi como el papel glacé de un alfajor, y de su estado depende que los vasos mantengan elasticidad. Cuando ese forro interno trabaja como corresponde, el control de la presión se vuelve más eficiente, y estudios previos ya venían marcando resultados alentadores en ese punto.

Para quienes arrastran hipertensión, resistencia a la insulina o algún factor de riesgo cardíaco, el combo se vuelve todavía más jugoso, porque la presión elevada suele llegar acompañada de alteraciones metabólicas. En esos casos, un alimento que mueve varias perillas a la vez -antocianinas, fibra, efecto sobre el endotelio- gana un lugar propio dentro de una dieta equilibrada, sin reemplazar nunca lo que indique el médico de cabecera.

Los especialistas coinciden en algo que a mí, como comensal crónico, me sacó una sonrisa: no hace falta volverte fanático de lo orgánico ni gastar fortuna. Una taza diaria, ya sea de arándanos frescos o congelados, alcanza para cosechar los beneficios que muestran las investigaciones. La versión congelada conserva las propiedades activas, así que el hábito se sostiene los doce meses del año sin que el precio del mercado te arruine el mes. Bobrick agregó un dato que redondea la historia: el consumo regular también se asocia con menor probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas, entre ellas algunos tipos de cáncer y trastornos neurodegenerativos.

Vuelvo a la escena del principio, a esa mañana en la cocina, frente al pote de yogur y los arándanos caros que miraba sin saber qué tenía enfrente. Hoy me cuesta no verlos distinto: esa cucharadita oscura ya no es decoración, es una pequeña inversión cotidiana, de las que se miden en presión arterial y en pulsos tranquilos. Por las dudas, mañana empiezo con la taza completa.

RK

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