Torrente, el villano que la saga se niega a dejar de festejar
Guillermo Toledo volvió a la carga contra su ex socio Santiago Segura y, esta vez, le soltó la frase que sabe que le hierve: Torrente debería ser el malo, no el héroe. La interna de un humor que incomoda para un lado y no para el otro.
Acá estamos otra vez, como cada vez que alguien con dos dedos de frente mira Torrente y nota el elefante en la sala. Guillermo Toledo, que conoce a Santiago Segura desde hace décadas y hasta compartió cartel con él, decidió decirlo sin guantes: el personaje que Segura viene homenajeando saga tras saga desde 1998 no debería ser el protagonista. Debería ser el villano. Así, con todas las letras.
Porque Torrente, según la lectura de Toledo, condensa lo peor del manual: fascismo, racismo, homofobia y machismo, todo servido con una sonrisa. Y el problema, insiste, no es el personaje en sí sino el lugar que ocupa. "Se enfada mucho cuando yo le digo que haría de un fascista feliz como Torrente, pero no en una película como Torrente. Tendría que ser el malo de la película, no el héroe", tiró el actor.
La escena de la carne, el ejemplo de manual
Toledo eligió una secuencia concreta para graficar lo que denuncia: ese tramo de la saga en el que Torrente tira un pedazo de carne al piso y tres personas negras se matan por agarrarlo. Para el actor, la gracia no estaba en reírse del fascismo del personaje, estaba en reírse con las víctimas. Y eso, dice, no es sátira: es un espejo torcido.
“La gente se reía con eso, les parecía gracioso. Es peligrosísimo, porque el humor es un arma política muy poderosa.”Guillermo Toledo
Animalario versus Torrente
El actor marcó diferencias con su propia experiencia en Animalario, la compañía teatral donde aprendió a usar la risa como un bisturí y no como un manto. Ahí, según cuenta, el procedimiento es inverso: se hace reír al espectador y después se lo obliga a preguntarse de qué se rió. Una incomodidad productiva, en sus palabras. La saga de Segura, en cambio, le parece que se queda en el primer paso y nunca vuelve sobre sus pasos.
La última vez que Toledo y Segura coincidieron en un rodaje fue en La reina de España, 2016. Antes se habían cruzado en El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo, 2004. O sea: no hablan desde hace rato, pero el tema sigue ahí, latente, como una deuda pendiente entre dos formas muy distintas de entender para qué sirve una carcajada.
Mi veredicto
Toledo tiene un punto. El humor sin filo es propaganda disfrazada, y Torrente, querido, hace rato que dejó de incomodar a quien tiene que incomodar. Si te reís del fascista y al final del crédito te quedás conforme, el fascismo ganó. Véanlo, pero véanlo preguntándose de qué se están riendo. Eso es lo mínimo.
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