Una noche de cuerpos nobles y memoria compartida en el corazón de Neuquén
El sábado 10 de octubre, a las 21, el Cine Teatro Español abre sus puertas a una creación colectiva interpretada por mayores de 60 años, con acceso a cambio de un alimento no perecedero.
Llego a la esquina de avenida Argentina 235 todavía con el ruido de la ciudad en los oídos, y antes de cruzar la vereda me cruzo con una señora de unos setenta y tantos, de bufanda colorida, que me pregunta si sabe a qué hora abren la boletería. Viene caminando despacio, apoyada en un bastón, y me dice que se llama Marta, tiene 72 años, y que hace meses que espera este momento porque una amiga del barrio le contó que iban a subir al escenario un grupo de personas grandes como ella, dispuestas a mostrar que el cuerpo y la memoria todavía tienen mucho para decir.
La propuesta se llama El Baile Infinito y tiene su función central este sábado 10 de octubre a las 21 en el Cine Teatro Español, en pleno centro de Neuquén. Lo que se va a ver sobre las tablas es el resultado de un proceso creativo que reunió a mayores de 60 años dispuestos a poner en juego sus recuerdos, sus historias personales y sus cuerpos, porque la obra se construyó justamente a partir de todo eso: de lo que cada uno llevaba adentro y estaba dispuesto a compartir con el resto del elenco.
Cómo conseguir la entrada
- La entrada se retira el mismo sábado 10 de octubre en la boletería del Cine Teatro Español.
- Por la mañana, de 10 a 13; por la noche, de 18 a 21.
- Se solicita un alimento no perecedero por persona, en concepto de entrada solidaria.
- La función comienza a las 21 en avenida Argentina 235.
Durante los ensayos, los participantes hicieron ejercicios corporales, improvisaron, se escucharon, se miraron, y fueron dándole forma a una pieza de danza contemporánea que respeta los tiempos y las posibilidades de cada uno. Lo que se presenta esta noche no es un número de variedades ni un show de destreza física: es una obra que asume que cada cuerpo, con sus marcas y sus años, tiene algo para decir cuando se lo deja moverse con libertad. La exploración del movimiento, el reconocimiento del propio cuerpo y el simple placer de bailar aparecen como ejes de una puesta que también funciona como experiencia comunitaria, porque todo lo que se ve en escena nació de memorias individuales que encontraron un lugar común.
La organización está a cargo de la Fundación BPN, con el acompañamiento del Gobierno de la provincia y del Banco Provincia del Neuquén, tres patas que se entienden cuando se ve la dimensión del trabajo previo: no se trata de juntar artistas consagrados, sino de abrir un proceso, sostenerlo y confiar en lo que ese proceso iba a devolver. Por eso el acceso es solidario, porque la idea es que el único requisito para entrar sea la decisión de participar del convite, y que ese convite además sirva para algo concreto fuera de la sala.
Cuando me alejo de la vereda del Español ya entrada la tarde, vuelvo a ver a Marta, ahora acompañada por otras dos mujeres de su edad, las tres con el paso lento pero decididas, como quien va a un encuentro importante. Me da la sensación de que esta noche, en esa sala histórica del centro neuquino, va a pasar algo de esos pequeños milagros que solo aparecen cuando un grupo de personas se anima a subirse a un escenario para contar, con el cuerpo, quién fue. Y eso, a esta altura de la vida, no es un detalle menor.
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