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LUN, 14 SEPT 2026
Vida

Un bulto en el cuello que no se va: cuándo dejar de hacerse el desentendido y salir corriendo al médico

Cualquiera se topa con una bolita bajo la mandíbula después de un resfrío y piensa que no es nada. La mayoría de las veces tiene razón, pero hay detalles del tamaño, la textura y la persistencia que cambian por completo el diagnóstico. Un especialista de Cleveland Clinic explica qué mirar antes de quedarse tranquilo.

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Renata KowalskiSociedad · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Me acuerdo perfecto de la última vez que me palpé el cuello y la cabeza me jugó una mala pasada: estaba por salir a cubrir una nota, me rasuré con la máquina y, al pasar la mano por debajo de la oreja, sentí una bolita que antes no estaba ahí. Me quedé un instante con los dedos clavados en el lado izquierdo del cuello, el espejo del baño devolviéndome una cara de preocupación, y pensé en lo que piensa todo el mundo cuando se toca un ganglio inflamado: "Será un resfrío, no será nada". Esa misma duda, multiplicada por miles de personas por semana, es la que empujó al doctor Daniel Sullivan, médico internista de Cleveland Clinic, a poner blanco sobre negro en qué momento conviene dejar de mirar para el techo y pedir un turno.

Por qué se inflama un ganglio y por qué importa el cuello

El cuerpo humano tiene alrededor de 600 ganglios linfáticos repartidos desde las piernas hasta la mandíbula, y funcionan como una suerte de planta depuradora ambulante: retienen bacterias, virus y otras sustancias antes de que circulen por el torrente sanguíneo. Por eso, cuando aparece una infección viral cualquiera, es habitual que los del cuello se inflamen y se hagan notar al tacto. "Los ganglios linfáticos son el sofisticado sistema de alcantarillado del cuerpo", suele describir Sullivan para graficar la idea. El problema es que esa misma señal, la linfadenopatía cervical, también puede ser la primera pista de enfermedades mucho más serias, entre ellas leucemia, linfoma, melanoma, carcinoma de células escamosas, tumores orales y cáncer de tiroides. En algunos pacientes, la inflamación es incluso el primer indicio visible de que un tumor ya se diseminó desde otro órgano.

Lo cuenta el propio Sullivan con una frase que, si uno la piensa un segundo, da algo de vértigo: "Cuando las células cancerosas se desprenden del tumor original, entran en el torrente sanguíneo o el sistema linfático y se diseminan a otras partes del cuerpo". Es decir, ese ganglio que uno se toca distraídamente puede ser, literalmente, la estación terminal de un viaje que empezó en cualquier lado.

Cuatro claves para no confundir un resfrío con algo más

  • Dolor: si la bolita duele al tocarla, lo más probable es que sea una infección; los ganglios asociados a cáncer suelen ser indoloros.
  • Tamaño: a partir de 1,5 centímetros de diámetro la cosa cambia y empieza a pedir una revisación médica.
  • Textura: los ganglios sanos son blandos; el linfoma los vuelve gomosos y los cánceres metastásicos los endurecen y los dejan fijos, sin que se puedan mover con los dedos.
  • Persistencia: una vez que se resuelve la infección deberían volver a su tamaño habitual; si siguen creciendo, hay que investigar.
“Si esto lleva ocurriendo más de dos semanas y siguen aumentando de tamaño, es una señal de alarma que nos obliga a investigar causas más allá de las infecciones comunes.”Daniel Sullivan, médico internista de Cleveland Clinic

Volví a mirarme al espejo del baño un rato después de aquella nota, ya con el grabador apagado y la libreta guardada, y me di cuenta de algo que vale la pena repetir: en el cuerpo, lo que no avisa también dice. Un ganglio que aparece, duele y se va en pocos días es casi siempre un aliado cumpliendo su trabajo. Un ganglio que se queda, crece, se endurece y deja de doler, en cambio, está pidiendo a gritos que alguien lo mire en serio. La diferencia entre un susto y un diagnóstico temprano muchas veces pasa por prestar atención a esos detalles y, sobre todo, por no dejarse vencer por la frase que más se repite en los consultorios: "No será nada".

RK

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