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JUE, 10 SEPT 2026
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Un afinador de pianos con oído de oro y manos de ladrón: Roher vuelve al ruedo, esta vez con ficción

Leo Woodall carga con un personaje de hiperacusia que afina pianos de día y abre cajas fuertes de noche, bajo la mirada del canadiense que ganó el Óscar con el documental sobre Navalny

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Inés MaldonadoCultura y espectáculos · 10 DE SEPT DE 2026 · lectura 2 min

Dicen que hay oficios que enseñan más de lo que aparentan. Niki, el protagonista de Un talento único (Tuner en su idioma original), aprende a escuchar pianos como nadie: cada cuerda floja, cada martillo vencido, cada nota que se escapa del instrumento. Ese oído de oro, sin embargo, le sirve también para algo bastante menos decorativo. El muchacho, mientras trabaja afinando pianos en casas de gente con mucha plata y en conservatorios donde la música todavía importa, se gana un sobresueldo abriendo cajas fuertes. El trabajo, claro, no es legal. Y así empieza el lío.

La película es el primer largo de ficción de Daniel Roher, el canadiense que se llevó el Óscar al mejor documental por Navalny. Acá deja la política partidaria y se mete en un thriller de intriga con la misma obsesión por el detalle: las cuerdas, los mecanismos internos del piano, el movimiento exacto de cada pieza. En Un talento único el sonido no acompaña la imagen: la conduce. Quien mira termina escuchando el film tanto como viéndolo.

Dos generaciones sobre el escenario

Leo Woodall, a quien muchos conocen por la serie Un gentleman en Moscú, se banca el protagonismo con un personaje contenido, casi silencioso, que expresa todo a través de gestos mínimos. Lo escolta nada menos que Dustin Hoffman, en el papel del viejo afinador que le enseña el oficio y oficia de contrapunto: la experiencia frente al muchacho que todavía está aprendiendo a no meterse en problemas. Es un secundario con peso, de esos que justifican solos la entrada al cine (o al streaming, que es donde finalmente la película terminó recalando).

No estamos ante una película que venga a reinventar el thriller de atracos. El esquema es el de siempre: personaje con una habilidad particular, misiones de riesgo creciente, algunas decisiones malas en el medio. Lo que la salva de la fórmula es la ejecución: Roher sabe cuándo hacer foco en el detalle de un mecanismo y cuándo cortar, sin estirar las escenas ni abusar de la explicación. Para una producción de escala media, el resultado se banca de punta a punta, sin agujeros groseros.

¿La recomendación? Si te copa la idea de un protagonista con un oído de cirujano metido en un mundo donde las cajas fuertes deberían ser más seguras que los pianos que afina, dale play. Es un thriller accesible, sin pretensiones, que entiende que a veces alcanza con contar bien una historia simple. Y, en el camino, te deja una curiosidad nueva: cómo suena un piano por dentro cuando alguien que de verdad lo escucha se pone a trabajar.

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Inés MaldonadoCultura y espectáculos

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