Tres películas para entender (sin zapping) cómo se desmembró Chile
Patricio Guzmán registró en tiempo real el gobierno de Allende y el golpe de Pinochet. Su trilogía sigue vigente como manual de cine político y como archivo de un país partido al medio.
Acá va una confesión: durante años miré La batalla de Chile como si fuera un trámite, una pieza solemne que hay que ver para quedar bien en cualquier charla de café. Volver a ponerla es entender que Guzmán no filmó un documental: plantó la cámara en medio del incendio y dejó que ardiera. La obra sigue siendo una de las radiografías más lúcidas del descalabro chileno, y encima viene en tres entregas para que no quede ningún ángulo sin registrar.
Tres capítulos, un mismo terremoto
La trilogía se ordena como un preciso: La insurrección de la burguesía muestra el avance de los sectores que fueron cercando a Salvador Allende; El golpe de estado recoge el día en que Pinochet se instaló en La Moneda; y El poder popular cierra con las asambleas obreras que intentaron responder desde abajo. Parlamento y fábricas comparten plano, y eso ya es una declaración política: no se entiende el golpe sin la cocina sindical ni las disputas dentro de la propia izquierda.
La película se inscribe en el Tercer Cine, esa corriente que propuso un cine sin las reglas de Hollywood y al servicio de los procesos de su tiempo. Guzmán mezcla registro directo, material de archivo y montaje explicativo para mostrar cómo se desmoronó un gobierno y, sobre todo, cómo se organizó la resistencia cuando ya era tarde.
- La insurrección de la burguesía: la presión de los grupos económicos y políticos contra Allende.
- El golpe de estado: el 11 de septiembre y la intervención militar que sacó a Allende del gobierno.
- El poder popular: las asambleas de trabajadores como respuesta al avance del golpe.
- Estética del Tercer Cine: cámara en la calle, montaje político y rechazo al modelo comercial de Hollywood.
Mi recomendación, sin vueltas: vean las tres partes seguidas, con mate de por medio, y presten atención a las discusiones internas de la izquierda. Ahí está la parte que suele olvidarse, la que muestra que no llegó un ejército y se llevó todo: el golpe se construyó durante meses, con ruidos que muchos eligieron no escuchar. La batalla de Chile sigue siendo el recordatorio de que, cuando el pueblo se pelea solo, el golpe lo escriben otros.
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