Salarios en recuperación frente a una inflación que cede: por qué el bolsillo no termina de soltarse
Los sueldos acumulan cinco meses de mejora real y los precios se desaceleraron a 1,7% en agosto, pero el consumo sigue sin reaccionar. El dinero se desvía al ahorro en dólares y el crédito permanece restringido.
La inflación de agosto se ubicó en 1,7% mensual, uno de los registros más bajos de los últimos años y un alivio concreto para ingresos que venían perdiendo terreno frente a los precios. En paralelo, los salarios acumulan cinco meses consecutivos de suba por encima de la variación del Índice de Precios al Consumidor, una combinación que en cualquier manual de economía debería traducirse en un repunte del consumo. Sin embargo, ese rebote todavía no se materializa en las góndolas ni en las cifras de actividad, y la explicación combina comportamiento de los hogares, dinámica del crédito y composición sectorial de la economía argentina.
Vamos a los números
El indicador salarial más sensible, el que mide la capacidad de compra de los trabajadores formales, mostró en agosto una mejora real cercana a varios puntos porcentuales acumulada en cinco meses. Frente a igual mes del año anterior, la comparación es todavía más favorable, porque en agosto de 2024 la inflación mensual se ubicaba en valores sensiblemente más altos. La mejora es real y se percibe en el bolsillo, pero no alcanza para modificar el patrón de gasto.
“Los salarios ya acumulan cinco meses de recuperación real, en un contexto de descenso de la inflación. Pero se nota mucha cautela y ese rebote no está yendo al consumo.”Fernando Marull, economista
A dónde va el peso que no se gasta
- Compra de dólares para atesoramiento: solo en julio, el público adquirió cerca de 3.000 millones de dólares, un salto de casi 50% respecto de los meses previos.
- Un tercio de esos dólares quedó depositado en cuentas bancarias en moneda extranjera, otro tercio salió del sistema financiero y el resto se destinó al pago de tarjetas en dólares.
- El resultado es directo: cada peso convertido en divisa dura es un peso que deja de financiar consumo de bienes durables, esparcimiento o servicios.
El comportamiento descrito tiene nombre técnico: ahorro preventivo en moneda extranjera, y funciona como un freno directo sobre la demanda interna. Mientras persistan los incentivos para dolarizarse, parte del ingreso adicional que generan los salarios continuará canalizándose hacia activos de reserva en lugar de hacia el circuito comercial.
El crédito, otro canal trabado
El segundo freno al consumo llega por el lado del financiamiento. Los bancos operan con niveles de morosidad elevados, herencia de los meses de mayor tensión cambiaria y económica, y se muestran renuentes a ampliar su cartera de préstamos al consumo. Las líneas de tarjetas, personales y prendarias mantienen tasas reales elevadas y requisitos más estrictos que un año atrás. La expectativa es que las tasas de interés nominales comiencen a descender en los próximos meses a medida que la inflación se estabilice, pero la cautela del sistema financiero demora la transmisión hacia el consumo financiado.
La radiografía sectorial completa el cuadro. Las actividades ligadas a exportaciones, como energía, agro y minería, muestran niveles de actividad sensiblemente superiores a los de un año atrás, impulsadas por mejores precios internacionales y por la liquidación de la cosecha gruesa. En el otro extremo, industria y construcción acumulan caídas que rondan el 5% en julio frente a junio, lo que refleja que el alivio salarial todavía no se traduce en mayor producción de bienes ni en nuevas obras. La mejora del salario es condición necesaria, pero no suficiente, para dinamizar al conjunto de la economía.
Para los próximos meses, el escenario más probable apunta a precios estables o con subas moderadas y a salarios que podrían seguir ganando algo de terreno en términos reales, en la medida en que las paritarias cerradas en el segundo semestre incorporen la nueva dinámica inflacionaria. El interrogante central es cuándo los hogares decidirán aflojar el ahorro en dólares y reactivar el consumo. Mientras la incertidumbre sobre el régimen cambiario, la evolución del tipo de cambio y la sostenibilidad de la desaceleración de precios se mantenga, el comportamiento defensivo tiende a persistir. Habrá que mirar con atención el dato de consumo de septiembre y, sobre todo, el flujo de compra de dólares en el mercado oficial: si esa corriente se modera, el consumo podrá empezar a traducir la mejora salarial en mayor actividad.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Grupo Noticias 365