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MAR, 08 SEPT 2026
Economía

Ramallo Club profundiza la baja en su canon de franquicia y se acerca a los cincuenta locales con una estrategia de expansión federal

La cadena de sándwiches de miga redujo la inversión inicial a nueve mil dólares, bien por debajo del promedio del sector, y apunta a crecer en provincias con esquemas de máster franquicia

GP
Gustavo PeraltaCampo y agroindustria · 7 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

La cadena de sándwiches de miga Ramallo Club, que cuenta en la actualidad con veintiséis puntos de venta distribuidos en el área metropolitana de Buenos Aires —veinte bajo el régimen de franquicia y seis propios—, avanzó en las últimas semanas con un relanzamiento de su modelo de negocio que fija la inversión inicial para nuevos franquiciados en nueve mil dólares, una cifra sensiblemente inferior al promedio del sector gastronómico argentino, donde las franquicias suelen demandar desembolsos cercanos a los treinta mil dólares. La decisión, según explicó la propia empresa, se inscribe en una política deliberada de reducir los costos de acceso al sistema y de priorizar la rentabilidad del punto de venta por sobre el margen derivado de la venta del derecho de ingreso a la red.

Un cambio estructural en la cadena comercial

La baja en el canon, que hasta hace poco se ubicaba en diecisiete mil dólares, se explica principalmente por una modificación en la estructura comercial de la firma. La compañía resolvió prescindir de la empresa intermediaria que hasta entonces se encargaba de la comercialización de las franquicias y decidió asumir esa tarea de manera directa, lo que permitió eliminar el sobrecosto que ese intermediario trasladaba al franquiciado.

“Apuntamos más a vender el producto que a tener ganancias en la venta de la franquicia. Ahora manejamos el negocio en forma directa, entonces no tenemos ese costo. El precio que nos pasa el proveedor es el que le pasamos al franquiciado”Voceros de Ramallo Club

Desde la empresa detallaron que los locales proyectados bajo el nuevo esquema tendrán una superficie aproximada de treinta metros cuadrados, una dimensión que la compañía considera suficiente para sostener el volumen de ventas que requiere el modelo y que, a la vez, contribuye a moderar los requerimientos de inversión en equipamiento y obra. Toda la producción de sándwiches de miga se concentra en una planta industrial ubicada en la localidad de Munro, en la zona norte del Gran Buenos Aires, desde donde se distribuye a cada uno de los puntos de venta que integran la red, una lógica centralizada que permite homogeneizar la calidad del producto y simplificar la operatoria logística.

Un esquema basado en el volumen más que en el margen unitario

  • La planta de Munro produce alrededor de setenta mil sándwiches por mes, que se comercializan a mil setecientos pesos la unidad.
  • La facturación promedio anual por local se ubica en torno de los ciento diez mil dólares.
  • La empresa proyecta para 2026 un crecimiento de alrededor del treinta por ciento en su facturación global, impulsado por la incorporación de nuevas categorías de productos, entre ellas papas fritas, encurtidos, pizzas y propuestas de cafetería.

La empresa se propuso como meta para el año 2027 alcanzar los cincuenta locales en funcionamiento, lo que implica prácticamente duplicar la cantidad de bocas de expendio actuales. Si bien la red mantiene su núcleo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en los partidos del Gran Buenos Aires, la compañía ya evalúa la posibilidad de expandirse hacia otras provincias. En ese contexto, la ciudad de Neuquén aparece como uno de los mercados bajo análisis, donde se estudia la implementación de un esquema de máster franquicia, una figura mediante la cual se designa a un operador regional que se encargue del desarrollo de la marca en esa zona del país.

El origen del emprendimiento se remonta a unas cuatro décadas atrás, cuando una familia de inmigrantes de origen croata se radicó en la Argentina y se desempeñó durante años como cocinera en distintos establecimientos gastronómicos. Ante una situación de desempleo, la siguiente generación comenzó a elaborar de manera casera recetas propias de sándwiches de miga y tortas, una producción que derivó primero en la apertura de un local en el barrio de Villa Luro y, con el paso del tiempo, en la mudanza hacia una esquina de Núñez, sobre la calle que da nombre a la marca, y que luego se convirtió en el punto de partida de una cadena que hoy se prepara para dar su próximo salto de escala.

GP
Gustavo PeraltaCampo y agroindustria

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