La propuesta de una psicóloga que pone el plato en la mesa del consultorio: revisar qué se come antes de decidir que todo es la cabeza
Kimberley Wilson sostiene que el cansancio crónico, la apatía y el bajo ánimo merecen una evaluación que indague también en la alimentación, el descanso y el movimiento, sin reemplazar la terapia ni los medicamentos.
Llegué a la nota un lunes a la mañana, con ese cansancio que se pega al cuerpo después de un fin de semana largo, y lo primero que me llamó la atención fue una idea tan simple como disruptiva: la psicóloga Kimberley Wilson quiere que, cuando alguien se sienta en un consultorio a contar que está agotado, sin ganas de nada o con la cabeza nublada, alguien le pregunte también qué comió, cómo duerme y cuánto se mueve. No como un dato menor, sino como una pieza central del rompecabezas. La propuesta aparece detallada en su último libro, Chasing Normal, y reaviva un debate que mezcla nutrición, psiquiatría y sentido común: cuánto de lo que sentimos por dentro tiene que ver con lo que ponemos en el plato.
La especialista, de 47 años, no es una improvisada. Trabaja desde hace años en el sistema penitenciario británico y fue precisamente en la prisión de mujeres de Holloway, en Londres, donde empezó a observar que muchas internas con dificultades para regular sus emociones presentaban, al mismo tiempo, carencias nutricionales importantes. Esa experiencia la empujó a mirar el sufrimiento psíquico con un lente más amplio, que incluye vitaminas, minerales y grasas esenciales como los famosos omega-3.
Qué dice, en concreto, la propuesta
Wilson plantea que, ante síntomas persistentes como la fatiga que no se va, la apatía o el ánimo por el piso, la evaluación debería contemplar varios frentes a la vez: la historia personal, las situaciones de estrés, el sueño, la actividad física, el consumo de sustancias y, también, un análisis bioquímico que descarte o confirme déficits nutricionales. La idea no es reemplazar la psicoterapia ni la medicación, sino completar el mapa. Una persona con experiencias traumáticas puede necesitar un abordaje psicológico especializado, mientras que otra que arrastra una anemia o sigue una alimentación muy restrictiva podría ver parte de sus síntomas al corregir esa carencia concreta.
Entre los nutrientes que la psicóloga menciona como relevantes para el funcionamiento cerebral figuran las vitaminas B3 y B12, el zinc, el selenio y los omega-3. Wilson aclara, eso sí, que una insuficiencia no determina por sí sola la existencia de un trastorno mental, aunque sí puede agravar el cansancio, la irritabilidad o el bajo estado de ánimo. Por eso, su recomendación es investigar posibles déficits antes de descartar cualquier otra causa.
- Pescados azules como sardina, salmón y caballa, al menos una porción por semana, por su aporte de omega-3.
- Para dietas vegetarianas o veganas, consultar con un profesional sobre alternativas de suplementación.
- Evaluar el sueño, el movimiento y el consumo de sustancias como parte del mismo cuadro.
- Considerar la alimentación como un factor más, sin sustituir la terapia ni los fármacos cuando son necesarios.
Wilson también cita ensayos clínicos aleatorizados realizados en contextos carcelarios que vincularon la administración de ciertos micronutrientes con una disminución de episodios violentos entre los internos. Es un dato potente, aunque la propia psicóloga advierte que esa asociación no permite explicar la conducta de una persona a partir de lo que come, ni mucho menos reducir un problema complejo a una cuestión de menú. Su planteo es más modesto y a la vez más ambicioso: integrar, no jerarquizar.
Por qué esta mirada puede cambiar la consulta
Para los lectores de entre 40 y 60 años que suelen cargar con jornadas extensas, noches cortas y una relación más bien distante con la cocina, la propuesta de Wilson tiene una consecuencia práctica inmediata. Antes de aceptar que el desánimo es solo químico o solo psicológico, vale la pena hacerse preguntas incómodas: ¿estoy comiendo variado, incluyo pescado o alguna fuente de omega-3, duermo las horas que necesito, me muevo aunque sea un poco? No se trata demedicalizar la vida ni de convertir la mesa en un laboratorio, sino de sumar información antes de tomar decisiones.
“Una insuficiencia no determina por sí sola la existencia de un trastorno mental, aunque puede agravar factores vinculados con el cansancio, la irritabilidad o el bajo estado de ánimo.”Kimberley Wilson, psicóloga
Me fui de la nota con la misma fatiga con la que llegué, pero con una certeza nueva: a veces, antes de pedir un turno con el psiquiatra, conviene abrir la heladera y mirar con honestidad qué hay adentro. Wilson no promete soluciones mágicas ni curas exprés. De hecho, insiste en que los cambios de hábitos pueden tardar meses en percibirse. Pero su planteo tiene algo que contagia: la idea de que la salud mental no se construye solo en el diván ni solo en la cocina, sino en la conversación sincera entre quienes saben de psiquis, quienes saben de nutrientes y, sobre todo, en la voluntad de cada uno de cuidarse de manera integral.
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