La esquina de Mafalda: una postal de San Telmo que se camina con paciencia y mate en mano
Turistas y vecinos confluyen en Chile y Defensa para fotografiarse con la escultura del personaje de Quino, en el corazón del Paseo de la Historieta porteño. La recorrida puede completarse con la feria dominical, donde la imagen de Mafalda se multiplica en cerámicas, mates y muñecas tejidas, aunque no todo lo que lleva su cara fue escrito por su creador.
Llegué a la esquina de Chile y Defensa una mañana de domingo, con el sol todavía tibio y la feria de San Telmo empezando a tomar temperatura. Lo primero que vi no fue un puesto de artesanías ni un puesto de mate, sino una fila corta pero constante de personas que se acomodaban el pelo, sacaban el celular y esperaban su turno para posar al lado de una nena de bronce sentada en un banquito, con un libro abierto sobre las rodillas y la mirada puesta en algún lugar del mundo. Era Mafalda, por supuesto, la criatura que Joaquín Salvador Lavado, conocido como Quino, dibujó durante casi una década y que terminó convertida en una de las esculturas más fotografiadas del barrio. Yo me quedé un rato mirando la escena, parado del otro lado de la calle, tomando nota de cómo se movía la gente alrededor del Paseo de la Historieta, ese circuito de estatuas que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires habilitó en 2009 para rendirle homenaje a los personajes de la historieta argentina.
La caminata hasta la nota fue corta, porque vengo caminando San Telmo desde hace años, pero cada vez que uno se acerca a esa esquina tiene la sensación de estar entrando en un escenario. La estatua está sobre la vereda de Defensa, casi pegada a Chile, y no tiene vallado ni rejas: cualquier peatón puede sentarse al lado, abrazarla o sacarse una foto con ella como si fueran amigos de toda la vida. Esa cercanía es, en parte, lo que explica por qué la esquina se convirtió en un punto de encuentro obligado para turistas y vecinos. Los primeros llegan con la dirección escrita en el mapa y la cámara lista; los segundos se acercan por costumbre, porque saben que ahí siempre hay alguien conocido o porque simplemente quieren repetir la postal. Lo cierto es que, a diferencia de otros monumentos porteños, Mafalda no impone distancia: se puede tocar, se le puede hablar y, si uno se queda unos minutos, alcanza a escuchar en varios idiomas la misma pregunta recurrente, que es cómo se llega hasta la Plaza de Mayo o dónde se compra un buen souvenir.
La feria del domingo y el merchandising del personaje
La visita puede combinarse sin esfuerzo con la feria dominical de San Telmo, que se extiende a lo largo de Defensa y de las calles laterales, entre Plaza de Mayo y Parque Lezama. Mientras se camina entre los puestos, la imagen de Mafalda aparece una y otra vez, repetida en cerámicas pintadas a mano, mates con la historieta serigrafiada, cuadernos, imanes, pines, tazas y muñecas tejidas con lana de colores. Algunos objetos son artesanales, obra de pequeños productores que trabajan en el barrio, y otros forman parte de líneas oficiales con licencia del personaje. Conviene mirarlos con detenimiento antes de llevárselos a casa, porque no todo lo que lleva la cara de Mafalda fue efectivamente escrito por Quino: en la zona circulan piezas con frases atribuidas al personaje que nunca aparecieron en las tiras originales, un fenómeno que se repite con otras figuras de la cultura popular y que suele generar confusiones en los visitantes que no conocen la obra completa.
La presencia del personaje no termina en la esquina de Chile y Defensa. En los comercios cercanos se instalaron otras estatuas que completan el recorrido y que permiten encontrarse con Mafalda en más de un punto del barrio, sin necesidad de hacer filas largas. Esa dispersión es parte del atractivo del paseo: uno puede ir a la foto principal, después seguir caminando y toparse con otra escultura, y de ese modo la visita se vuelve menos rígida, más cercana a una recorrida barrial que a un trámite turístico. Aun así, hay que tener paciencia si lo que se busca es la postal clásica, porque la fila en la esquina es parte del movimiento habitual alrededor de la escultura. No hay un tiempo de espera informado oficialmente, pero el ritmo depende del día y de la hora: a la mañana la concurrencia suele ser más ordenada, mientras que al mediodía y durante la tarde el flujo de visitantes se intensifica.
“Para mí, lo más interesante de Mafalda es que detrás de cada chiste hay una mirada crítica sobre el mundo, y eso es algo que la gente sigue reconociendo, aunque pasen los años.”Tute, humorista gráfico, 49 años
- La esquina de referencia para la foto clásica es Chile y Defensa, en pleno Paseo de la Historieta del barrio de San Telmo.
- La estatua no tiene vallado: se puede tocar, sentarse al lado y tomarse fotos sin restricciones.
- La feria dominical de Defensa ofrece cerámicas, mates, cuadernos, imanes y muñecas tejidas con la imagen de Mafalda.
- Conviene revisar las inscripciones: hay objetos con frases que Quino nunca escribió en sus tiras.
- El universo del personaje incluye a Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad, entre otros.
- Además de la escultura principal, hay otras estatuas de Mafalda en comercios de la zona, lo que amplía las oportunidades de foto durante la recorrida.
Antes de irme, volví a la esquina de Chile y Defensa para mirar una vez más la escena del principio. La fila se había estirado un poco, había un grupo de turistas brasileños sacándose fotos con un bastón selfie y una pareja de abuelos que leía en voz alta una de las frases del banco de la plaza. Me quedé pensando en algo que me dijo Tute, el humorista gráfico de 49 años que conoce bien la obra de Quino: que detrás de cada chiste de Mafalda hay una mirada crítica sobre el mundo, y que eso es lo que la gente sigue reconociendo, aunque pasen los años. San Telmo, con sus adoquines, su feria y su bronce sentado en un banquito, se encarga de recordarlo cada domingo. Si tuviera que elegir un personaje de Quino para una foto, me quedo con Mafalda, pero entiendo perfectamente a quien prefiera a Manolito con su diario bajo el brazo, o a Susanita pensando en el casamiento del medio pelo. La esquina, mientras tanto, sigue ahí, abierta, esperando al próximo visitante con la misma paciencia de siempre.
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