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JUE, 10 SEPT 2026
Vida

Cuando una simple llaga en la boca deja de ser una simple llaga en la boca

Aftas que duelen, vuelven o no se van: las señales que indican que ya es momento de sentarse frente a un profesional y dejar de improvisar con enjuagues.

RK
Renata KowalskiSociedad · 10 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Me acerco hasta el consultorio de la doctora Mariana Ledesma, odontóloga con treinta y dos años de ejercicio, una mañana de martes en la que el consultorio todavía huele a café del primer turno. La encuentro revisando la boca de una paciente, Olga, de cincuenta y siete años, que le muestra una lastimadura en la cara interna del labio que, según cuenta, lleva más de veinte días sin cerrarse. 'Es la tercera vez que me pasa en el año', me dice Olga, mientras la profesional le ilumina la zona con una linterna pequeña. La escena, tan doméstica como parece, es exactamente lo que cualquier folleto de salud intenta advertir: no todas las llagas son iguales, y hay un punto en el que dejar pasar el tiempo deja de ser prudencia para convertirse en descuido.

Las aftas, esas heridas dolorosas que aparecen dentro de la boca, son mucho más comunes de lo que uno imagina. El Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos estima que cerca de una cuarta parte de la población las padezca en algún momento de su vida. No se contagian, no tienen origen infeccioso y, en la mayoría de los casos, se resuelven solas en una o dos semanas sin tratamiento. Esa es, justamente, la trampa: como casi siempre se van solas, uno se acostumbra a convivir con ellas y termina restándoles importancia incluso cuando la situación ya cambió.

Por qué aparecen y por qué a veces no se van

La Clínica Mayo detalla que entre los desencadenantes más frecuentes aparecen las mordeduras accidentales, el cepillado demasiado enérgico, el roce de aparatos de ortodoncia o de prótesis mal ajustadas y los bordes filosos en alguna pieza dental. También suman los alimentos ácidos, picantes o salados, que irritan la zona y prolongan el malestar. La buena noticia es que identificar y corregir ese factor, ya sea ajustando un aparato, aliviando un filo o suavizando la técnica de cepillado, reduce las chances de una nueva irritación. La mala noticia es que, cuando la llaga se repite o no responde a esos cuidados, el cuadro puede estar hablando de algo más.

Las señales concretas para pedir turno

  • La lesión supera las dos semanas sin cicatrizar.
  • Las aftas reaparecen con frecuencia a lo largo de los meses.
  • La llaga es inusualmente grande o se extiende de manera atípica.
  • Aparece una nueva antes de que termine de cerrarse la anterior.
  • El dolor no se controla, impide comer o beber con normalidad.
  • Se acompaña de fiebre o de un malestar general que no estaba antes.

La propia Clínica Mayo advierte que las aftas que se repiten con regularidad pueden estar relacionadas con niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12. Esa asociación no significa que cualquier persona con llagas frecuentes tenga una carencia ni que deba lanzarse a tomar suplementos por cuenta propia: el profesional evaluará, según la historia clínica y los síntomas, si corresponde pedir análisis. Una revisión publicada en el repositorio científico PMC refuerza la idea de que, antes de atribuir las lesiones a aftas recurrentes, hay que descartar otras causas posibles, lo que en la práctica se traduce en una evaluación que contempla los síntomas que aparecen tanto dentro como fuera de la boca.

Antes de irme del consultorio, le pregunto a Mariana qué les dice a los pacientes que insisten en seguir adelante con enjuagues de farmacia y aguantar el dolor. Me mira, se saca los guantes y contesta con una frase que me queda dando vueltas todo el camino de vuelta a la redacción: 'Una llaga ocasional no es nada, pero una llaga que no avisa cuándo se va ya es otra cosa'. Le creo. Le creo porque, mientras camino con la libreta bajo el brazo y todavía el sabor del café del consultorio en la garganta, pienso en Olga, en sus veinte días de espera, en la tercera vez del año, y en cuántas veces uno hace exactamente lo mismo con el propio cuerpo: mirar para otro lado hasta que la lastimadura deja de ser una excepción y se convierte, sin que nos demos cuenta, en una costumbre.

RK

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