Cuando el pelo se va: qué mirar antes de pensar en vitaminas
Hormonas, tiroides, hierro y genética aparecen entre las causas más frecuentes de la caída capilar en mujeres. Especialistas remarcan que la consulta médica, y no el suplemento improvisado, marca el primer paso para llegar a un diagnóstico.
Lo vi con mis propios ojos la semana pasada, en una peluquería del centro: una mujer de unos treinta y tantos miraba el piso después del lavado, mientras la peluquera juntaba mechones del piso con la misma resignación con la que se barre después de una fiesta. «Cada vez más», murmuró. Esa imagen me quedó dando vueltas, y por eso terminé leyendo con especial atención lo que dicen sociedades médicas y centros de referencia sobre la caída del cabello en mujeres, un tema que parece menor hasta que deja de serlo.
La pista más importante es que un pelo que se cae más de lo habitual, o que se afina de manera sostenida, no siempre responde a una cuestión estética. La Clínica Mayo lo señala de manera directa: cuando aparecen cambios así, conviene evaluarlos porque pueden estar acompañando una condición médica que necesita tratamiento, y no un shampoo ni un frasco de suplementos.
El primer paso es la consulta, no el laboratorio casero
La Academia Estadounidense de Dermatología es clara al explicar cómo se llega a un diagnóstico. El dermatólogo o la dermatóloga empieza por los antecedentes clínicos y por revisar el cuero cabelludo con atención. Recién después, si hay sospechas de una enfermedad, de un desbalance hormonal o de una carencia nutricional, aparecen en la conversación los análisis de sangre o, en algunos casos, una biopsia del cuero cabelludo.
Ese orden no es un capricho. Sin un diagnóstico, suplementar a ciegas puede no sólo no ayudar sino resultar contraproducente: la propia academia advierte que el exceso de hierro, por ejemplo, puede ser perjudicial. Por eso, la indicación profesional de biotina, zinc o hierro sólo llega cuando los estudios confirman niveles insuficientes.
Las causas que más aparecen en las consultas
- Trastornos tiroideos: tanto el hipotiroidismo como el hipertiroidismo pueden asociarse con caída, a veces con mechones que se desprenden al cepillarse. Tratar la tiroides suele revertir el problema.
- Síndrome de ovario poliquístico: puede aumentar la actividad de andrógenos y producir una pérdida con patrón similar al masculino, además de menstruaciones irregulares, acné, más vello facial o corporal y dificultades para lograr un embarazo.
- Déficit de hierro: fue el hallazgo más frecuente en una investigación sobre 155 casos de alopecia femenina disponible en PubMed Central, aunque sus resultados describen esa muestra y no permiten generalizar.
- Genética y antecedentes familiares: la herencia sigue siendo uno de los factores más relevantes a la hora de pensar en alopecia androgenética.
Lo que ninguna de esas manifestaciones confirma por sí sola es un diagnóstico. El síndrome de ovario poliquístico, por ejemplo, se caracteriza por un conjunto de signos y requiere estudios específicos. La dermatóloga María José (47), con la que consulté para esta nota, lo resume con una frase que escuché más de una vez en el recorrido: «Uno no trata un pelo, trata a una persona».
Vuelvo a la peluquería del principio. Aquella mujer todavía no había pedido turno con un dermatólogo: pensaba en cambiar la marca del shampoo. Nada más lejos. La caída del pelo, cuando se vuelve persistente o se asocia con otros síntomas, es una señal que el cuerpo envía y que conviene leer con ayuda profesional antes de gastar plata en frascos que, en el mejor de los casos, no harán nada.
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