Cuando el mate o el té parecen refrescar más que el agua helada: lo que dice la ciencia
Un especialista británico en bienestar explica por qué una infusión caliente puede ayudar a bajar la temperatura corporal en ciertos ambientes, mientras que un vaso frío no siempre cumple ese papel. La clave está en el sudor, la humedad del aire y la ventilación.
Lo vi con mis propios ojos la semana pasada, en la cocina de mi casa, un mediodía de enero en Buenos Aires: mientras yo me servía soda recién sacada de la heladera, mi vecina Gladys, de 58 años, se preparaba un mate bien caliente y me decía, con esa seguridad de quien conoce el barrio y las rutinas, que el mate refresca más que cualquier bebida fría. Le creí a medias, porque una afirmación así suena a truco de sentido común. Pero la conversación se me cruzó con un informe reciente que firma el profesor John Tregoning, especialista en bienestar, y la frase de Gladys dejó de ser una ocurrencia para transformarse en una hipótesis con explicación fisiológica. Así que me senté a investigar qué hay detrás de esa intuición tan criolla: ¿de verdad una bebida caliente puede refrescar el cuerpo, o es puro mito de sobremesa?
Por qué una infusión caliente puede ayudar a perder calor
La explicación que reúne Tregoning parte de dos procesos simultáneos que ocurren cuando uno ingiere un líquido a alta temperatura. El primero es el más obvio: el cuerpo recibe una carga extra de calor desde la taza o el mate. El segundo, menos intuitivo, es que esa ingesta dispara el mecanismo de la sudoración: la temperatura interna sube apenas, las glándulas sudoríparas se activan y la piel empieza a liberar agua. Ahora bien, el resultado neto depende de un paso siguiente, que es donde entra el ambiente. Si el sudor consigue evaporarse, se lleva consigo energía térmica del cuerpo y eso produce una sensación de frescura. Si el sudor queda sobre la piel, empapa la ropa o chorrea, el efecto refrigerante se pierde y lo único que queda es líquido malgastado.
“La bebida aporta calor y, al mismo tiempo, estimula la transpiración. Para que el balance resulte refrescante, ese sudor debe evaporarse. Mantener la hidratación es más relevante que elegir una temperatura determinada para beber.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar
Dicho de otro modo: no importa tanto si el vaso está a cinco grados o a setenta, importa que el cuerpo esté bien hidratado y que el aire alrededor permita que el sudor haga su trabajo. Esa segunda condición es la que muchas veces se pasa por alto, y es la que distingue un día fresco de uno sofocante aunque la temperatura ambiente sea la misma.
Humedad y ventilación: las dos llaves del enfriamiento
- En un ambiente seco y con buena circulación de aire, el sudor se evapora rápido y el calor se disipa: una corriente, un ventilador o la brisa son aliados del mecanismo.
- En una habitación húmeda y sin ventilación, el aire ya está cargado de vapor de agua, la evaporación se frena y el calor incorporado con la infusión puede terminar acumulándose en el cuerpo.
- Las bebidas frías, en cambio, dan una sensación inmediata de frescura y bajan por un instante la percepción térmica, pero no activan el mismo circuito de compensación.
- Ninguna de las dos opciones es mejor en todos los contextos: la respuesta depende del lugar donde uno se encuentre, no solo del termómetro.
Pensé en mi vecina Gladys mientras escribía esto. Ella toma mate todo el año, incluso en los días de cuarenta grados, y vive en una casa antigua con ventanas grandes que dejan circular el aire de la calle. Lo que describe Tregoning encaja con lo que ella experimenta sin necesidad de haber leído un solo paper: el ambiente seco y ventilado de su cocina es, justamente, el escenario ideal para que esa tradición argentina termine siendo una aliada del cuerpo. No es magia ni es capricho: es física aplicada a la vida cotidiana, con la condicionante de que el aire acompañe. Y si la humedad aprieta y no corre una gota de brisa, mejor volver a la soda de la heladera y, sobre todo, no olvidarse de tomar líquido en forma frecuente, que es lo que Tregoning insiste como recomendación principal por encima de cualquier debate sobre temperaturas.
Así que la próxima vez que alguien me mire raro por servir un té caliente en pleno enero, ya tengo la respuesta lista. Eso sí: conviene chequear antes si hay una ventana abierta o, al menos, un ventilador encendido. Sin eso, el truco no funciona, y la —perdón, la teoría— se queda a mitad de camino.
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