Atacama, la tierra que vive de la sed, amaneció pintada de fucsia
Después de lluvias récord, más de 200 especies nativas salieron a la superficie del norte chileno y cambiaron el paisaje de una de las zonas más áridas del planeta.
Hay que decirlo sin vueltas: el desierto más seco del mundo se vistió de fiesta. Entre julio y septiembre llovió como nunca y el norte de Chile se llenó de flores silvestres de color fucsia que hasta hace poco parecían imposibles.
Un desierto que se despertó de golpe
La zona recibe apenas dos milímetros de lluvia al año. Este invierno, Vallenar llegó a 183,5. Esa cantidad de agua alcanzó para despertar semillas, bulbos y rizomas que estaban dormidos bajo la arena. La causa directa es El Niño, el fenómeno que calienta de forma anómala las aguas del Pacífico y altera el clima en todo el planeta.
Las protagonistas
- La añañuca
- La garra de león
- La pata de guanaco
- La flor del jote
- Y más de 200 especies nativas florecidas al mismo tiempo
Según la Corporación Nacional Forestal (CONAF), el fenómeno abarca el 23% de la región, unos 17.000 kilómetros cuadrados, y se ubica entre los más extensos de las últimas décadas. Pero la postal tiene su lado duro: las mismas tormentas dejaron inundaciones, aluviones y decenas de viviendas afectadas.
La ventana se cierra rápido. Para noviembre la mayoría de las flores ya habrá desaparecido, aunque las especies más resistentes a la sequía pueden aguantar hasta enero. Los accesos principales están en el Parque Nacional Llanos de Challe, cerca de Vallenar.
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