Una bióloga muerta, una editora con su manuscrito y un secreto que cambia todo
Claudia Piñeiro vuelve a las librerías con El canto invisible, una novela que cruza el duelo, el canto de las aves y la trastienda del trabajo editorial. La autora le contó a Sociedad cómo construyó a su protagonista y por qué eligió a las aves como motor de la historia.
Llego a la cita todavía con la melodía de un benteveo sonando en la cabeza, esa que uno aprende a reconocer de chico sin saber que tiene nombre y que cualquier aplicación moderna te identifica en cinco segundos. Y no es casual, se lo juro, porque vengo de pasar la mañana leyendo el libro nuevo de Claudia Piñeiro, El canto invisible, que Alfaguara acaba de poner en la calle y que tiene a las aves como protagonista secreta. Me siento en el café, pido un cortado y la autora se acomoda del otro lado con esa mezcla de amabilidad y seriedad que la caracteriza, como si estuviese a punto de contarme algo que le importa de verdad.
Ahí me entero de que la novela nació de un cruce raro, de esos que parecen casuales y después terminan siendo el corazón de un libro. Piñeiro estaba cenando en Madrid cuando alguien le mostró una aplicación para el celular que identifica especies de pájaros por el canto. La herramienta se llama Merlin Bird ID y la desarrolló el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos. Volvió a Buenos Aires enganchada, empezó a identificar los cantos que escuchaba en su propia casa y, sobre todo, descubrió algo que la indignó: muchos naturalistas, incluso libros de referencia, insisten en que las hembras de las aves no cantan. Ella sabe que eso no es así. Y de esa certeza nació buena parte de la novela.
Una editora, una bióloga y un manuscrito que cambia la historia
La historia sigue a Julia Muntaner, una editora de 64 años que debe ordenar y darle forma al libro que dejó su amiga Marina Martinelli, una de las biólogas más importantes del país, fallecida en un accidente de tránsito. Marina investigaba el canto de las aves y su manuscrito es la excusa, pero también el motor, para que Julia reconstruya recuerdos, dialogue imaginariamente con ella y se cruce con información que modifica lo que creía saber sobre la persona con la que compartió años de amistad. A medida que avanza la edición, Julia descubre un secreto que atravesó la relación desde mucho antes y que la obliga a repensar lo que sabía de su amiga y, en buena medida, de sí misma.
Como leí en el prólogo que la propia autora firma para la prensa, el personaje de Julia no sale de la nada. Piñeiro me cuenta que la editora reúne referencias de varias mujeres con las que trabajó a lo largo de su carrera: Julia Saltzmann, Julieta Obedman, Ana Laura Pérez, Gabriela Franco y Magalí Etchebarne. Eso se nota. La novela pone en primer plano algo que el público lector casi nunca ve, que es el trabajo de edición en sí: leer un manuscrito, discutirlo, dudar, cortar, reescribir, defender una página y pelearse con otra. Hay un capítulo, me cuenta Claudia con una sonrisa, en el que Julia discute con un autor por una coma. Y yo, que también edito, la miro y le digo que ese capítulo me duele especialmente.
Mujeres que cantan, dentro y fuera del libro
- Las protagonistas son dos mujeres adultas, amigas de larga data, que vuelven a encontrarse a través de un manuscrito y un secreto.
- El universo del libro combina investigación científica, memoria personal y la trastienda del trabajo editorial.
- Piñeiro incluyó un glosario final con mujeres ornitólogas relevantes, como forma de reparar el olvido sobre los cantos de las hembras.
- La novela se publica por Alfaguara y se consigue en librerías de todo el país desde las últimas semanas.
Antes de despedirnos, le pregunto qué la obsesionó de las aves mientras escribía, y se le iluminan los ojos. Me habla de un experimento con pájaros cantores en el que aislaron a una hembra para ver si cantaba sola. Cantaba. La metieron en una jaula con un macho, calló. La devolvieron a la soledad, volvió a cantar. Me lo cuenta con esa indignación cálida que tienen las feministas de toda la vida, y yo pienso que El canto invisible es, en el fondo, una novela sobre eso: sobre todo lo que cantamos cuando nos dejan solas, y sobre todo lo que silenciamos cuando alguien nos dice que lo que hacemos no tiene valor. Salgo del café, miro el cielo de Buenos Aires y trato de identificar, con la ayuda de una aplicación prestada, qué pájaro me está regalando el primer sonido del día.
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