Treinta segundos colgado de una barra: el ejercicio que muchos adultos olvidaron y que puede aliviar el desgaste de estar sentado
El fisioterapeuta australiano Daniel Vadnal y la colega Hazel Anderson, de la University of St. Augustine for Health Sciences en Austin, explican por qué colgarse medio minuto activa hombros, espalda y antebrazos que suelen quedar en silencio después de una jornada frente a la pantalla.
Voy camino al gimnasio con la mochila colgada de un hombro y el cuello tenso como un cable. Hace frío, son las siete de la tarde, y todavía me pesa la jornada entera pegada al teclado. Pienso en escribir esta nota y se me ocurre que hay algo raro en la vida adulta: de chicos nos colgábamos de cualquier barra de plaza como si fuera lo más natural del mundo, y después, un día sin fecha exacta, dejamos de hacerlo para siempre. Hoy me propongo mirar ese gesto con ojos de adulta y entender por qué un fisioterapeuta muy seguido en redes y una colega de una universidad de Estados Unidos insisten en recuperarlo.
El movimiento es el más simple del manual. Hay que pararse debajo de una barra fija, tomarse con las dos manos a la altura de los hombros, estirar los brazos hacia arriba y dejar que el cuerpo quede suspendido, con los pies en el aire o apenas apoyados en el piso para empezar con menos carga. No es una inversión, no es un ejercicio de circo ni una proeza de la calistenia: es, como sostiene Daniel Vadnal, fisio australiano que vive en Estados Unidos y maneja el canal FitnessFAQs, un hábito intuitivo que casi todos tuvimos y que muchos perdieron.
Dos maneras de quedarse colgado, según el cuerpo de cada uno
- Suspensión pasiva: el cuerpo se cuelga y los hombros suben solos hacia las orejas, dejando que el peso genere el estiramiento de pecho, dorsales y tríceps. Es la opción más amigable para empezar.
- Suspensión activa: los omóplatos se bajan de manera deliberada, con más tensión en la espalda y la cintura escapular. La sostienen quienes ya tienen cierto control y quieren llevar el ejercicio un paso más allá.
- Zona intermedia: Vadnal aclara que no hay dos categorías cerradas sino un rango. Cada uno se acomoda en el punto que el cuerpo tolere sin dolor ni temblor excesivo.
La clave, según me cuentan, no está en la épica sino en la constancia. Con quedarse treinta segundos colgado ya se trabaja una cadena de músculos que suelen estar en silencio todo el día: pectorales, dorsales, tríceps, pero también dedos, manos y antebrazos. Hazel Anderson, fisio de la University of St. Augustine for Health Sciences en Austin, pone el foco en la muñeca y el agarre, una zona que interviene en tareas tan comunes como cargar las bolsas del súper, abrir un frasco o sostener el bolso en el colectivo. Para quien pasa horas frente a una pantalla con los hombros cerrados hacia adelante, dice Vadnal, ese medio minuto devuelve al cuerpo a un rango de movimiento al que rara vez lo dejamos ir.
Ahora, vale una advertencia honesta para no vender humo: la sensación de alivio y extensión que muchos perciben al bajar de la barra es real mientras dura, pero no reemplaza a un tratamiento postural ni a una rehabilitación. La evidencia clínica sobre efectos permanentes en dolor de cuello o de hombros todavía es limitada, y la explicación más prudente es la que dan los dos profesionales: el cuerpo entra en una posición inhabitual, se estira, descarga, y después vuelve a la rutina de siempre. Quien tenga lesiones en el hombro, en la muñeca o problemas cervicales conviene que consulte con un profesional antes de colgarse, porque la tracción pesa sobre articulaciones sensibles.
Salgo del gimnasio con el hombro un poco más atrás de donde llegué, camino lento hasta la parada del colectivo y me acuerdo de la nena que se colgaba en la plaza del barrio hasta que los brazos no daban más. No hace falta recuperar a esa nena entera, alcanza con devolverle al cuerpo adulto treinta segundos de ese juego. Es poco, es gratis, y probablemente sea de las mejores cosas que uno puede hacer por los propios hombros en el pasillo de una plaza, en el marco de una puerta o en la barra más modesta del gimnasio del barrio.
“No es un ejercicio avanzado, es un gesto que todos tuvimos y que se puede recuperar sin equipamiento ni horas extra.”Daniel Vadnal, fisio australiano, creador de FitnessFAQs
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