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LUN, 19 OCT 2026
Vida

Remediar, el programa que se quedó sin remedios: del mostrador lleno a seis cajas en la pared

El plan federal que llevaba 128 medicamentos a los centros de salud primaires pasó a repartir apenas seis, todos para el corazón. Antibióticos, jarabes, antiinflamatorios y pastillas para la diabetes ya no llegan a los dispensarios del barrio. Especialistas y funcionarios advierten que la demanda se va a volcar sobre los hospitales públicos, que no dan abasto.

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Renata KowalskiSociedad · · lectura 4 min
Remediar, el programa que se quedó sin remedios: del mostrador lleno a seis cajas en la pared

La recorrida arranca temprano, cuando todavía el sol no termina de asomarse detrás de los techos del barrio. En el dispensario de la esquina, Mabel, de 54 años, atiende detrás de un mostrador que alguna vez estuvo lleno de cajas de medicamentos y hoy tiene apenas un par de estantes ocupados. Me mira, se acomoda el guardapolvo blanco y me dice, mientras acomoda unos formularios sobre la mesa: 'Acá venía la gente por el jarabe para los chicos, por el antibiótico, por la pastilla para la presión. Ahora les tengo que decir que no hay'. La escucho, tomo nota, y mientras ella sigue hablando pienso que esa escena se repite, palabra más palabra menos, en miles de centros de salud del país.

Porque el dato, cuando lo desgrano, es de esos que golpean: el programa Remediar, que durante más de veinte años fue el corazón del abastecimiento del primer nivel de atención, pasó de distribuir 128 medicamentos a apenas seis. Es decir, una reducción del orden del 95 por ciento en el vademécum que llegaba a los dispensarios, a los centros de salud municipales y a las salas comunitarias de toda la Argentina. La información se conoció en los últimos días y la confirmé con fuentes sanitarias y con lo que se viene debatiendo en el Consejo Federal de Salud, el COFESA, donde se sientan los ministros de Salud de todas las provincias.

Qué dejó de entregarse y qué sigue en juego

Entre los productos que ya no se distribuyen están, según me detallaron, buena parte de los antibióticos de uso ambulatorio, los antiinflamatorios más recetados en la consulta diaria, los jarabes pediátricos que se llevan las mamás y los papás cuando los chicos tienen fiebre o les duele la garganta, vitaminas y fármacos claves para personas con diabetes. Todo eso, que era el pan de cada día en la atención primaria, dejó de llegar al mostrador de Mabel y al de sus colegas. Los únicos seis medicamentos que siguen repartiéndose son los vinculados a patologías cardiovasculares, esa línea roja que el gobierno nacional trazó en las últimas reuniones del COFESA como la prioridad del programa.

“Desde hace tres años esta parte ha sido cercenada y restringida en forma permanente hasta llegar a este momento. Seguramente va a haber un colapso respecto a ese tema.”Gustavo Klein, secretario de Salud de Córdoba

La frase es de Gustavo Klein, funcionario de Córdoba, y la reproduzco tal cual me la hicieron llegar desde esa provincia. Klein lleva años viendo cómo se vacía el programa y advierte, con tono seco, que lo que se viene es un desborde: las consultas que antes se resolvían en el centro de salud del barrio, con una receta y un viaje corto, van a empezar a caer sobre los hospitales públicos provinciales, cuyas farmacias están preparadas para otra lógica de atención. La advertencia no es menor: si el primer nivel deja de resolver lo que resolvía, el segundo nivel se congestiona, las guardias se llenan y las esperas se multiplican.

  • Antibióticos de uso ambulatorio: dejaron de llegar al primer nivel de atención.
  • Antiinflamatorios comunes: fuera del vademécum que se reparte en los dispensarios.
  • Jarabes pediátricos y vitaminas: ya no se entregan en los centros de salud municipales.
  • Medicación para diabetes: los pacientes deben buscarla por otra vía.
  • Solo seis fármacos cardiovasculares continúan repartiéndose dentro del programa.
  • La demanda que no se resuelva en los barrios se traslada a los hospitales públicos.

Vuelvo al dispensario de Mabel antes de cerrar la recorrida. Me quedo mirando los estantes semivacíos, las recetas apiladas, las sillas donde se sientan los vecinos a esperar el turno. Ella me cuenta que hay pacientes, como Jorge, de 62 años, que retiraba su medicación para la diabetes ahí mismo, a dos cuadras de su casa, y que ahora tiene que tomar un colectivo hasta el hospital provincial para ver si la consigue. Es un viaje que para muchos suena menor, pero que para una persona grande, sin obra social, con la plata justa para el boleto, es una barrera nueva que se suma a las que ya tenía. Le pregunto cómo se siente y me responde, sin levantar la voz: 'Es como si te sacaran la salud del barrio'. La nota se cierra. Pero el tema, claramente, no.

RK

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