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DOM, 27 SEPT 2026
Vida

Caminar, dormir y no pasarse de rosca: la fórmula que une al ejercicio con la vida sexual

La fisioterapeuta especializada en suelo pélvico Erika Lydon explica por qué moverse bien puede mejorar el deseo y cómo el sobreentrenamiento, la mala alimentación y la falta de descanso pueden terminar jugándole en contra a la libido. Una guía para arrancar sin frustraciones, basada en datos y en el sentido común.

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Renata KowalskiSociedad · 27 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Eran cerca de las diez de la mañana cuando llegué al consultorio de Erika Lydon, una fisioterapeuta de 42 años especializada en suelo pélvico, y la encontré terminando de explicarle a una paciente algo que escuché al pasar: que a veces, por hacer demasiado, se termina perdiendo el deseo en lugar de ganarlo. La frase me quedó dando vueltas mientras me acomodaba para la entrevista, porque resume de manera muy simple una idea que la especialista viene repitiendo hace años: el movimiento bien dosificado puede ser un gran aliado de la vida sexual, pero el movimiento mal llevado, sin descanso ni comida, se convierte en un enemigo silencioso.

El punto de partida, según me contó Erika mientras preparaba un café, es bien terrenal: arrancar con lo que cada uno pueda sostener. Para la mayoría de las personas adultas, la referencia general que maneja la especialista son 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado por semana, o 75 minutos de actividad intensa, sumados a dos jornadas de entrenamiento de fuerza. Esa es la pauta que repiten las guías de salud y que, aclaró, apunta al bienestar general: no es un tratamiento mágico para el bajo deseo ni garantiza que la libido se dispare de un día para el otro. La salud, el estado emocional y el contexto de cada persona pesan tanto como las series y las repeticiones.

Empezar de a poco y elegir algo que no se haga cuesta arriba

Una de las recomendaciones más concretas que me dejó Lydon fue la de comenzar con caminatas cortas, de unos 15 minutos, e ir subiendo la exigencia de manera progresiva. La idea, me dijo, es elegir una actividad que resulte agradable y posible de mantener en el tiempo, porque la constancia le gana al esfuerzo puntual. Construir una rutina razonable, sostuvo, es lo que permite que los beneficios se acumulen, y esos beneficios, vaya casualidad, también pueden terminar apareciendo en la vida sexual.

Antes de lanzarse con ejercicios específicos para esa área, la especialista pide prestar atención a las señales del cuerpo. Si hay dolor o preocupación por el desempeño sexual, recomienda consultar a un profesional de la salud o a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico. Esa musculatura, explicó, sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre necesita fortalecerse: a veces, el problema pasa por otro lado.

Cuando los Kegel suman y cuando restan

Uno de los ejemplos más claros que me dio Erika tiene que ver con los ejercicios de Kegel, esos que suelen recomendarse como una solución casi universal. En algunos casos pueden servir, pero si los músculos del suelo pélvico ya están contraídos o les cuesta relajarse, repetirlos puede aumentar la tensión y terminar haciendo que las relaciones se vuelvan dolorosas. Por eso insiste en que la indicación tiene que ser personalizada y no sacada de un video de internet.

  • Mejorar la circulación, porque el trabajo aeróbico favorece al corazón y los vasos sanguíneos y facilita la llegada de sangre a los órganos sexuales, lo que interviene en la erección y puede contribuir a la excitación y a la función sexual femenina.
  • Bajar los niveles de estrés, ya que la tensión sostenida puede dificultar el interés sexual y el movimiento ayuda a mejorar el ánimo y a relajarse.
  • Cuidar el descanso, porque dormir mejor y sentirse menos presionado puede ocurrir antes que otros cambios y suele tener un impacto directo en el deseo.
  • Sumar entrenamiento de fuerza, que puede colaborar con procesos vinculados a la energía, el manejo del estrés y el equilibrio hormonal.
  • Evitar pasarse de rosca, porque entrenar demasiado, sin alimentarse bien ni recuperarse lo suficiente, puede terminar afectando la libido en lugar de mejorarla.

Salí del consultorio con la sensación de que, una vez más, la respuesta no estaba en un atajo sino en el camino largo: moverse lo que se pueda, comer lo necesario, dormir bien y consultar cuando algo duele o preocupa. Mientras caminaba las pocas cuadras hasta la parada del colectivo, pensé en lo que me había dicho Erika casi al despedirse: que el cuerpo necesita equilibrio para que el deseo tenga lugar, y que a veces el mejor consejo sigue siendo el más antiguo, el de no exigirse de más. Una caminata de 15 minutos, después de todo, puede ser un comienzo bastante razonable.

RK

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