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LUN, 07 SEPT 2026
Vida

Por qué el abdomen sigue acumulando grasa aun cuando uno se entrena y se cuida: lo que la evidencia viene diciendo hace rato

Más allá de las abdominales y de los menúes estrictos, hay un combo de factores hormonales, genéticos y de descanso que decide dónde y cómo se redistribuye la grasa. Una guía para entender por qué el espejo no siempre refleja el esfuerzo.

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Renata KowalskiSociedad · 7 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Vine a cubrir esta nota arrastrando la mochila llena de dietas que probé a lo largo de los años, así que la tomé como algo personal desde el arranque. Llevo décadas viendo en el consultorio, en el gimnasio y en la mesa familiar la misma escena: alguien que se exige con la comida, que se rompe haciendo sentadillas y planchas, y que igual se topa con el abdomen rebelde. Esa frustración, que muchas veces se vive en silencio, tiene más de fisiología que de voluntad, y los estudios más recientes ayudan a explicarlo con números concretos.

El cuerpo no elige de dónde saca la grasa

La idea de que se puede reducir una zona puntual del cuerpo es uno de los mitos más persistentes del fitness. Cuando se baja de peso, el organismo decide de qué reservas toma la energía según una lógica que combina genética, edad y hormonas, no según los ejercicios que más nos gustan. Por eso, aun entrenando con constancia, la zona media puede mantenerse como el último lugar donde se ven cambios visibles, aunque la grasa interna empiece a moverse.

En el abdomen conviven dos tipos de grasa: la subcutánea, ubicada justo debajo de la piel y la que más se nota a simple vista, y la visceral, que envuelve los órganos internos. Esta última es la que más preocupa a la medicina porque se asocia con un riesgo cardiovascular y metabólico más alto. La forma en que se acumula depende de la carga genética, de la edad y de los patrones hormonales de cada uno, y eso explica por qué dos personas con rutinas casi calcadas pueden terminar con cinturas muy distintas.

Dormir mal también engorda la panza

Hay un dato que suelo repetirles a los que me preguntan por qué noa la balanza: un trabajo de Mayo Clinic mostró que restringir sueño se asocia con un aumento del 9 por ciento en el área adiposa total del abdomen y del 11 por ciento en la grasa visceral, comparado con condiciones controladas. La falta de descanso, además, descompensa las señales de hambre y saciedad, y hace que cualquier plan alimentario se vuelva cuesta arriba a los pocos días. Por eso, hablar de abdomen sin hablar de sueño es discutir la película sin conocer el guion.

  • El cuerpo no quema grasa de forma localizada: la zona abdominal suele ser la última en modificarse, aun cuando se entrene con foco.
  • La grasa visceral, la más profunda, se relaciona con mayor riesgo cardiovascular y metabólico, y responde a genética, edad y hormonas.
  • Dormir mal no solo cansa: puede incrementar la grasa del abdomen hasta en un 11 por ciento según estudios controlados.
  • Mejorar dieta y subir la actividad física al mismo tiempo se asocia con menos acumulación de grasa visceral a lo largo de los años.
  • El progreso se mide mejor por la fuerza ganada, la constancia de los hábitos y la circunferencia de cintura que por lo que muestra el espejo.

Un estudio publicado en JAMA Network Open, que siguió a más de 7.000 adultos durante un promedio de 7,2 años, encontró que mejorar la calidad de la dieta y aumentar la actividad física, cuando ocurren al mismo tiempo, se asocian con menor acumulación de grasa visceral. El grupo con mayores mejoras conjuntas presentó 149 gramos menos de grasa visceral al final del seguimiento. Es un número que, traducido a la vida cotidiana, significa que la suma de hábitos pesa más que cualquier atajo aislado.

Cerré la jornada volviendo al lugar del que partí: la cocina de casa, con la foto familiar en la heladera y la misma pregunta de siempre dando vueltas. Entendí que el abdomen que no cede no es un fracaso personal sino la expresión de un organismo que negocia con la genética, el descanso y el paso de los años. La salida, coinciden los papers y coinciden los que pasan los cincuenta y tantos con el lomo todavía entero, pasa por armar un trío que se banque el tiempo: comida mejorada, movimiento sostenido y un sueño que deje de ser el gran olvidado.

“Quien entrena con constancia pero igual acumula grasa en el abdomen no está haciendo las cosas mal: está peleando contra mecanismos fisiológicos que piden un enfoque más amplio.”Lectura de los estudios revisados
RK

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