María Laura los vio primero como maestra, después como madre: hoy es mamá de siete
Tenía 38 años y dos alumnos que le cambiaron la vida. Empezó como referente afectiva de seis hermanos que vivían en un hogar y terminó armando la familia que siempre soñó, justo cuando el proceso de adopción parecía trabado para siempre.
Los conocí primero como maestra, después como visitante del hogar donde vivían y, finalmente, como la persona a la que ellos mismos eligieron para llamarla mamá. María Laura tiene hoy 42 años, vive en un departamento que ya no le entra en las fotos y contesta el teléfono mientras uno de los gemelos le pide permiso para salir a la plaza con Nahitan, que acaba de cumplir un año y se cuelga de la remera del más grande cada vez que puede. La escena, vista con mis propios ojos en la cocina de la casa, resume una historia que empezó hace casi una década y que tiene más capas de las que entran en un primer repaso.
De dos a nueve: cómo empezó todo
Cuando decidí postularme para adoptar, yo tenía 38 años y una pareja que me acompañaba, pero también un departamento chico y muchas dudas. La historia me llegó de una manera que se honra con un nombre y una edad: María Laura, 38, maestra como oficio y como forma de mirar el mundo. Dos de los seis hermanos eran sus alumnos en la escuela y ella colaboraba en el hogar donde los chicos vivían hacía cinco años. La posibilidad de adoptarlos empezó a tomar forma de a poco, aunque al principio le parecía inalcanzable: el espacio físico no ayudaba y la idea de hacerse cargo de seis niños a la vez generaba reparos también en su pareja, que en ese momento temía no poder sostener económicamente la responsabilidad.
La pareja se separó por un tiempo y ella inició los trámites sola. Los primeros pasos del proceso de vinculación duraron varios años y pasaron por varias etapas, porque los chicos tampoco querían ser adoptados de entrada y ella tampoco se sentía lista para dar el paso definitivo. La figura que terminó funcionando para los dos lados fue la de referente afectivo: alguien que los acompaña sinles el lugar de hermanos. Cuando le preguntaron si quería a uno solo, a los gemelos o a los mellizos por separado, la respuesta fue clara y la pronunció con la misma firmeza con la que la repite hoy: "Quiero estar con los seis".
“La más grande tenía que cederme el derecho a cuidarlos. Fue un desafío que ella tuvo que afrontar: dejarme el cuidado de los chicos a mí, de a poco.”María Laura, 42 años
El recreo que lo cambió todo
El punto de inflexión llegó en un recreo escolar, cuando algunos de los chicos se le acercaron y le dijeron algo que ella todavía recuerda palabra por palabra: "Te elegimos para ser nuestra mamá". Desde ese momento, los trámites se orientaron hacia la convivencia y el proceso se aceleró. Los hermanos habían construido entre ellos un bloque muy sólido durante los años en el sistema: la mayor los había cuidado durante todo ese tiempo y cederle ese rol a otra persona le llevó un proceso propio, que María Laura cuenta con el mismo respeto con el que lo vivió. Dejar que otra persona ocupara ese lugar no fue un trámite, fue una decisión de ellos, y eso es lo que vuelve a esta historia distinta.
El bebé que no estaba en los planes
La parte de la historia que suena a guion de película y que sin embargo pasó en la vida real tiene como protagonistas a uno de los gemelos y a una panza que todavía no tenía confirmado un embarazo. Uno de los chicos le besó la panza a María Laura antes de que ella supiera que estaba embarazada y dijo "hola, bebé", y así fue como se enteró de que la familia estaba a punto de sumar un integrante más. La pareja también retomó el vínculo con el paso de los meses y hoy ocupa el rol de padre en la casa: los hermanos mayores cuidan a Nahitan con entusiasmo y se turnan para darle la mamadera, algo que María Laura cuenta con la misma mezcla de cansancio y orgullo con la que lo viviría cualquier madre de siete.
Cuando le pregunto cómo se siente hoy, María Laura mira a los chicos que cruzan el pasillo, se acomoda a Nahitan en la falda y me contesta con una frase que cierra lo que yo había visto al llegar: "Son el amor de mi vida. Es la familia que siempre esperé, siempre quise una familia grande y hoy la tengo unida". Esa misma familia que al principio de la nota aparecía desparramada por la cocina con la panza llena y las mochilas sin guardar es la que se arma y se desarma todos los días en esa casa, y la que María Laura eligió con la misma claridad con la que ellos la eligieron a ella en aquel recreo.
María Laura participa además de la Asociación Civil Adopten Niñes Grandes, donde acompaña a familias que están transitando procesos similares y donde repite algo que a esta altura ya es casi una guía de crianza: la adopción de grupos de hermanos es posible cuando se los respeta como lo que son, un bloque que no se rompe sino que se amplía.
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