Grupo Noticias 365
 Buscar
Dólar oficial $1.530,00 -0,33%Dólar blue $1.545,00 0,00%Dólar MEP $1.529,40 -0,29%Riesgo país 500 pb -0,20%
JUE, 03 SEPT 2026
Vida

Manzana o pera: la pulseada cotidiana que cualquiera puede ganar sin elegir una sola fruta

Ambas tienen índice glucémico bajo, fibra soluble y agua. Una dietista y un nutricionista consultados coinciden en que la verdadera diferencia pasa por otro lado: cómo se come, con qué se combina y qué tan variada es la alimentación.

RK
Renata KowalskiSociedad · 3 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo confieso: hasta que me puse a investigar esta nota iba convencido de que, si tenía que elegir una fruta para el control del azúcar en sangre, la respuesta era la manzana. La idea circulaba en conversaciones familiares, en grupos de whatsapp y hasta en alguna receta de cocina que me habían mandado hace años. Por eso, cuando me senté a leer el material con la seriedad que se merece un tema de salud, me llevé una sorpresa agradable: la pulseada entre manzana y pera no tiene un ganador claro y, en el fondo, discutir quién le gana a quién termina siendo una pelea que distrae de lo realmente importante.

La comparación clásica arranca de una premisa que deja afuera bastante información. Solemos escuchar que toda fruta eleva la glucosa de la misma manera y con la misma velocidad, como si el cuerpo procesara una pera, una banana y un caramelo de la misma forma. La Organización Mundial de la Salud, sin embargo, separa con bastante firmeza los azúcares que se agregan a los alimentos industriales de los que aparecen de manera natural en frutas enteras, y lo hace por una razón concreta: la estructura del alimento cambia cómo se digiere y, por lo tanto, cómo impacta en la sangre.

Un empate técnico con leve ventaja en fibra

En esa pulseada puntual, manzana y pera comparten un perfil que cualquier nutricionista miraría con buenos ojos. Las dos tienen índice glucémico bajo, ambas aportan fibra soluble, una buena cantidad de agua y compuestos vegetales que vienen siendo estudiados por su relación con el metabolismo. En la manzana, el componente estrella es la pectina, una fibra que tiene la virtud de enlentecer la absorción de glucosa a lo largo del tubo digestivo. También se la vincula con polifenoles, esos compuestos que la ciencia mira con lupa desde hace años por su posible papel en el manejo de los hidratos de carbono. La Asociación Americana de la Diabetes, en ese sentido, suele remarcar que los alimentos ricos en fibra pueden favorecer una glucemia más estable dentro de un plan alimentario equilibrado.

La pera, mientras tanto, juega con una carta parecida pero con un número levemente a su favor. Una unidad mediana ronda los seis gramos de fibra, una cifra un poco más alta que la de una manzana de tamaño equivalente. Y hay un detalle que a mí me pareció clave, porque cambia la forma de comerla: parte importante de esa fibra se concentra en la piel y en la zona que está apenas por debajo. Por eso pelarla con la cuchilla como si fuera una papa es, en buena medida, tirar parte de lo que la hace interesante. La dietista Whitney Stuart, citada en el material de base, sostuvo que las peras están entre las frutas con mayor densidad de fibra que se pueden sumar a la alimentación diaria sin hacer malabares en la cocina.

“Dedicarle demasiada energía a jerarquizar una fruta por encima de otra puede terminar desviando la atención de lo que realmente pesa, que es la variedad.”Toby Amidor, nutricionista

Lo que de verdad mueve la aguja

El nutricionista Toby Amidor, consultado por el medio que originó la información, fue bastante claro al advertir que empecinarse en elegir la fruta perfecta puede hacer perder de vista lo que en nutrición suele pesar más: la diversidad. La FAO y la OMS vienen promoting, en sus guías más recientes, dietas variadas con presencia regular de frutas y verduras, sin señalar a una sola como ganadora. Es un enfoque menos espectacular que un ranking, pero más cercano a cómo se come de verdad en una casa, en un menú semanal y en la vida de cualquier persona de entre 40 y 60 años que intenta cuidar su metabolismo.

Las guías que repasé mientras escribía esta nota coinciden en tres prácticas concretas que cualquier lector puede aplicar mañana, sin necesidad de recetas sofisticadas ni de productos importados. Primero, cuando la piel es comestible conviene lavarla con agua segura y dejársela puesta, porque ahí se concentra parte de la fibra que ayuda a moderar el impacto sobre la glucosa. Segundo, combinar la fruta con una fuente de proteína o grasa —yogur natural, queso fresco o frutos secos, por nombrar opciones accesibles— ayuda a enlentecer la digestión de los carbohidratos. Tercero, incluirla dentro de un patrón alimentario regular, sin reemplazar otros alimentos que también aportan fibra, como legumbres, verduras y cereales integrales.

Vuelvo a la escena del principio, a esa idea heredada de que una de las dos frutas tenía que ganar. Lo que me llevo después de leer el material con calma es algo más tranquilo y, a la vez, más exigente: no se trata de decidir entre la manzana y la pera, sino de acostumbrarse a comer frutas enteras, con piel, combinadas con otros alimentos y en el marco de una dieta que no repita siempre lo mismo. Si me obligan a elegir, me quedo con la pera por esos seis gramos de fibra y por la recomendación de la dietista Whitney Stuart, pero sobre todo me quedo con la idea de que, en nutrición, las respuestas simples suelen ser las que más nos alejan del plato bien armado. Y eso, para cualquiera que mire su glucemia con atención, termina siendo la diferencia de fondo.

RK

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo