La piel que pica y el bolsillo que no alcanza: el día a día de vivir con dermatitis atópica en Argentina
Un relevamiento de AEPSO revela que casi la mitad de los pacientes postergó consultas o dejó medicamentos por motivos económicos. Especialistas insisten en que el diagnóstico temprano y el seguimiento sostenido son claves para controlar una enfermedad que no distingue edades y que suele arruinar noches, trabajos y vínculos.
Llegué a la cita con Paula Luna en un consultorio del centro porteño y todavía me acuerdo de la cara de María, una mamá de Lanús que esperaba su turno con su hijo de siete años apoyado en el regazo. El nene no paraba de rascarse los pliegues del cuello y los huecos detrás de las rodillas, y María me dijo, casi en voz baja, que había dejado de comprar la crema que le habían indicado porque en la farmacia le habían cobrado el doble de lo que podía pagar. Esa escena, que parece chica, se repite en miles de hogares argentinos y es la postal que sintetiza lo que cuenta un relevamiento reciente de la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis, más conocida como AEPSO, sobre la dermatitis atópica: una enfermedad crónica de la piel que no da tregua y cuyo tratamiento empieza a volverse un lujo para buena parte de los pacientes.
Una enfermedad que pica las 24 horas
La dermatitis atópica es una inflamación crónica de la piel cuyo síntoma más incapacitante es la picazón persistente. No tiene cura, pero sí se puede controlar. El problema es que cada vez más personas dejan de intentarlo. "El picor no deja dormir, ni permite la vida social, el trabajo, la escuela, baja la autoestima y complica tremendamente la dinámica familiar. Afecta la vida las 24 horas", describió Silvia Fernández Barrio, presidenta de AEPSO, en diálogo con este portal.
El sondeo, realizado por AEPSO entre pacientes y cuidadores, arrojó números que dan cuenta de ese padecimiento cotidiano: el 63,4% reportó alteraciones en la calidad del sueño, el 61,9% debió modificar su rutina y el 56,7% afirmó que la enfermedad afectó su calidad de vida en términos generales. Quienes sufren picazón crónica e intensa, según advirtió la organización, tienen tres veces más probabilidades de desarrollar depresión y el doble de sufrir ansiedad. Son cifras que muestran, sin rodeos, que la picazón no es un tema menor: es un factor de riesgo para la salud mental.
Los números del recorte
- 48,5% postergó o suspendió consultas médicas en los últimos seis meses por motivos económicos.
- 44,8% tuvo dificultades para acceder a los medicamentos indicados.
- 37,3% redujo directamente o dejó de comprar los medicamentos por falta de recursos.
- Casi dos de cada diez personas no seguía el tratamiento prescripto, principalmente por razones económicas.
- La enfermedad afecta al menos al 10% de los niños y adolescentes en Argentina y en cerca de tres de cada diez casos persiste durante la adultez.
“Este enfoque posibilita la implementación de un tratamiento personalizado.”Paula Luna, especialista en Dermatología Pediátrica y presidenta de la Sociedad Argentina de Dermatología
Luna, que también es la médica que vio aquella tarde al hijo de María en el consultorio, insiste en que el diagnóstico temprano y el seguimiento continuo permiten ajustar las terapias a las características de cada paciente. Las lesiones suelen aparecer en la cara, el cuero cabelludo, las orejas, el dorso de las manos y distintas zonas de los brazos y las piernas, y la evolución alterna brotes con períodos de remisión, lo que exige controles sostenidos en el tiempo. En los chicos es más frecuente, pero puede comenzar a cualquier edad, y por eso los especialistas remarcan que la consulta no se agota en la infancia.
Cuando salí del consultorio y me crucé otra vez con María y su hijo en la puerta, me quedó dando vueltas lo que me había dicho Silvia Fernández Barrio unos minutos antes, mientras la nena de dos años que estaba con ella se rascaba sin parar la mejilla enrojecida: que detrás de cada frasco de crema que alguien deja de comprar hay una noche sin dormir, un día de'école perdido, una baja laboral, una pelea familiar y, casi siempre, un pozo en el ánimo que se va haciendo cada vez más profundo. La dermatitis atópica tiene herramientas para controlarse, pero mientras la mitad de los pacientes no pueda pagarlas, esas herramientas corren el riesgo de quedar en el prospecto.
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