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JUE, 03 SEPT 2026
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La película turca que se toma dos horas y media para buscar un muerto y te deja más agotado que cualquier maratón de Netflix

Nuri Bilge Ceylan convierte una pesquisa policial nocturna en una meditación sobre el desgaste humano. Disponible en Filmin, la película ganó el Gran Premio del Jurado en 2011.

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Inés MaldonadoCultura y espectáculos · 3 DE SEPT DE 2026 · lectura 2 min

Arrancamos con una frase irónica porque no hay otra manera de presentar esta película: dos horas y media para encontrar un cadáver y nadie, absolutamente nadie, corre. Esa es la apuesta de Nuri Bilge Ceylan en Érase una vez en Anatolia, un thriller turco que toma la fórmula más sencilla del género y la estira hasta convertirla en otra cosa. Un fiscal, un médico forense y un puñado de policías salen de noche por las estepas con el asesino y su cómplice, que convenientemente estaban borrachos cuando enterraron a la víctima y no recuerdan dónde. Lo que sigue es una travesía larga, polvorienta y, sobre todo, filosóficamente incómoda.

Lo aclaro porque vengo a ahorrarles el disgusto: esto no es un policial al uso. No hay persecuciones, no hay villanos con monóculo, no hay revelaciones a las tres de la mañana. Hay, en cambio, conversaciones que parecen intrascendentes mientras los faros del auto cortan la oscuridad del campo turco. Los personajes cuentan historias, se distraen, discuten por bagatelas. Ceylan, conocido por un cine de observación rigurosa y paciencia casi clínica, usa la noche como un estado de ánimo más que como decorado.

El ritmo como declaración de principios

La duración no se justifica por una trama compleja sino por una mirada que se detiene en lo que otros filmes cortan: una pausa antes de hablar, una luz que aparece a lo lejos, el cansancio acumulado en una cara después de diez horas de búsqueda infructuosa. Es como esa cena de domingo que se estira hasta que alguien mira el reloj y nadie se acuerda por qué se juntaron, pero cuando te vas a tu casa hay algo que te pesa en el pecho sin que sepas bien qué es. La película construye una angustia que no es la del suspenso clásico sino algo más parecido al agotamiento existencial: personas que conviven a diario con la muerte y van perdiendo la capacidad de mirarse entre sí.

Datos que sirven para ubicarse: Érase una vez en Anatolia se llevó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes y está considerada una de las obras centrales del cine turco contemporáneo. Se puede ver en la plataforma Filmin. ¿La recomiendo? Sí, pero con una advertencia honesta: incomoda a quien espera aceleración y recompensa a quien acepta sus condiciones. Si están del lado de los que eligen un thriller para no pensar, sálgense. Si están del lado de los que quieren quedarse pensando tres días después de los créditos, adelante.

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Inés MaldonadoCultura y espectáculos

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