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MAR, 13 OCT 2026
Vida

El vaso que se llena: cuando la histamina explica lo que parecía no tener explicación

Migrañas, panza hinchada, mal dormir o ansiedad pueden tener un origen común que muchas veces se estudia por separado. El genetista Jorge Dotto lo resume con una imagen: acumulamos hasta que el cuerpo rebalsa. Una conversación sobre por qué cada organismo tolera distinto y por qué en algunas familias aparecen síntomas diferentes con un mismo hilo conductor.

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Renata KowalskiSociedad · · lectura 4 min
El vaso que se llena: cuando la histamina explica lo que parecía no tener explicación

Llegué al consultorio de Jorge Dotto con la sensación de que algo no cerraba. En casa, mi hermana vive con migrañas que la obligan a apagar la luz a mitad de tarde; una prima cercana, de 47 años, arrastra una hinchazón en la panza que ningún gastroenterólogo termina de explicarle del todo; mi tía, en tanto, duerme hace años como si el sueño le pesara, y una sobrina de 19 tuvo problemas respiratorios de chica que después quedaron en el olvido. Sentado del otro lado del escritorio, el médico genetista escuchó la lista sin apurarse y dijo algo que me cambió la forma de mirar el asunto: "Es posible que en algunos de esos casos haya un mecanismo compartido". Ese mecanismo se llama histamina.

Una sustancia conocida, pero no siempre bien entendida

La histamina no es una rareza ni un invento moderno. Es una sustancia que el propio cuerpo produce y que cumple funciones muy variadas en el organismo. Participa en el estado de vigilia, en los mecanismos de apetito y saciedad, en funciones cognitivas, en la producción de ácido estomacal, en la contracción intestinal y en la regulación cardíaca. También se activa cuando el sistema inmune identifica una amenaza, y por eso aparece en las reacciones alérgicas más conocidas: picazón, sarpullido, estornudos.

Hasta ahí, ningún misterio. El punto empieza a complicarse cuando la cantidad de histamina que se acumula supera la capacidad del cuerpo para deshacerse de ella. Dotto lo graficó con una imagen que se me quedó grabada: "Acumulo, acumulo, acumulo y exploto, porque no puedo sacar el tapón". Lo que se acumula, según me explicó, es histamina que llega por la comida, por el estrés, por el ejercicio muy intenso o por variaciones hormonales. Mientras no rebalsa, no hay síntomas. Cuando rebalsa, sí.

Qué alimentos suman al vaso y por qué la dosis importa

En la charla aparecieron los nombres conocidos: quesos curados, embutidos, vino tinto, chocolate, tomate, palta y ciertos pescados. La aclaración de Dotto fue clave, y por eso la repito acá tal cual: la dosis cuenta tanto como el alimento. Una persona puede tolerar el tomate cherry y reaccionar al tomate común; puede bancarse una copa y no dos; puede comer un pedacito de queso y descompaginarse con un sándwich de queso fundido. "No todos reaccionamos de la misma manera a las mismas sustancias químicas", señaló.

  • Quesos curados, embutidos y ciertos pescados encabezan la lista de alimentos con mayor carga de histamina.
  • Vino tinto y chocolate suelen aparecer como desencadenantes frecuentes en personas sensibles.
  • La palta y el tomate son dos alimentos de consumo habitual que también pueden sumar al vaso.
  • La tolerancia cambia de una persona a otra e incluso, en la misma persona, cambia con el tiempo.

Por qué en una misma familia los síntomas se reparten

La pregunta que siempre surge en estas conversaciones es por qué en una familia conviven una madre con migrañas, una hija con problemas digestivos y un padre con mal dormir, sin que nadie termine de unir los puntos. Dotto lo atribuye al componente genético: cada persona hereda información que determina cómo procesa ciertas sustancias. Pero la forma en que eso se expresa varía. Me contó el caso de dos hermanas gemelas con síntomas distintos a pesar de compartir casi el mismo ADN; la diferencia estaba en lo que cada una comía y en los factores del entorno de cada una. "Que aparezcan intolerancias en una misma familia es lo esperable, no la excepción", afirmó.

En las mujeres, además, las hormonas agregan otra variable. La relación entre estrógenos e histamina puede hacer que ciertos síntomas cambien a lo largo del ciclo menstrual, durante el embarazo o en la perimenopausia. Lo que a los 30 se toleraba, a los 45 puede empezar a molestar. Lo que antes era una jaqueca ocasional puede volverse una jaqueca mensual. Esa es, en gran parte, la razón por la que tantas mujeres sienten que algo cambió sin que nadie les diga bien qué.

Una pista para empezar a leer las señales

Salí del consultorio con una sensación rara, entre alivio y molestia. Alivio porque, por primera vez, alguien me ofrecía un hilo conductor para entender un montón de cosas que en mi familia se cuentan por separado. Molestia porque uno piensa en los años que pasaron visitando especialistas que miraban cada síntoma como un capítulo suelto. Dotto lo dijo con franqueza: entender cómo funciona la histamina ayuda a leer mejor señales que el cuerpo viene dando hace tiempo, y que suelen estudiarse por separado sin encontrar una causa común. No es una moda ni un diagnóstico definitivo: es una pista. A veces, una pista es el primer paso para dejar de sentirse solo con lo que a uno le pasa.

RK

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