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JUE, 15 OCT 2026
Vida

Alerta en el Litoral: el Niño que se viene podría romper todos los registros desde 1950

La NOAA elevó al 75% la probabilidad de que el fenómeno que arranca este año supere los 2,5 grados en el Pacífico ecuatorial, un umbral que ningún evento anterior logró cruzar. En el norte argentino ya se preparan para lluvias muy por encima de lo normal y posibles inundaciones.

RK
Renata KowalskiSociedad · · lectura 4 min
Alerta en el Litoral: el Niño que se viene podría romper todos los registros desde 1950

Lo primero que vi aquella mañana, mientras revisaba el parte de las seis, fue un mapa del Pacífico pintado de rojo oscuro, casi bordó, con una mancha caliente que se extendía desde la costa de Sudamérica hasta casi la línea del Ecuador. Esa imagen, que cualquier meteorólogo reconoce como la firma inconfundible de un Niño en formación, terminó de explicarme por qué en los últimos días no paraban de llegar alertas desde Estados Unidos. Y, sobre todo, por qué los teléfonos del Litoral argentino ya empezaban a sonar con una preocupación que no era menor: el fenómeno que se viene podría ser el más intenso desde que existen mediciones sistemáticas, allá por 1950.

Según el Centro de Predicción Climática (CPC) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, la NOAA, hay un 75% de probabilidades de que el Índice Oceánico Relativo de El Niño (RONI) supere los 2,5 grados entre octubre y diciembre de 2026. El dato no es caprichoso: se trata de un umbral que ninguno de los cuatro episodios clasificados como muy fuertes en más de siete décadas logró franquear. Los más intensos hasta hoy, el de 1982-1983 y el de 1997-1998, habían llegado como mucho a los 2,4 grados. Apenas una décima menos, pero suficiente para marcar un antes y un después.

Una aceleración que preocupa a los científicos

Lo que más llamó la atención de los técnicos no es solo la magnitud proyectada, sino la velocidad con la que el indicador viene subiendo. En agosto, la probabilidad de un evento récord era del 69%; cuatro semanas después, la NOAA la corrigió al 75%. Seis puntos en un mes pueden sonar a poco, pero en climatología equivalen a una señal de alerta encendida. Los datos de agosto ya mostraban anomalías de 1,8 grados en la región Niño 3.4, de 2,5 grados en la Niño 3 y de 3,4 grados frente a las costas de América del Sur, cifras que dan cuenta de un océano ecuatorial recalentado a un ritmo pocas veces visto.

“El Niño es un fenómeno natural y global que nos está afectando y recién está empezando. Se intensificará de octubre a febrero. Es un Niño muy fuerte.”María Alejandra Cristanchi, jefa del sector de Hidrología de la Central Hidroeléctrica Yacyretá

Qué puede pasar en la Argentina

Para el noreste del país y el Litoral, el pronóstico estacional que maneja la NOAA no es nada tranquilizador. Los modelos prevén, para noviembre, excesos de lluvia de más de 30 milímetros por encima de lo habitual sobre el noreste argentino y el este de Entre Ríos. En diciembre, la situación se complicaría todavía más: anomalías superiores a los 50 milímetros alcanzarían a Santa Fe, Entre Ríos y el este de Córdoba, mientras que el noroeste del país registraría entre 20 y 50 milímetros por encima de los valores normales. Todo eso en un contexto donde el suelo, en muchas zonas, ya viene saturado de agua.

El meteorólogo Marcelo Madelón, pronosticador del Aeropuerto de Córdoba y una voz de referencia cada vez que el tema se pone serio, me confirmó por teléfono que el fenómeno posiblemente se extienda hasta el otoño de 2027, lo que implica varios meses seguidos de condiciones anómalas. Para quien haya vivido el último Niño fuerte, el de 2015-2016, la comparación sirve para dimensionar lo que viene: aquella vez hubo ciudades enteras evacuadas en el Litoral, rutas cortadas por el agua y pérdidas millonarias en la producción agropecuaria. Y, según los números que hoy maneja la NOAA, lo que se viene podría ser todavía más intenso.

Cuando cerré la nota y volví a mirar el mapa pintado de rojo que había visto a primera hora, no pude dejar de pensar en lo que me dijo María Alejandra, la hidróloga de Yacyretá, con ese tono sereno pero firme que suelen tener los que trabajan junto al río: que esto recién empieza. Para los que vivimos en zonas alejadas de las márgenes del Paraná, la advertencia puede sonar lejana. Para los miles de familias que cada año ven cómo el agua les pasa por encima de la tranquera, es una señal para empezar a prepararse. La ciencia ya hizo su parte y avisó: lo que viene no tiene antecedentes modernos. Ahora falta que cada uno haga la suya.

RK

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