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LUN, 12 OCT 2026
Vida

Un paciente británico de 19 años, sometido a un autotrasplante de tejido testicular congelado, se convierte en la esperanza más reciente de la medicina reproductiva

Lo operaron en Edimburgo, en un procedimiento experimental único en el Reino Unido: le reimplantaron tejido que había guardado antes de una quimioterapia. Dentro de ocho meses se sabrá si el experimento funciona. En Argentina, la ley obliga al sistema de salud a cubrir la preservación de gametos y tejidos reproductivos.

RK
Renata KowalskiSociedad · · lectura 5 min
Un paciente británico de 19 años, sometido a un autotrasplante de tejido testicular congelado, se convierte en la esperanza más reciente de la medicina reproductiva

Vi la foto del joven en el monitor de la redacción y me quedé un rato largo mirándola, en silencio, antes de empezar a escribir esta nota. Tiene diecinueve años, acaba de salir de un hospital de Edimburgo con un punto nuevo en la ingle y una historia clínica que, si todo sale bien, va a terminar en una maternidad. Se llama —bueno, no se llama, porque su identidad se mantiene bajo reserva—, pero la cara que se le ve en las imágenes que circulan estos días es la de alguien que todavía está procesando lo que le acaba de pasar. Y lo que le acaba de pasar es enorme: le reimplantaron un pedacito de su propio testículo, congelado desde 2023, para intentar recuperar la fertilidad que una quimioterapia de alta dosis se llevó puesta.

Viajo hasta acá, hasta esta nota, porque me lo cruzó en el feed un endocrinólogo con el que suelo hablar y me dijo mirá esto, Renata, contalo bien. Y lo estoy contando, del modo más llano que puedo, porque detrás del lenguaje técnico hay un pibe de diecinueve años que hace tres años guardó una muestra de tejido testicular antes de un trasplante de médula ósea y que ahora apuesta a que la medicina le devuelva algo que la propia medicina, en su versión más agresiva, le había quitado.

Qué le hicieron, en criollo

La historia clínica que se conoció estos días es bastante lineal, aunque las palabras suenen a trabalenguas. El joven padecía un trastorno sanguíneo grave y necesitaba un trasplante de médula ósea. Para que ese trasplante prendiera, los médicos tenían que darle una quimioterapia de altísima intensidad, del tipo que barre con casi todo lo que encuentra en el camino, incluidas las células de los testículos que fabrican espermatozoides. Antes de empezar el tratamiento, en 2023, le extrajeron y congelaron una muestra de tejido testicular. En criollo: le guardaron una reserva de futuro en un congelador de laboratorio.

El trasplante de médula funcionó, la enfermedad quedó atrás, y tres años después los análisis confirmaron lo que se temía: no producía espermatozoides. Entonces el equipo del NHS Lothian, el servicio de salud público escocés, junto con científicos de la Universidad de Edimburgo, decidió probar algo que nunca se había hecho en el Reino Unido: reimplantarle parte de ese tejido guardado, en el mismo cuerpo del que había salido, a ver si las células madre que contiene eran capaces de volver a funcionar. La operación fue en agosto de 2026 y fue, según lo que se difundió, el primer autotrasplante de tejido testicular realizado en Gran Bretaña.

“Siempre quise tener hijos propios, pero empecé a aceptar que quizá no sería posible. Este procedimiento me dio una esperanza real para el futuro.”El paciente, 19 años

La teoría que sostiene el ensayo es la siguiente: el tejido testicular contiene unas células llamadas células madre espermatogoniales, que son como las progenitoras de los espermatozoides. Congeladas en plena adolescencia, mantenidas en nitrógeno líquido y vueltas a meter en el testículo años después, en teoría podrían reactivarse y empezar de nuevo el trabajo que la quimioterapia interrumpió. Es una hipótesis todavía. Todavía nadie, en este caso, vio un espermatozoide nuevo bajo el microscopio.

Qué falta saber y qué se sabe en otros países

  • Dentro de ocho meses, el equipo va a retirarle y analizarle una pequeña porción del tejido reimplantado para ver si efectivamente se produjo espermatogénesis, o sea, si hay espermatozoides en formación.
  • Si aparecen espermatozoides, falta un paso más: confirmar que sirven para una técnica de reproducción asistida y que el procedimiento se puede repetir de manera segura en otros pacientes.
  • En personas que tuvieron cáncer, el protocolo exige estudios especiales para descartar que el tejido reimplantado tenga células malignas. Se usan histología, inmunohistoquímica y marcadores moleculares.
  • En Bélgica, un ensayo previo ya marcó un precedente: un hombre al que le habían congelado tejido testicular a los diez años produjo espermatozoides maduros después de un reimplante hecho dieciséis años más tarde. Todavía no se informó de un embarazo ni de un nacimiento a partir de ese material.

Rod Mitchell, profesor de endocrinología del desarrollo en la Universidad de Edimburgo y uno de los responsables del equipo, fue claro cuando le preguntaron hasta dónde se puede ilusionar el paciente. Dijo que la técnica todavía tiene que demostrar que permite obtener espermatozoides y lograr nacimientos de manera segura y repetible. Traducido: falta mucho, pero lo que se acaba de hacer es un paso concreto en esa dirección.

Y en Argentina, qué

Mientras escribo esto pienso en los pibes y las pibas argentinos que pasan por tratamientos oncológicos parecidos. La Ley 26.862, vigente desde 2013, mete dentro del Programa Médico Obligatorio —es decir, lo que las prepagas y las obras sociales tienen que cubrir sí o sí— a los procedimientos de reproducción asistida y a la preservación de gametos y tejidos reproductivos. En criollo: cualquier persona que vaya a enfrentar un tratamiento que pueda dejarle la fertilidad en cero debería poder acceder, en el sistema de salud argentino, a guardar semen, óvulos o tejido reproductivo antes de empezar la quimio o la radioterapia. El problema, como siempre, es la distancia entre el papel y el mostrador de la prepaga. Pero el derecho, al menos, está escrito.

Cierro la nota como la empecé, mirando la foto del joven en el monitor. Un pibe de diecinueve años, pelado por la quimio de hace tres años, con el pelo ya vuelto a crecer, con un apósito en la ingle y una historia que, dentro de ocho meses, puede terminar de dos maneras muy distintas. Si las células despiertan, va a tener la chance que hoy tiene cualquier varón de su edad. Si no despiertan, va a saber que la medicina lo intentó todo y que el resto lo va a tener que pensar él, con tiempo y con acompañamiento. Las dos opciones, mirándolo bien, son un avance respecto de la resignación con la que arrancó esta historia.

RK

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