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MIÉ, 14 OCT 2026
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Stephen King mandó a la morgue editorial a su propia novela y no quiere que nadie la resucite en la pantalla

El autor sacó de circulación Rabia después de que apareciera entre las pertenencias de jóvenes autores de tiroteos escolares en Estados Unidos y vetó cualquier adaptación. En 2013 explicó por qué tomó esa decisión y qué le debe la literatura a la responsabilidad moral.

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Inés MaldonadoCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Stephen King mandó a la morgue editorial a su propia novela y no quiere que nadie la resucite en la pantalla

Hay una frase que se repite en cualquier mesa de escritores cuando alguien defiende eso de que el arte no hace daño: mirá, decíselo a Stephen King. El hombre que más libros editó sobre el miedo se plantó, miró hacia atrás y decidió que una de sus novelas no tenía derecho a seguir existiendo. La víctima fue Rabia, novela que publicó en 1977 firmando como Richard Bachman y que hoy es directamente imposible de conseguir por decisión del propio autor.

La trama es la pesadilla que cualquier padre imagina a las tres de la mañana: Charlie Decker es un estudiante al que echan del colegio y, en lugar de ir a su casa a quejarse por el grupo de Whatsapp, saca un arma de su casillero, mata a varias personas y toma rehenes. Escrita mientras King estaba en la universidad, nunca fue un éxito de ventas. El libro circulaba tibio, sin pena ni gloria, hasta que empezó a aparecer donde nadie quería verlo.

El detonante no fue literario, fue forense

El quiebre se llama Michael Carneal. En 1997, mató a tres personas en su colegio en Kentucky. Entre sus pertenencias había un ejemplar de Rabia. King confirmó después que el caso de Carneal no fue el único: al menos dos jóvenes involucrados en tiroteos escolares tenían el libro. A partir de ahí, el escritor pidió que la obra dejara de imprimirse. Y vaya si cumplió.

Ahora bien, acá viene lo interesante para los que lo acusan de censor o de sobreprotegernos a todos. King no cree que los libros generen masacres. Es más, dijo expresamente que la mayoría de los lectores de material violento no actúa de forma violenta. Lo que distingue es una franja reducida de personas en las que ciertos contenidos funcionan como acelerador. Y a esa franja, precisamente, no quería contribuirle.

“No quería que Rabia fuera uno de esos aceleradores. Sentí que era parte de eso, se convirtió en parte de un escenario de fantasía con estas personas y no quería que le pasara a nadie más.”Stephen King

Con esa lógica, cualquier adaptación cinematográfica o televisiva quedaba automáticamente descartada: autorizar una serie basada en el libro habría sido desmentir con el sello del propio King lo que había decidido callando al texto. La prohibición sobre películas y series no es un capricho legal, es la consecuencia necesaria de la decisión editorial. De nada le sirve sacar el libro si después alguien lo recrea plano por plano.

Lo que dijo en 2013, cuando volvió a explicar todo

En el ensayo Guns, publicado en 2013, King retomó el tema por enésima vez y fue bastante crudo con su propia posición. Reconoció que la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense lo dejaba en perfecto derecho de seguir editando Rabia hasta el fin de los tiempos. Pero agregó que hay algo que pesa más que un derecho constitucional y es la responsabilidad moral de un autor con sus lectores. Así de simple. Así de incómodo para el debate de la libertad de expresión absoluta.

  • La novela fue publicada en 1977 bajo el seudónimo Richard Bachman.
  • En 1997, Michael Carneal mató a tres personas en su colegio y tenía un ejemplar del libro entre sus pertenencias.
  • King reconoció que al menos dos jóvenes involucrados en tiroteos escolares tenían Rabia en su poder.
  • Después de esos casos, el autor solicitó que la obra dejara de publicarse.
  • Cualquier adaptación cinematográfica o televisiva también quedó prohibida por decisión del propio King.
  • En 2013, el ensayo Guns volvió sobre los motivos editoriales y morales de la prohibición.

La categoría que ocupa Rabia dentro de la obra de King es bastante peculiar. No es su mejor libro ni el más vendido, tampoco es el más conocido por el público masivo. Es un título que su propio autor considera demasiado riesgoso para estar disponible, más allá de lo que pueda aportar como objeto literario. Y eso, viniendo de alguien que factura millones al año justamente por escribir cosas perturbadoras, es bastante decir.

Mi recomendación, si te cruzás con alguien que tiene un ejemplar en una feria o en Mercado Libre a precio de capricho, es dejarlo pasar. No por el libro en sí, que probablemente esté a la altura del resto de la obra temprana de King. Sino por la decisión del autor, que vale también como lectura. A veces un libro que no se lee dice más que uno que está en todas las mesas de luz.

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Inés MaldonadoCultura y espectáculos

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