Sorkin volvió a la pantalla, pero el público, por ahora, no volvió con él
La esperada película del guionista de "La red social" debutó con números modestos en la taquilla y dejó a la industria con más preguntas que respuestas.
Hay regresos que llegan con alfombra roja y abucheos. El de Aaron Sorkin a las salas, con "El precio de la red", se parece más a lo segundo. La película escrita y dirigida por el responsable de "La red social" (2010) debutó el último fin de semana con apenas 9 millones de dólares a nivel global: 5,5 en Estados Unidos y 3,5 en el resto del mundo. Cifras que, traducidas al ranking, la dejaron en el modesto quinto puesto de la taquilla norteamericana.
Una comparación que duele
Para medir la magnitud del debut, alcanza con mirar atrás quince años: "La red social" había arrancado su carrera con 22,44 millones de dólares sólo en el mercado estadounidense y se había subido directo a lo más alto. La diferencia entre aquel arranque y este es, básicamente, la distancia entre una madrugada triunfal y un lunes a las siete (con frío y sin ganas).
Protagonista con Oscar, carrera en pausa
A la cabeza del elenco está Mikey Madison, la actriz que en 2025 se llevó el Oscar a mejor actriz por "Anora" después de casi dos años sin estrenar nada. Con ese currículum bajo el brazo, su regreso a la pantalla grande iba a ser uno de los temas de la temporada. Tiene próximos proyectos en carpeta, entre ellos una nueva adaptación de "La máscara de la muerte roja" dirigida por Charlie Polinger, que servirán para entender hacia dónde se inclina la aguja de su carrera tras el reconocimiento de la academia.
El número detrás de la pantalla
El presupuesto de "El precio de la red" se estima entre 30 y 42 millones de dólares, según distintas fuentes de la industria. Eso significa que Sony, la distribuidora, necesita que la película haga algo más que saludar a la taquilla si quiere que la cuenta cierre. La película sigue en cartelera y en las próximas semanas habrá que ver si el boca a boca la rescata o si este primer fin de semana termina siendo el techo, que en este oficio muchas veces es justamente eso: un techo con vista al abismo.
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