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MAR, 08 SEPT 2026
Vida

Saltar, saltar y saltar: la rutina pliométrica que Harvard le recomienda a quienes nunca hicieron este tipo de entrenamiento

El Dr. Howard LeWine, médico de Harvard Medical School, propone tres movimientos simples para empezar a ganar fuerza explosiva, coordinación y aire sin comerse las rodillas en el intento. Una guía pensada para principiantes que arranca desde cero y termina, con práctica, en saltos cada vez más largos y altos.

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Renata KowalskiSociedad · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo vi con mis propios ojos una mañana de sábado, en el parque que está a tres cuadras de casa. Un señor de unos cincuenta y tantos, con bermudas y remera técnica, saltaba la soga a un ritmo que ya quisiera cualquier boxeador amateur. Al rato se detuvo, respiró hondo y empezó a hacer una serie de saltitos laterales, primero hacia un lado, después hacia el otro, como si estuviera dibujando pequeños arcos con el cuerpo. Me quedé mirándolo un buen rato. Cuando le pregunté qué estaba entrenando, me dijo, con una media sonrisa: “Fuerza explosiva, pero a mi ritmo”. Esa frase me volvió a la cabeza esta semana, cuando me crucé con un trabajo del Dr. Howard LeWine, de Harvard Medical School, que demuestra que la pliometría no es coto vedado de deportistas de elite. Cualquiera puede empezar, siempre y cuando respete una palabra clave: progresión.

LeWine, médico y editor médico de Harvard, se encarga de explicarlo desde el primer párrafo: la pliometría trabaja sobre esfuerzos breves y muy intensos, orientados sobre todo a las fibras musculares de contracción rápida de las piernas. ¿Qué quiere decir eso en la práctica? Que cada salto es como un pequeño estallido: reclutás tus músculos más rápidos durante un instante y, después, recuperás aire. La gracia de este tipo de entrenamiento, señala el especialista, es que mejora a la vez la fuerza, la potencia, la velocidad para desplazarte, la capacidad de salto, la coordinación y hasta el rendimiento cardiovascular. Es decir, no es un solo beneficio, sino un combo.

La lógica de fondo: empezar suave para no romper nada

Antes de largarse a saltar como si no hubiera mañana, el Dr. LeWine plantea un principio que atraviesa toda su propuesta: no hace falta arrancar con movimientos complejos. De hecho, recomienda lo contrario. La idea es familiarizarse con la mecánica pliométrica, dominarla con calma y, recién después, animarse a variantes de mayor exigencia. “Empezar con intensidad moderada, dominar la técnica y subir la exigencia solo cuando el cuerpo lo permite”, resume el especialista. A eso le suma una advertencia práctica que conviene grabarse a fuego: entrenar siempre sobre superficies acolchadas que amortigüen el impacto, y mantener las rodillas ligeramente flexionadas al aterrizar. Suena a detalle menor, pero es la diferencia entre sumar salud y terminar en el consultorio del traumatólogo.

  • Saltos laterales: partir con los pies juntos, saltar hacia un costado desplazando el pie derecho lo más lejos posible y aterrizar sobre el izquierdo; después repetir hacia el lado contrario. La clave es aumentar progresivamente la velocidad de ejecución. Es el punto de entrada ideal porque requiere muy poca técnica.
  • Saltar la soga, la clásica actividad de los boxeadores. La recomendación es arrancar con alrededor de cinco minutos diarios e ir sumando tiempo a medida que mejora el nivel. Quienes batallan con la coordinación pueden empezar sin la cuerda: simular el salto y dar palmadas sobre las caderas en cada movimiento entrena la sincronización entre brazos y piernas.
  • Saltos frontales: saltar hacia adelante con los pies juntos, controlar el aterrizaje y volver a la posición inicial con otro salto. Los brazos pueden usarse como impulso extra. La recepción es el momento crítico: aterrizar con suavidad reduce el impacto sobre las rodillas.
“La progresión gradual es el principio que atraviesa toda la propuesta: empezar con intensidad moderada, dominar la técnica y subir la exigencia solo cuando el cuerpo lo permite.”Dr. Howard LeWine, Harvard Medical School

Hay un detalle que me parece importante marcar, sobre todo para quienes nunca hicieron nada parecido y sienten que van a quedar ridículos apenas empiecen. El especialista es claro al respecto: la técnica manda sobre la intensidad en la primera etapa. En los saltos laterales, por ejemplo, no importa tanto cuán lejos llegues en la primera semana, sino cuánto puedas mantener una mecánica limpia mientras le subís gradualmente a la velocidad. En la soga, lo central es la constancia: cinco minutos por día, todos los días, pesan más que una sesión larga cada tanto. Y en los saltos frontales, lo que define el progreso es la suavidad con la que caen los pies, no la altura a la que se llega.

El propio LeWine señala que, con práctica constante, van a aumentar tanto la distancia como la altura que se logran en cada salto. Es decir, el cuerpo responde cuando se lo trata bien y se lo deja progresar sin apuro. Pienso otra vez en aquel señor del parque, el de las bermudas y la remera técnica. Estaba haciendo exactamente lo que la Escuela de Medicina de Harvard recomienda: saltar la soga, después pasar a los laterales, después a los frontales, todo sobre el césped que amortiguaba cada caída, con las rodillas apenas flexionadas. Nada estridente. Nada cinematográfico. Una rutina de principiante que ya lleva años y que, según la ciencia, lo está haciendo más fuerte, más rápido y con mejor aire cada día. Si eso no es una buena noticia para empezar la semana, no sé qué otra cosa lo sea.

RK

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