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LUN, 12 OCT 2026
Vida

Neuquén lleva una semana bajo el agua: el operativo que mantiene a la ciudad en pie mientras sigue lloviendo

Cuadrillas municipales trabajan en distintos frentes para destapar rejillas, desagotar zonas anegadas y responder a los reportes vecinales a través del 103 y el 147. El cronograma de lluvias, según el pronóstico, se extenderá hasta el viernes.

RK
Renata KowalskiSociedad · · lectura 5 min
Neuquén lleva una semana bajo el agua: el operativo que mantiene a la ciudad en pie mientras sigue lloviendo

Llegué a Neuquén después de casi veinte horas de viaje por la ruta 22, con el parabrisas empañado y esa sensación rara de atravesar la Pampa Húmeda con las cortinas de agua pegadas al auto. Cuando bajé en la terminal y pregunté cómo estaba la ciudad, el remisero me miró con cara de cansancio y me dijo, casi sin mover los labios: «Llevo una semana escuchando la misma palabra: lluvia». Ahí entendí que esta nota no iba a ser una crónica más de un parte meteorológico, sino el retrato de una ciudad entera que lleva siete días seguidos mirando al cielo con la carpeta abierta y las botas puestas.

Porque en la capital neuquina ya suman siete jornadas consecutivas con precipitaciones de distinta intensidad, un escenario que cualquiera en la zona asociaría con vacaciones, con siesta o con un buen libro, pero que para el municipio significa otra cosa: significa activar un esquema de emergencia que involucra a Defensa Civil, Limpieza Urbana, Espacios Verdes, Mantenimiento Vial e Infraestructura, con cuadrillas en la calle desde el primer día de alerta. Así me lo explicó Francisco Baggio, de 52 años, subsecretario de Medio Ambiente y Protección Ciudadana, cuando lo contacted a media mañana en su despacho, todavía con el café sobre el escritorio y el teléfono sonando cada pocos minutos.

El sistema pluvial, puesto a prueba

Baggio me describió con paciencia de geógrafo lo que durante años fue una discusión de café en esta ciudad: el sistema de drenaje de Neuquén está pensado para absorber entre 15 y 20 milímetros diarios sin generar anegamientos graves en las zonas más pobladas. La cifra, me dijo, no es caprichosa ni decorativa: es el umbral que separa un día húmedo de un día problemático, y esta semana ese umbral se pasó varias veces. Aun así, según la evaluación del propio municipio, el casco céntrico respondió bien. El funcionario lo atribuyó a dos frentes: las obras recientes en la avenida Mosconi, que renovaron el sistema pluvial, y la capacidad de las colectoras para derivar el agua hacia los ductos principales antes de que se formen las típicas lagunas del Bajo, donde históricamente se cortaba el tránsito y se inundaban los locales comerciales.

También recorrí el cruce de Chubut y Santa Cruz, donde todavía se veían las mangueras de los equipos Vactor que habían pasado el día anterior. Esos camiones succionadores, parecidos a aspiradoras industriales con trompa de metal, son la herramienta clave para desobstruir las bocas de tormenta cuando la lluvia arrastra sedimentos, hojas y, sobre todo, restos de materiales de obra que reducen la capacidad de captación. «Las rejillas se tapan, las bocas se llenan, y si no las destapás a tiempo, el agua busca su propio camino», me dijo un operario mientras guardaba su equipo y se acomodaba la capucha del piloto.

Los dos colectores y la válvula de seguridad del barrio 127 Hectáreas

Para entender dónde termina toda esa agua que la ciudad se sacude de encima hace falta mirar el mapa y dejarse guiar por la paciencia. El sistema de desagüe neuquino tiene dos grandes colectores: el arroyo Durán y el canal Villa María. Los dos, en el tramo final, desembocan en el río Limay, que es a la vez el patio trasero de la ciudad y el más exigente cuando crece. Cuando el Limay sube demasiado, el municipio activa las llamadas lagunas de atenuación del barrio 127 Hectáreas, un predio de más de nueve hectáreas que funciona como una especie de pulmones del sistema: absorbe el excedente, baja el nivel del arroyo y acelera el drenaje en los barrios del sur. Es, me dijo Baggio, la válvula de seguridad que permite ganar tiempo cuando el río no perdona.

La Meseta y Valentina Norte: el barro como enemigo

Pero la ciudad no termina donde termina el asfalto, y allí donde las calles todavía son de tierra, el partido cambia de raíz. En barrios como la Meseta y Valentina Norte, donde no hay cordón cuneta ni pavimento, el agua no escurre: se estanca, se mezcla con el barro y convierte cada calle en una trampa. El barro, además, impide el ingreso de maquinaria pesada, y eso obliga a las cuadrillas a trabajar con motobombas, retirando el agua encharcada para garantizar, al menos, el paso de los vecinos y del transporte público. Las tareas de nivelación y reparación definitiva quedan en espera hasta que el suelo se seque y vuelva a estar firme, una decisión técnica que evita que las máquinas se entierren y que las obras queden a mitad de camino.

Cómo reportar anegamientos y qué tener en cuenta

  • Línea 103 (Defensa Civil): para emergencias por anegamientos, desbordes, personas afectadas o situaciones que requieran intervención urgente. Funciona las 24 horas, todos los días.
  • Línea 147 (atención ciudadana): para reclamos y reportes por calles inundadas, rejillas tapadas, bocas de tormenta obstruidas o acumulación de agua en veredas y accesos.
  • Información a dejar: dirección exacta, referencia entre calles, tipo de problema (agua estancada, desborde de cloaca, calle intransitable) y, si es posible, una foto del lugar.
  • Antes de circular por calles sin asfalto: evitar hacerlo de noche, no ingresar a zonas anegadas incluso si el agua parece baja, y respetar los cortes preventivos.
  • Si el agua ingresó a la vivienda: cortar la energía eléctrica en el tablero general, no tocar aparatos enchufados y comunicarse al 103 para asesoramiento.

El pronóstico, mientras tanto, no autoriza a guardar el piloto. Para los próximos días se esperan lluvias variables hasta el viernes, con posibilidad de tormentas puntuales, un escenario que mantiene a las áreas de Defensa Civil y Limpieza Urbana trabajando con guardias reforzadas y a los funcionarios haciendo equilibrio entre lo que se pudo hacer, lo que falta y lo que todavía puede complicarse.

Cuando volví a la terminal, ya entrada la tarde, el remisero del primer viaje seguía en la parada esperando otro viaje. Me reconoció, levantó la ceja y me preguntó si había encontrado la nota. Le dije que sí, que la nota estaba escrita con el agua en los botines y el sonido del Vactor todavía en la cabeza, y que terminaba como empezaba: con la misma palabra repitiéndose una y otra vez, lluvia, lluvia, lluvia, hasta que el cielo se canse.

RK

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