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VIE, 25 SEPT 2026
Vida

La regla de oro para el microondas que pocos cumplen: lo que dos toxicólogos recomiendan cambiar en la cocina

Antes de recalentar la comida del día anterior, hay un paso que la mayoría se saltea. Wells Brambl y Serah Oyewole explican por qué conviene pasarla a otro recipiente y qué pasa con el plástico cuando se calienta.

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Renata KowalskiSociedad · 25 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Vine desde la redacción con la térmica llena de tupperwares y la intención clara de escribir una nota rápida sobre consejos de cocina. Lo que no esperaba era terminar vaciando los envases en un plato de vidrio antes de meterlos al microondas, como si fuera un experimento de laboratorio casero. La escena fue tan simple como reveladora: el recipiente que uso desde hace años, el que siempre recalentó mi comida sin protestar, de golpe se convirtió en el protagonista de una conversación que dos toxicólogos estadounidenses están dando en estos días y que, créanme, da que pensar.

El primero en hablar es Wells Brambl, médico de emergencias del Centro Médico Judío de Long Island de Northwell Health, que tiene 46 años y que lleva años viendo pacientes intoxicados por distintas vías. Su recomendación es tan concreta como doméstica: antes de recalentar cualquier comida, hay que pasarla a un recipiente de vidrio o cerámica. La idea es reducir el contacto con las partículas que pueden desprenderse del plástico cuando se eleva la temperatura. Parece un detalle menor, casi una exageración, pero lo cierto es que es la medida más sencilla que uno puede tomar hoy mismo en la cocina.

Por qué el calor cambia todo

Serah Oyewole, toxicóloga médica del Houston Methodist, de 39 años, se encarga de explicar el mecanismo con una claridad que contagia. Cuando el plástico se calienta, las moléculas vibran y la estructura de polímeros se fractura, es decir, se va rompiendo en pedazos cada vez más chicos. A esa fragmentación se suman los aditivos que llevan los envases: colorantes, antioxidantes y estabilizadores ultravioletas, que también pueden terminar migrando hacia la comida. No es una cuestión de buena o mala marca, ni de tupper caro o barato: cualquier recipiente plástico, sometido a calor, libera partículas.

Brambl agrega un dato que a mí, como usuario confiado de estos productos, me llamó la atención. Aunque el envase diga "apto para microondas", eso no significa que esté libre de liberar microplásticos. La leyenda avala que el material no se derrite ni se deforma con el calor, pero no certifica que durante el calentamiento no se desprendan fragmentos minúsculos ni aditivos hacia los alimentos. Es una distinción sutil, pero clave. Oyewole lo resume así: que un recipiente esté aprobado para almacenar alimentos no zanja la pregunta de qué pasa cuando esas partículas se ingieren de manera sostenida en el tiempo.

  • Pasar la comida a un recipiente de vidrio o cerámica antes de recalentarla en el microondas.
  • Si no queda otra que usar plástico, bajar la potencia del microondas al mínimo necesario para templar la comida y reducir el tiempo de exposición al calor.
  • No confiar ciegamente en la leyenda "apto para microondas": no garantiza que no se liberen partículas.
  • Revisar y reemplazar de a poco utensilios, tapas y esponjas de plástico que estén deteriorados o muy usados.
  • Preferir productos con menos envoltorios plásticos siempre que sea posible.

Qué se sabe y qué no sobre los efectos en la salud

Acá es donde la conversación se pone seria y, a la vez, honesta. Brambl reconoce que la literatura científica ya documentó la presencia de microplásticos y nanoplásticos en el organismo humano. Algunos estudios asocian esas partículas con procesos inflamatorios. Pero, y esto es fundamental, una correlación no prueba que las microplásticos sean la causa de esos procesos. Los efectos a largo plazo siguen bajo investigación, y los toxicólogos son los primeros en decirlo: no se puede afirmar todavía que recalentar comida en plástico provoque enfermedades concretas. Lo que sí se puede hacer, mientras la ciencia avanza, es bajar la exposición en lo cotidiano.

“Una correlación no prueba que esas partículas sean la causa. Los efectos a largo plazo continúan en estudio.”Wells Brambl, médico toxicólogo del Centro Médico Judío de Long Island

Brambl también aclara algo que a veces se pierde de vista: las decisiones que tomamos en la cocina tienen un alcance limitado. La contaminación ambiental puede hacer que los alimentos entren en contacto con microplásticos antes incluso de llegar a nuestra casa, durante su procesamiento o envasado industrial. Cambiar el recipiente antes de recalentar no resuelve el problema de fondo, pero reduce una parte de la exposición que sí está en nuestras manos. Es, dice él, una medida razonable mientras la investigación avanza y las regulaciones se actualizan.

Cuando terminé la entrevista y colgué, volví a la cocina y miré los tupperwares apilados en el escurridero. Algunos tienen más años que mi teléfono anterior, otros están rayados, opacos, un par con la tapa que ya no cierra del todo. La escena del principio, la del plato de vidrio humeante, ya no me parece una exageración de manual: es apenas un pequeño cambio de hábito que, según dos especialistas que estudian el tema de cerca, puede hacer una diferencia razonable. No es alarmismo, es información. Y, como dijo Oyewole, todavía falta ciencia para sacar conclusiones definitivas. Mientras tanto, el vidrio espera en la alacena.

RK

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