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LUN, 21 SEPT 2026
Entretenimiento

Iván Ramírez deja la peluca y se sube al escenario como lo que es: un cantante que no sabe si le sale

El humorista que vive de copiar a otros ahora se anima a cantar con voz propia en el programa de Guido Kaczka. Spoiler: él mismo dice que no se anima del todo.

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Inés MaldonadoCultura y espectáculos · 21 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Acá tenemos a un señor que durante años se ganó el pan haciéndose pasar por otros. Y ahora, porque la vida es caprichosa, se planta en un escenario con su propia cara y su propia garganta. Iván Ramírez, el de las pelucas y las prótesis, se metió en Es mi sueño, el programa de Guido Kaczka, y aceptó el papel más raro que le ofrecieron en su carrera: el de concursante. Cantante concursante. Sin clonar a nadie. Crudo.

La propuesta que lo descolocó

Ramírez venía de trabajar con Kaczka cuando tenía 17 años, en Hacelo feliz, donde ya había imitado a Dread Mar-I. Así que cuando lo llamaron esta vez, imaginó que querían sumarlo al humor del ciclo. Se equivocó. "Lo primero que pensé es: no sé cantar con mi voz", contó, todavía medio sorprendido por el volantazo. Lo que le ofrecieron no era hacer reír con un personaje ajeno, sino exponerse él, en directo, sin disfraz.

Igual, no es tan improvisado como parece. El humorista lleva años tomando clases de canto, y ahora ensaya con el equipo de entrenamiento vocal del concurso. Un detalle para tener en cuenta: alguien que se pasa el día cambiando la voz para ser Lía Crucet, un DT o una figura animada necesita tener la técnica aceitada, porque esos malabarismos pasan factura. Por eso el cuidado técnico, en su caso, no es un gusto: es una urgencia.

Lo que hace además (no es poco)

  • Forma parte de Viralizados, el ciclo que viraliza personajes en redes.
  • Estrenó Iván y vienen, una apuesta de streaming propia.
  • Le ofrecieron llevar un unipersonal a Mar del Plata, aunque todavía no confirmó fecha ni temporada.
  • Sigue haciendo shows en eventos con su repertorio habitual de imitaciones.

Porque las imitaciones, ojo, no se jubilan. Ramírez calcula que tiene más de 150 personajes guardados en la galera: cantantes, deportistas, dibujitos animados, lo que venga. El método es obsesivo: arranca estudiando cómo piensa el personaje, qué le interesa y cómo se mueve; después le arma la voz y los gestos; y recien al final, peluca, maquillaje y ropa. Por eso cada imitación es una mini obra de ingeniería. Poner una prótesis lleva mínimo cuatro horas; sacarse el maquillaje, otras dos. Y los peluquines son de pelo natural, fabricado por un equipo que también le cose la ropa de cada uno. Para que después digan que esto es solo disfraz.

Una historia que arrancó en un cumple

Si uno busca el origen de todo esto, lo encuentra en una mesa dulce. A los 14 años, Ramírez se animó a hacer de Lía Crucet en el cumpleaños de una amiga, con un vestido que le había cosido su bisabuela. Aquel debut amateur le salió tan bien que le llovieron tres contratos para otros eventos. Suena a película, pero es así de simple: de ahí en más, nunca paró.

Ahora, en Es mi sueño, el truco es justamente no hacer trucos. Salir a cantar siendo uno mismo, en un medio donde lo conocen por ser muchos otros, tiene su riesgo. Pero Ramírez ya avisó que está disfrutando el vértigo. Si le sale bien, suma un registro nuevo a un repertorio que, dicen los que lo vieron, ya le quedaba chico.

Mi recomendación, que vale lo que vale: mírenlo aunque no les interesen los realities. Solo el experimento de sacar a un imitador de su zona de confort y dejarlo a cara lavada frente al micrófono ya justifica el zapping. Y si cantan Tan, como en el videoclip del cumple con la bisabuela, mejor.

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Inés MaldonadoCultura y espectáculos

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