Florencia Tellado, la sombrerera que le tomó el gusto a la ficción y terminó vistiendo a Moria
Vive en Palermo, viene de la publicidad y lleva dos décadas entre maniquíes y fieltros. Cuenta cómo armó el guardarropas de la serie de Griselda Siciliani, qué aprendió en Londres y por qué sueña con vestir a Lady Gaga.
Llegué al taller de Florencia Tellado una mañana de sol tibio, en pleno Palermo, y la encontré ordenando percheros con la misma paciencia con la que acomodaría una valija antes de un viaje largo. El loft de Matienzo todavía huele a nuevo: tiene ciento cuarenta y cinco metros cuadrados, ventanales altos y una luz que ella aprovecha para revisar cada costura. Ahí, en ese rectángulo recién inaugurado, esta mujer de cuarenta y tres años me recibió para repasar el trabajo más ambicioso de su carrera: el vestuario de la serie biográfica de Moria Casán, cuya protagonista en la ficción es Griselda Siciliani.
La propuesta le llegó de una manera tan informal como cinematográfica: por un audio de WhatsApp, en medio del ruido de un cumpleaños infantil. Un director audiovisual al que conocía del mundo de la publicidad le escribió para preguntarle si quería hacerse cargo del vestuario de la ficción. Ella venía de más de dos décadas trabajando en publicidad y producción audiovisual, pero nunca había pisado un rodaje de serie. Aceptó igual. Y lo que arrancó como un salto al vacío terminó siendo un proceso de siete meses, desde julio del 2025 hasta febrero del 2026, con un equipo chico y decisiones grandes.
Un archivo mental llamado Moria
La serie recorre la vida entera de Moria Casán sin orden cronológico, lo que obligó a Tellado a armar algo parecido a un diccionario visual: un universo de prendas que reconociera cada etapa de la diva sin romper la coherencia del conjunto. Lo explica mientras acomoda una chaqueta con volados sobre el respaldo de una silla: "Lo único que tenía en la cabeza era a Moria. Pensaba cómo representarla siendo fiel a su estilo tan único". La premisa, dice, fue identificar rápido qué pertenecía al mundo de Moria y qué no. "Tiene un estilo muy definido. En los colores, los estampados, sabés cuáles son Moria y cuáles no", completa.
- Las prendas más importantes se hicieron a medida para cada actriz, con prueba, ajuste y re-prueba.
- El resto del guardarropas se alquiló, se compró o se reformuló según la escena.
- Mucho del material vintage salió de ferias americanas, rastreadas durante meses de producción.
- Sólo hubo una reunión presencial con La One, y sirvió para definir el pulso general del personaje.
En esas ferias, entre percheros despintados y ofertas improbables, Tellado se entrenó para leer qué servía y qué sobraba. El método, aclara, no difiere tanto del que aplica en cualquier campaña publicitaria: mirar mucho, descartar rápido, animarse a interveni.
“Un error mínimo arruina el resultado final. En Londres aprendí la disciplina del silencio y la precisión, porque cuando hacés un sombrero cualquier desprolijidad se nota.”Florencia Tellado, sobre su formación como milliner
Esa formación, justamente, es el otro hilo que recorre su biografía profesional. Lleva años trabajando como diseñadora de sombreros, una disciplina que aprendió con tres maestros: Hilda Juárez, sombrerera del Teatro Colón; Laura Noetinger, elegida por la reina Máxima de Holanda; y la londinense Noel Stewart, autora de piezas para Givenchy, Valentino, Mulberry y Roland Mouret. De esa etapa rescata una ética de trabajo que ahora aplica a cada proyecto, sea un comercial o una serie.
El currículu reciente incluye, entre otros, el sombrero que Paco Amoroso usó en su presentación para el Tiny Desk y pedidos que le llegaron por Instagram desde afuera, como los de la producción de Marilyn Manson. Pero el nombre propio que más repite estos días es el de Moria Casán. Y, claro, el de Griselda Siciliani, que tuvo que cargar en el cuerpo la responsabilidad de parecerse sin ser. Cuando le pregunto cómo fue la única reunión presencial con La One, sonríe: breve, cordial, definitoria. Una sola tarde para tantear el pulso de la mujer a la que iban a vestir durante ocho episodios.
Antes de irme, mientras me muestra una mesa llena de moldes y recortes de fieltro, le pregunto qué la mueve ahora, ya con el taller propio abierto en Palermo. La respuesta sale rápido, casi como un suspiro: vestir a Lady Gaga. Lo dice con la misma mezcla de cálculo y fanatismo con la que eligió las telas para Moria: sabiendo que, en este oficio, las oportunidades grandes suelen caer en audios de WhatsApp y en ferias que parecen no tener nada, hasta que alguien con ojo entrenado las encuentra. Y ahí, en ese instante, vuelvo a pensar en la escena del principio: una mañana de sol tibio, un loft nuevo y una mujer que, después de dos décadas, todavía se emociona cuando le encargan algo que la obliga a aprender de cero.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Grupo Noticias 365