El filme que mejor entiende a las amigas de la secundaria llega desde Manila
DreamWorks se anima con una road movie animada que huele a fish ball, a ñoquis de la abuela y a fin de etapa
Hay una edad donde las mejores películas animadas dejan de ser las de princesas y empiezan a ser las de amigas que se quieren como hermanas y se pelean como cuñadas. Ahí apunta esta "La isla olvidada", que DreamWorks estrenó hace poco y que tiene a dos pibas filipinas como heroínas. La dirige un tándem curioso: Joel Crawford, un viejo conocido del estudio, y Januel Mercado, un nombre local que le pone la sal y el azúcar al relato.
(Dato que no es menor: en general, cuando una superproducción animada se anima a viajar a Asia, termina en China o Japón. Que elijan Filipinas ya es un guiño, y se nota en los detalles.)
La historia arranca con lo de siempre: dos amigas inseparables que un día, por esas cosas de la vida adulta que aparecen antes de tiempo, tienen que separarse. Raissa y Jo se conocen desde la infancia, comparten recuerdos como quien comparte auriculares en el colectivo, y de pronto los recuerdos se vuelven el único lugar donde seguir juntas. Ese viaje interior se traduce en mundos fantásticos, personajes insólitos, una villana bastante molesta y, sobre todo, muchos gags de humor físico bien resueltos, con movimientos de cámara que parecen pensados para pantallas chicas, pero también para llenar las salas.
Un envoltorio colorido con las costuras a la vista
El filme alterna animación de distintos estilos y se permite guiños ochentosos que van a hacer sonreír a más de un padre o madre sentado al lado del pibe. La estética es llamativa, casi un gollerío visual, pero el ritmo es tan vertiginoso que a veces cuesta respirar. Los mundos por los que pasan las protagonistas funcionan como piezas sueltas: cada uno tiene su gracia, aunque no siempre terminan de cerrar entre sí.
Lo mejor, sin embargo, está en el vínculo entre Raissa y Jo. La película se toma su tiempo para mostrar que la amistad adolescente no es solo selfies y pochoclo: también implica separación, traumas arrastrados y la necesidad de seguir construyendo identidad mientras el otro crece en otra dirección. Los personajes tienen aristas, no son héroes de molde, y eso se agradece. El tramo final, más emotivo que el resto, les devuelve a las protagonistas algo de la intimidad que el exceso de aventura les venía robando.
Para quién funciona
- Para familias con pibes de entre 8 y 14 años, que se enganchan con la acción.
- Para adultos que quieran ver una historia de amistad sincera sin que les expliquen todo con un PowerPoint emocional.
- Para fans de DreamWorks que extrañan el humor físico de las viejas entregas, con la onda actual de "Intensa-Mente" o "Wish".
- Para cualquiera que haya llorado alguna vez en una estación de ómnibus despidiendo a un amigo.
Recomendación corta: si te tienta el plan, andá. No es la mejor película animada del año, pero tiene corazón filipino, escenas para recordar y un mensaje sobre la amistad que, lejos de ser ñoño, se gana a pulso. Y eso, en un mercado saturado de propuestas vacías, ya vale la entrada.
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