Cuando la imagen es falsa pero la herida es real: el caso de las alumnas de Lomas de Zamora
Cuatro adolescentes son investigados por crear y distribuir material sexual manipulado con inteligencia artificial. Las víctimas, pese a saber que las fotos no son reales, hablan de vergüenza, miedo y angustia.
La vi llegar al colegio con la mochila cargada sobre el pecho, como protegiéndose. Era una mañana cualquiera en Lomas de Zamora y, sin embargo, nada era normal. Ahí adelante, rodeado de madres y de chicas con cartulinas escritas a mano, un grupo de alumnas protagonizaba una protesta que condensaba una de las discusiones más urgentes que atraviesan hoy a las escuelas secundarias del conurbano bonaerense: el daño que producen las imágenes sexuales falsas generadas con inteligencia artificial, incluso cuando todos saben que las fotos no son reales. Yo había viajado hasta esa institución precisamente para entender cómo se vive, desde adentro, un caso que lleva varios días la Justicia que investiga a cuatro menores y que ya derivó en allanamientos.
Una frase que resume la paradoja
“Aunque sé que es falso, me dio vergüenza.”Una de las adolescentes afectadas
Esa frase, dicha por una de las alumnas afectadas, es la que mejor describe el corazón del fenómeno. Porque el caso que sacudió a este colegio secundario de Lomas de Zamora expone una paradoja que cuesta digerir: que la falsedad técnica de una imagen no alcanza para neutralizar el daño emocional que provoca en quien aparece en ella. Las víctimas relataron sentimientos de asco, vergüenza y miedo ante la posibilidad de no saber hasta dónde llegaron esas imágenes. Una de ellas contó que tardó en hablarles a sus padres porque no quería que la vieran de ese modo, aun sabiendo que el material estaba manipulado. Otra, todavía con la voz un poco temblorosa, resumió lo que siente cualquier chica en esa situación: creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo.
La causa, según pudo saberse, tramita como producción y distribución de material de abuso sexual infantil, conocida por sus siglas como MASI. La investigación apunta a cuatro menores que, siempre según lo que se difundió hasta ahora, habrían producido y distribuido imágenes sexuales falsas de sus propias compañeras a partir de fotografías tomadas de perfiles públicos en redes sociales. Ese detalle no es menor: las fotos originales eran accesibles para cualquiera, lo que deja al descubierto un riesgo concreto del material que los adolescentes comparten en línea casi sin pensarlo. Las imágenes manipuladas circulaban en chats y grupos digitales, con indicios firmes de que también se filtraron a plataformas de mensajería, lo que multiplicó la sensación de vulnerabilidad entre las afectadas.
La escuela, entre la respuesta tardía y el aprendizaje
Las alumnas afectadas relataron que acudieron al colegio apenas descubrieron lo que estaba pasando, pero sintieron que la respuesta institucional fue tardía e insuficiente. Recién más adelante las autoridades organizaron jornadas de diálogo con los cursos y dispusieron que los menores investigados pasen a la modalidad a distancia. La Justicia también ordenó el cese de hostigamiento y pidió medidas para impedir cualquier tipo de contacto entre las partes. Esa secuencia, que va del grito de las chicas a la decisión administrativa de los directivos, dejó una marca: la sensación compartida de que, cuando el problema aparece, la escuela suele llegar tarde. Lo reconocieron en voz baja varias madres que participaron de la protesta que convocó a estudiantes de distintos cursos y a sus familias frente al establecimiento. Los videos de la manifestación se viralizaron en redes y, desde entonces, aparecieron testimonios de jóvenes de otros colegios que dijeron haber atravesado lo mismo.
Preguntas que ya no pueden esperar
- Qué hacer si un adolescente descubre que hay imágenes suyas manipuladas circulando en grupos de mensajería o en redes sociales, y a quién corresponde hacer la denuncia.
- Cómo acompañar a una víctima cuando la manipulación es evidente pero el daño emocional, igual de real, suele subestimarse por adultos y hasta por las propias víctimas, en muchos casos recién adolescentes.
- De qué manera se preserva la prueba digital de estas imágenes para que la Justicia pueda avanzar en una investigación que suele moverse rápido y, al mismo tiempo, con recaudos propios del expediente.
- Por qué las fotos que se suben a perfiles públicos se convierten, sin que nadie lo advierta, en materia prima de un contenido que la víctima nunca autorizó y que, pese a ser falso, la expone como si fuera auténtico.
- Qué herramientas concretas pueden usar hoy familias y equipos de orientación para detectar a tiempo la circulación de material generado con inteligencia artificial y para actuar antes de que el caso escale.
Cuando me retiré del colegio, la chica que había llegado con la mochila apretada contra el pecho ya estaba hablando con otras compañeras, las dos abrazadas, las dos con los ojos húmedos. La escena del principio volvía a aparecer, apenas un par de horas después, con otra luz: ya no era la de la llegada sino la de una conversación que recién empezaba. Me fui pensando que la discusión de fondo excede a Lomas de Zamora, a ese establecimiento y a esas familias, y que lo que se rompió ahí adentro puede pasar, con distintos nombres y edades, en cualquier aula del conurbano. Las imágenes eran falsas. La angustia, en cambio, fue absolutamente real.
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