Cuando el cuerpo avisa: las cuatro señales que pueden delatar un coágulo y por qué no conviene dejarlas pasar
Dolor, hinchazón, cambios de color y calor en una pierna pueden ser la antesala de una trombosis. Un cardiólogo preventivo advierte que reconocer esos indicios a tiempo suele ser la diferencia entre una consulta y una emergencia.
El caso llegó a la consulta de una manera que todavía me cuesta olvidar. Una mujer de 52 años, a la que llamaremos Marcela para preservar su identidad, se presentó con la pantorrilla izquierda hinchada y un dolor que describió como un calambre que no se iba. Atribuyó todo a una mala postura en el viaje de regreso desde la costa y pasó tres días en su casa, con la pierna apoyada en una almohada y hielo. Cuando por fin aceptó que algo no andaba bien y se acercó al consultorio del cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco, el panorama había cambiado: el coágulo que se había formado en la vena profunda de su pierna ya estaba en camino al pulmón. La salvaron, pero por muy poco.
Cuatro indicios que el cuerpo suele dar antes de que todo se complique
- Dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o el muslo, que aparece sin un golpe que lo explique.
- Hinchazón en la zona afectada, muchas veces notoria al comparar con la otra pierna.
- Cambio de color en la piel, que se ve más roja, azulada o más oscura de lo habitual.
- Sensación de calor localizada, perceptible incluso al tacto.
Lo Monaco, a quien consulté para esta nota mientras recorría los pasillos del centro médico donde trabaja desde hace más de dos décadas, fue claro al respecto: ninguno de esos cuatro indicios confirma por sí solo la presencia de un coágulo, pero todos justifican una consulta médica inmediata para descartarlo. Son señales que el cuerpo lanza cuando algo en el sistema circulatorio no está funcionando como debería, y atenderlas a tiempo puede transformar un susto en un cuadro tratable con anticoagulantes.
El problema central que describe el especialista es la tromboembolia venosa, una condición que se origina cuando un coágulo se forma dentro de una vena profunda, casi siempre en las piernas. Hasta ahí, el cuadro puede ser molesto pero manejable. Lo que vuelve potencialmente mortal a la afección es que ese trombo se desprenda y viaje hasta los pulmones, donde puede provocar una embolia pulmonar. En ese escenario cambian las reglas: dificultad para respirar de golpe, dolor en el pecho que se intensifica al inhalar, tos con sangre o desmayo son motivos para llamar a emergencias sin perder un minuto. La diferencia entre hacerlo y no hacerlo, según lo que me señaló el cardiólogo, se mide en horas y a veces en vidas.
La pregunta que sobrevuela la consulta es por qué a algunas personas les toca y a otras no. Lo Monaco identificó un puñado de factores que inclinan la balanza hacia el lado equivocado. Haber tenido un coágulo previamente es uno de los más determinantes, porque el cuerpo ya demostró que en algún escenario su sistema de coagulación se desbocó. También pesan los antecedentes familiares y las llamadas trombofilias, condiciones hereditarias que predisponen a la coagulación excesiva, así como el tabaquismo, los períodos largos sin moverse (después de una cirugía, en vuelos extensos, en la convalecencia de una fractura) y enfermedades crónicas como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer.
En la vida de las mujeres hay tres etapas donde el riesgo sube de manera particularmente marcada, y la nota no estaría completa si las dejara afuera. El primero son los anticonceptivos hormonales con estrógeno: para la inmensa mayoría el riesgo es bajo, pero existe y conviene tenerlo presente al momento de elegir un método, sobre todo si hay otros factores sumados. El segundo es el embarazo y el posparto, un período en el que el propio cuerpo activa mecanismos para evitar hemorragias durante el parto y eso, paradójicamente, favorece la coagulación. El tercero es la terapia hormonal que muchas mujeres utilizan para aliviar los síntomas de la menopausia, en particular cuando incluye estrógeno. En los tres casos, la recomendación de Lo Monaco es la misma: conversar cada decisión con el profesional de cabecera, porque el riesgo cambia según la historia clínica de cada paciente.
“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo
Salí del consultorio con la imagen de Marcela todavía en la cabeza. Esa pierna hinchada que ella insistía en atribuir al viaje, esos tres días de espera que casi le cuestan la vida. Hablo seguido con Lo Monaco y la sensación que me queda es que la trombosis es una de esas enfermedades que se pueden prevenir cuando se conocen los propios factores, y eso depende casi exclusivamente de hacerse las preguntas correctas antes de que el cuerpo empiece a gritar. Quienes tienen antecedentes personales o familiares de problemas de coagulación son quienes más necesitan sentarse a charlar con un especialista, mapear sus riesgos y diseñar con él una estrategia que les permita atravesar cirugías, embarazos, menopausia o largas jornadas de oficina sin pagar el precio de un coágulo inesperado.
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