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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando el agua se vuelve consultorio: la terapia que cambia la forma en que el cuerpo se mueve

Piletas de poca profundidad, fisioterapeutas con planilla en mano y una premisa que suena casi contradictoria: rehabilitarse flotando. La hidroterapia gana terreno en clínicas y centros de salud para tratar desde rodillas operadas hasta Parkinson, siempre como complemento del tratamiento médico.

RK
Renata KowalskiSociedad · · lectura 2 min
Cuando el agua se vuelve consultorio: la terapia que cambia la forma en que el cuerpo se mueve

El termómetro del agua marca treinta y dos grados y la fisioterapeuta revisa la planilla antes de que el primer paciente baje por la escalerilla. Lo que pasa adentro de esa pileta no se parece a una clase de natación ni a un rato de esparcimiento: es una sesión clínica con chalecos, tablas y ejercicios medidos al milímetro. Eso, justamente, es la terapia acuática: rehabilitación con todas las letras, pero con el cuerpo sumergido hasta la cintura o el pecho.

Para entender por qué se indica cada vez con más frecuencia, conviene empezar por lo que el agua le hace al cuerpo. La flotabilidad reduce el peso que soportan las articulaciones: con el agua a la altura de la cintura, una persona carga aproximadamente la mitad de su peso corporal. La resistencia del líquido trabaja la musculatura sin necesidad de pesas, la presión hidrostática ayuda a deshinchar tejidos blandos y la temperatura tibia relaja los músculos. El resultado es un entorno donde resulta más fácil moverse cuando hacerlo en tierra duele o cuesta.

Una sesión, paso a paso

No hace falta saber nadar ni estar en forma. Las sesiones arrancan con una evaluación individual y se diseñan a medida: movilidad articular, ejercicios de brazos y piernas, equilibrio y práctica de marcha. La idea, como describió la fisioterapeuta Jenea Smith, de la Universidad de Missouri, es trabajar como en una fisioterapia clásica, pero con el aporte de la ingravidez: fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio en el agua para después trasladar esos logros a la vida fuera de la pileta.

  • Patologías articulares: artritis, osteoartritis, lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar.
  • Dolor crónico y cuadros como fibromialgia, hernias discales y estenosis espinal.
  • Recuperación previa y posterior a cirugías ortopédicas.
  • Condiciones neurológicas: enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple y secuelas de accidente cerebrovascular, donde el agua permite practicar coordinación y marcha con menor riesgo de caídas.

Los programas suelen armarse en ciclos de entre dos y ocho sesiones, con frecuencia variable según el cuadro y la respuesta de cada paciente. En todos los casos, aclaran los especialistas, la terapia acuática funciona como complemento del tratamiento médico, no como reemplazo.

Una puerta de entrada menos hostigada

Para quien llega con dolor de rodilla o con la marcha todavía desconfiada después de un ACV, la diferencia se nota rápido: pisar dentro del agua duele menos, caerse resulta más difícil y la frustración cede un poco. En la pileta que visité, una paciente de 58 años me contaba entre ejercicios que volver a caminar sin miedo fue el primer paso para animarse a otras cosas. Esa escena, que parecía menor al principio, terminó siendo la postal que resume de qué se trata esta terapia: usar un medio que parece un recreo para devolverle al cuerpo movimientos que la vida diaria le había empezado a negar.

RK

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