Costa Rica afina su estrategia para captar al turista argentino y consolida una temporada con cifras en alza
El país centroamericano recibió cerca de 37.000 visitantes argentinos en el último año y proyecta un crecimiento del 6,7 por ciento en la temporada actual, sostenido por una oferta de naturaleza, aventura y bienestar con conectividad aérea desde cuatro ciudades del país.
El Instituto Costarricense de Turismo (ICT) difundió en los últimos meses un paquete de cifras que reflejan un movimiento que los operadores del sector vienen percibiendo desde principios de año: el flujo de visitantes argentinos hacia el país centroamericano mantiene una tendencia ascendente. Según los datos oficiales, cerca de 37.000 turistas argentinos llegaron a Costa Rica en el último año, mientras que la temporada actual acumula un incremento del 6,7 por ciento respecto del período anterior. El dato no es menor para una cartera que busca diversificar mercados en un escenario regional cada vez más competitivo.
Hace seis meses, cuando el ICT presentó su plan de promoción internacional para 2024, el subgerente del organismo, Víctor Hugo Quesada, había anticipado que el trabajo con mercados sudamericanos iba a ser una de las prioridades de gestión, en línea con la recuperación post pandemia y con la necesidad de reducir la dependencia del turista norteamericano. La estrategia apuntaba a consolidar la conectividad aérea, robustecer la oferta de experiencias en áreas protegidas y profundizar la certificación de sostenibilidad en los establecimientos turísticos. Los números que ahora se conocieron indican que esa línea de trabajo comenzó a dar resultados concretos en el segmento argentino.
¿Qué tiene Costa Rica que la convierte en un destino tan buscado por los argentinos?
Con poco más de cinco veces la superficie de la provincia de Buenos Aires, Costa Rica concentra una biodiversidad que incluye más de 900 especies de aves y una fauna silvestre accesible desde distintos puntos del territorio. Más del 25 por ciento del país está bajo regímenes de protección, entre parques nacionales y reservas, lo que organiza la visita en torno a entornos poco alterados. El país ofrece selva, volcanes, playas en dos océanos y un sistema de áreas protegidas que cubre más del 25 por ciento de su territorio, una proporción poco frecuente a escala global.
- Puentes colgantes entre las copas de los árboles, caminatas guiadas, rafting, canopy y avistaje de fauna sin requisitos de experiencia previa, en distintos niveles de exigencia física.
- El volcán Arenal y su entorno de selva y aguas termales, que concentran parte importante de la demanda por su accesibilidad y por la combinación de aventura y relax.
- Las costas sobre el Pacífico y el Caribe, con playas de aguas cálidas aptas para surf, buceo o descanso, que permiten complementar la visita de interior con jornadas de playa.
- Retiros de yoga, termas, gastronomía con productos locales y alojamientos integrados al entorno natural, en el marco de un turismo de bienestar que creció en paralelo a la oferta de aventura.
¿Cómo se traduce la sostenibilidad en la experiencia concreta del visitante?
El discurso de la sostenibilidad suele quedarse en folletería. El ICT, sin embargo, asegura que la certificación de sus establecimientos involucra al turista en prácticas concretas durante la estadía. Quesada lo explicó con un ejemplo doméstico: "La empresa tiene que hacer efectivo dentro de ese proceso de certificación cómo integrar al cliente dentro del proceso de funcionamiento del establecimiento. ¿Cómo es que el cliente participa en un ahorro del agua, desde preguntarle si quiere que le cambien las toallas todos los días o puede ser día por medio?" La pregunta, lejos de ser retórica, expone el mecanismo: el visitante deja de ser un consumidor pasivo y pasa a tomar decisiones cotidianas que impactan en el consumo de recursos del establecimiento.
“No solo consumís un producto turístico, es que te estás transformando porque estás participando directamente en un programa de sostenibilidad.”Víctor Hugo Quesada, subgerente del Instituto Costarricense de Turismo
La frase es ambiciosa y pone el foco en un punto que excede al ocio: la experiencia turística como instancia formativa. Según Quesada, los hábitos que el viajero adopta durante la estadía tienden a replicarse después del regreso, lo que convierte al viaje en un vector de prácticas ambientales. Si la afirmación se verifica en el comportamiento real de los turistas, el mecanismo tiene un potencial de difusión que ninguna campaña publicitaria podría igualar. Si queda en el plano declarativo, será una más entre tantas promesas de la industria global.
¿Cuál es la llave de acceso aérea para el turista argentino?
La conectividad desde la Argentina aparece como uno de los factores centrales de la suba de visitantes. La compañía Copa Airlines opera salidas regulares desde Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Salta hacia San José, lo que descomprime la dependencia de un único punto de salida. Avianca y Latam cubren la ruta con conexión en Bogotá y Lima, respectivamente, y suman opciones para quienes priorizan horarios o tarifas. La presencia de tres líneas con operaciones sostenidas durante todo el año facilita la planificación y reduce la estacionalidad, un dato relevante en un destino que, según Evelyn Figueroa, directora de Mercadeo del ICT, funciona los doce meses: el período de mayo a octubre, con excepción de julio, presenta menor afluencia y, en general, precios más bajos.
El cuadro que dibujan las cifras y el relato de los funcionarios costarricenses es el de un destino que combina tres atributos cada vez más buscados por el viajero argentino de entre 40 y 60 años: naturaleza con servicios organizados, aventura con distintos grados de exigencia y bienestar en un entorno distinto al de la oferta regional tradicional. El crecimiento del 6,7 por ciento en la temporada es un indicador temprano, pero el dato de fondo es estructural. Costa Rica dejó de ser una promesa exótica y se convirtió en un producto turístico con frecuencia aérea, certificación ambiental y discurso de sostenibilidad que, al menos en el papel, se propone transformar al visitante antes de que regrese a su casa.
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