Comprar con inteligencia artificial: tres de cada diez argentinos ya se imaginan delegando toda la operación
Un informe de Bain & Company muestra que la asistencia gana terreno antes que el piloto automático. La cosmética aparece como la categoría más permeable y los alimentos, la más reacia.
¿Le soltarías la billetera a una inteligencia artificial para que haga las compras por vos? No es una hipótesis lejana: el 30% de los consumidores argentinos asegura que está dispuesto a entregar todo el proceso a un sistema automatizado, según el informe Consumer Pulse de Bain & Company. La cifra no mide lo que ya ocurre, sino la intención, y deja ver una puerta que empieza a abrirse de par en par.
Antes de llegar a esa decisión extrema, la IA ya se metió en la vida diaria de los argentinos: el 72% la usa de alguna forma y la búsqueda de información trepa al 55%, según el mismo relevamiento. Dentro del proceso de compra, la asistencia gana terreno de manera escalonada. El 41% confía en estas herramientas para investigar servicios y precios, el 36% las acepta para recibir ayuda y elegir productos, y el 27% las utiliza concretamente mientras compra. Son tres niveles distintos de delegación, medidos con precisión por Bain: el primero es pedirle que investigue, el segundo es pedirle que sugiera y el tercero es dejar que elija.
Qué se compra con ayuda y qué no
El informe describe diferencias claras según la categoría. La cosmética aparece como el terreno más fértil para la intervención de los llamados agentes de IA, esos programas que comparan opciones por cuenta del usuario. Piel, cremas y maquillaje se benefician de una investigación previa exhaustiva, donde la información objetiva y las reseñas verificables pesan más que el impulso.
Los artículos de limpieza del hogar, en cambio, se inclinan hacia un avance más ligado al precio y la eficiencia, según el análisis de Bain. La idea es simple: si lo que buscás es el detergente más barato o el papel higiénico con mejor relación cantidad-precio, la IA puede ahorrarte una tarde de comparar marcas.
Los alimentos envasados quedan en el último vagón. Acá mandan las preferencias personales, las marcas de siempre y hasta ese queso cremoso que no cambiás por nada. El informe prevé una adopción gradual, acompañada por herramientas de planificación que armen listas y ordenen el súper, pero sin meterse todavía en el carrito.
Quién decide al final
La línea roja está en quién aprieta el botón de comprar. Bain & Company lo llama comercio agéntico y lo define como el esquema en el que un programa elige y paga por cuenta del usuario, mientras la persona pasa a supervisar un proceso que antes exigía recorrer catálogos, comparar alternativas y revisar reseñas una por una.
Para el corto plazo, la proyección de Bain combina ambos mundos: los agentes participarían en el descubrimiento y la selección, y los comercios conservarían el cobro y la entrega. Es decir, la IA haría el trabajo pesado de investigar, pero la transacción final seguiría pasando por la tienda o el marketplace. Para el usuario común, el cambio concreto es que la próxima vez que busques una crema hidratante o el mejor precio en artículos de limpieza, termines pidiéndole ayuda a un asistente virtual antes de abrir la página del local.
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