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MAR, 22 SEPT 2026
Vida

Cafeína en adolescentes: especialistas de Yale alertan que puede empeorar el cansancio en lugar de aliviarlo

Dificultades para dormir, temblores y nerviosismo figuran entre las señales a las que conviene prestar atención. Recomendaron evitar las bebidas energéticas y revisar los horarios de consumo.

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Renata KowalskiSociedad · 22 DE SEPT DE 2026 · lectura 5 min

Lo que empezó como una nota sobre un tema de salud derivó, mientras la iba escribiendo, en una reflexión que me costó poner en palabras. Lo confieso porque creo que vale la pena contarlo de entrada: cuando uno se cruza con la advertencia de que algo tan instalado en la rutina diaria puede estar haciéndonos un favor exactamente al revés, lo mínimo es hacerse cargo. Eso es lo que acaba de ocurrir con la cafeína y los adolescentes, según un grupo de especialistas de la Universidad de Yale, que vienen estudiando hace rato cómo afecta a los más jóvenes un consumo que muchas veces parece inofensivo. Y la verdad es que el cuadro, mirado de cerca, preocupa más de lo que uno imagina.

Señales para mirar con atención

La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de Yale, fue bastante clara al describir el escenario. Cuando un adolescente tiene dificultades para dormir, está nervioso o presenta temblores, conviene prestar atención a la cafeína que consume. Esas señales, sumadas a una caída del desempeño escolar, pueden servir como punto de partida para una conversación familiar sobre los hábitos del pibe. Y no se queda ahí la cosa: según la especialista, un exceso también puede provocar palpitaciones, molestias digestivas, inquietud y ansiedad. Son manifestaciones que a veces se leen como "nervios de la edad" o como "estrés de la escuela", y resulta que pueden tener un disparador bastante más concreto.

No todo está en el café: dónde se esconde la cafeína

Para reconocer cuánto se ingiere, no alcanza con contar las tazas de café. La cafeína también aparece en bebidas energéticas, gaseosas, chocolate, chicles y sobres saborizados. Estos últimos pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad, un rango que no es menor. Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale, explicó que los sabores dulces y frutales disimulan el amargor y terminan favoreciendo que los jóvenes los prueben, casi sin darse cuenta de lo que están consumiendo. Lo dijo con una frase que me dejó pensando: el packaging y el gusto agradable hacen todo el trabajo sucio.

  • Bebidas energéticas: la fuente más concentrada y la que los especialistas piden directamente sacar de la alimentación de niños y adolescentes.
  • Gaseosas de cola y otras con cafeína añadida: aparecen mezcladas en el consumo diario y suman sin que se note.
  • Chocolate y golosinas con cacao: aportan dosis menores, pero se acumulan a lo largo del día.
  • Chicles con cafeína: fáciles de consumir en cantidad y prácticamente invisibles en el conteo diario.
  • Sobres saborizados en polvo: pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad, con sabores que disimulan su contenido.

El horario pesa más de lo que parece

El horario de consumo también importa y mucho. Agrawal explicó que la cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de tomarla. Entre cinco y seis horas más tarde, todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de la cantidad ingerida. Por eso, la recomendación concreta es evitarla después de las 13 o las 14, según el horario habitual de descanso de cada pibe. No es un capricho: es aritmética pura. Si un chico toma algo con cafeína a las cuatro de la tarde, a las nueve o diez de la noche todavía tiene la mitad dando vueltas por el cuerpo. Y eso, multiplicado por semanas y meses, termina pesando.

Ese efecto se combina con un cambio propio de la adolescencia: el reloj biológico desplaza el sueño hacia horarios más tardíos y hace más difícil levantarse temprano. Si el cansancio lleva a buscar un estimulante para aguantar el día, el alivio transitorio puede terminar retrasando otra vez el descanso nocturno y aumentando el agotamiento al día siguiente. Es, como se dice vulgarmente, una trampa que se arma sola.

Lo que sirve para un adulto no siempre sirve para un adolescente

Acá viene otro punto clave que los especialistas remarcan: las recomendaciones para adultos no deben trasladarse a los menores. Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale, recomendó directamente evitar la cafeína antes de los 18 años y excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes. La propia Agrawal agregó que los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades menores que los adultos. El cuerpo en formación no procesa las mismas dosis de la misma manera, y la diferencia no es menor.

Videojuegos, pantallas y la hora de dormir

Revisar las rutinas nocturnas aparece como otra parte del cuidado. Park explicó que el consumo durante los videojuegos puede responder tanto al deseo genuino de mantenerse despierto como a una costumbre compartida con otros jugadores, algo que muchos padres y madresintuyen pero no siempre dimensionan. La luz de las pantallas, además, reduce la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, y termina de cerrar el círculo: por un lado se estimula el cuerpo con cafeína, por el otro se le quita la herramienta natural para dormirse. El resultado es un pibe más despierto de noche y más agotado durante el día, que probablemente vuelva a buscar otro estimulante para compensar.

Vuelvo al principio, a esa sensación que tuve mientras escribía: lo que parecía una nota técnica terminó convirtiéndose en un recordatorio de que a veces las soluciones rápidas para el cansancio son justamente las que lo están agrandando. Los especialistas de Yale no están contra el café ni contra un chocolate a media tarde. Están pidiendo algo más simple y a la vez más difícil: mirar las señales, conversar sin dar por sentado que "ya duerme mal porque es adolescente" y, sobre todo, entender que en la mesa familiar a veces se mezclan hábitos que no se habían contado ni siquiera entre los que viven bajo el mismo techo. La conversación incómoda, en este caso, puede ser la mejor inversión que una familia haga en el descanso de los pibes.

RK

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